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ISRAelPROFEDELENGUA

Perlas poéticas

"Palabras para Julia", de José Agustín Goytisolo

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Qué tristeza me provoca este hombre y sus versos. El otro día leímos en clase este poema, y no he resistido la tentación de dedicarle también un pequeño espacio en este blog, ahora además que está cerca el aniversario de su muerte. 

El mayor de los Goytisolo, José Agustín (Barcelona, 1928), lo escribió para su hija (publicó el poema en el libro Bajo tolerancia, en 1973), pero es muy probable que la memoria de su propia madre, también de nombre Julia, estuviese presente en la inspiración de los versos. Julia, la madre, murió en un bombardeo de la aviación franquista durante la Guerra Civil cuando él tenía once años, y semejante tragedia, unida a la indiferencia que hacia su primogénito sentía el padre, hizo de José Agustín un chico frágil. Qué versos tan duros esos en los que recuerda: me perseguía siempre / la triste cantinela: / no sirves para nada.

José Agustín siguió con su vida, estudió leyes, se dedicó a la literatura (compañero de generación de Jaime Gil Biedma, José Ángel Valente, Ángel González o José Manuel Caballero Bonald), fue traductor, se relacionó con el entonces clandestino Partido Comunista como reflejo de su compromiso político y social. Pero él resume así su biografía: De tristeza en tristeza / caí por los peldaños / de la vida.

La distancia sideral entre la realidad y el deseo debieron de frustrarlo enormemente. Goytisolo soñaba un mundo al revés:

Érase, una vez,
un lobito bueno,
al que maltrataban
todos los corderos,
y había, también,
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un ladrón honrado.
Todas estas cosas
había, una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

Al cumplir los setenta años afirmó: “Si tuviera que vivir todo lo que he vivido, preferiría no volver a vivirlo”. Un año más tarde, José Agustín se precipitaba por un balcón. La historiografía literaria dice que fue un suicidio; la familia lo niega. Era, curiosamente, el Día del Padre, el 19 de marzo de 1999.

Su muerte dejó huérfana a Julia. Ella, la niña ya mayor, decía que ese poema siempre le resultó duro de leer, y no me extraña, pues imagino en ella una mezcla de orgullo y tristeza difícil de conjuntar. Este es el poema. Un legado de fe y esperanza para su hija, aunque él probablemente ya hubiera perdido ambas desde hacía mucho tiempo. "La vida es bella, tú verás..." Cuesta creer que el mayor de los Goytisolo se creyese de verdad esas palabras, pero probablemente pensó que lo que su hija necesitaría en el futuro no sería un mensaje nihilista sobre el absurdo de la vida, sino unas sencillas palabras de ánimo y esperanza...

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

 

PS. Muy recomendable la lectura del artículo de Atlas de poesía dedicado a José Agustín Goytisolo.

PS II. Muchos grupos han musicado el poema, entre ellos Los Suaves. La versión de Paco Ibáñez sea quizá la más conocida.

"La ciudad", de Kavafis

"La ciudad", de Kavafis

Ya hablé de Konstantinos Kavafis (1863-1933) y de su celebérrimo poema Ítaca en una ocasión, hace más de dos años. Este verano, tratando de empaparme de un poco de cultura griega moderna para mi viaje a las Cícladas, he releído a este poeta griego nacido en Alejandría. Uno de los ciento cincuenta y cuatro poemas que él contempló como definitivos -era un perfeccionista- me llamó especialmente la atención, precisamente porque parecía que me lanzaba una sombría profecía.

Tras pasar un año más complicado de lo habitual en el trabajo, las vacaciones se presentaban como un oasis, y el viaje a Grecia, como la sombra más fresca bajo la palmera más hermosa. ¿Quién puede decir que todo viaje no sea una huida? Como dijo Unamuno, "se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte"... No hace falta ponerse cultureta: coloquialmente, cuando viajamos, solemos hablar de "resetear", de "desconectar", como si fuésemos ordenadores que necesitan un formateo para seguir funcionando con normalidad.

Pero los humanos no somos aparatos electrónicos: un viaje es un paréntesis, una feliz enajenación provisional, pero la realidad es tenaz y siempre acaba atrapándonos. Huir de nuestros demonios resulta, sencillamente, un empeño destinado al fracaso. Esto es lo que Kavafis pretende decirnos en "La ciudad":

Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón,
lo mismo que mis pensamientos, en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
ya la has destruido en toda la tierra.

"A Jarifa, en una orgía", de Espronceda

"A Jarifa, en una orgía", de Espronceda

La curiosidad que despertó en mis alumnos este título tan poco ortodoxo (revisábamos la vida y obra de José de Espronceda (1808-1842), hizo que les propusiera para el día siguiente la lectura de tan orgiástico poema... Yo no lo conocía, y aunque no estará en mi lista de favoritos, creo que merece la pena escribir una pequeña reseña, dado lo fácil que les resultó a los alumnos identificarse con las cuitas del yo lírico...  Una primera lectura silenciosa no les fue suficiente para comprender el poema; tras una lectura expresiva en voz alta por parte de un servidor, con las preceptivas paradas para las pertinentes explicaciones, la cosa resultó mejor. 

Empieza de manera intensa, como podéis ver. El yo lírico -hecho un mar de lava hirviente- busca los labios consoladores de Jarifa, aunque en ellos palpiten los besos de amantes de ayer. Pero, ¿es de Jarifa de quien está enamorado? ¿Una prostituta quizá? La tópica amorosa invita a creer que así es. Pero los siguientes versos están llenos de reproches, de crudo escepticismo respecto al sentimiento amoroso (¿qué la virtud, [...], qué la verdad?). Y a continuación el yo lírico busca anular todos sus recuerdos (Dadme vino: en él se ahoguen mis recuerdos; aturdida sin sentir huya la vida). Finalmente, es a la propia mujer cuyos besos antes buscaba, a la que parece despreciar (Huye, mujer; te detesto). Clama contra ella, y contra todo el género femenino en general (¡Siempre igual! Necias mujeres):

Trae, Jarifa, trae tu mano,
ven y pósala en mi frente,
que en un mar de lava hirviente
mi cabeza siento arder.               
Ven y junta con mis labios 
esos labios que me irritan,
donde aún los besos palpitan
de tus amantes de ayer.

¿Qué la virtud, la pureza?
¿qué la verdad y el cariño? 
Mentida ilusión de niño,
que halagó mi juventud.
Dadme vino: en él se ahoguen
mis recuerdos; aturdida
sin sentir huya la vida;               
paz me traiga el ataúd.

El sudor mi rostro quema,
y en ardiente sangre rojos
brillan inciertos mis ojos,
se me salta el corazón.               
Huye, mujer; te detesto,
siento tu mano en la mía,
y tu mano siento fría,
y tus besos hielos son.
              
¡Siempre igual! Necias mujeres, 
inventad otras caricias,
otro mundo, otras delicias,
o maldito sea el placer.
Vuestros besos son mentira,
mentira vuestra ternura:               
es fealdad vuestra hermosura,
vuestro gozo es padecer. 

El yo lírico expresa su ansia de amor divino, ideal, extraordinario y verdadero (romántico, pues):

Yo quiero amor, quiero gloria,
quiero un deleite divino,
como en mi mente imagino,               
como en el mundo no hay;
y es la luz de aquel lucero
que engañó mi fantasía,
fuego fatuo, falso guía
que errante y ciego me tray.              

¿Por qué murió para el placer mi alma,
y vive aún para el dolor impío?
¿Por qué si yazgo en indolente calma,
siento, en lugar de paz, árido hastío?
              
Lo que no entiende de sí mismo el yo lírico es por qué sigue, de modo irracional, atrapado por el deseo de amar, por el fingimiento de amores y placeres:

¿Por qué este inquieto, abrasador deseo? 
¿Por qué este sentimiento extraño y vago,
que yo mismo conozco un devaneo,
y busco aún su seductor halago?
              
¿Por qué aún fingirme amores y placeres
que cierto estoy de que serán mentira?               
¿Por qué en pos de fantásticas mujeres
necio tal vez mi corazón delira,
              
si luego, en vez de prados y de flores,
halla desiertos áridos y abrojos,
y en sus sandios o lúbricos amores               
fastidio sólo encontrará y enojos? 

Hace balance de lo que ha sido hasta ahora su experiencia amorosa, sus altas expectativas y su absoluta frustración al no verlas cumplidas (encontré mi ilusión desvanecida y eterno e insaciable mi deseo: palpé la realidad y odié la vida: solo en la paz de los sepulcros creo):

Yo me arrojé cual rápido cometa,
en alas de mi ardiente fantasía:
doquier mi arrebatada mente inquieta,
dichas y triunfos encontrar creía.               

Yo me lancé con atrevido vuelo
fuera del mundo en la región etérea,
y hallé la duda, y el radiante cielo
vi convertirse en ilusión aérea.
              
Luego en la tierra la virtud, la gloria, 
busqué con ansia y delirante amor,
y hediondo polvo y deleznable escoria
mi fatigado espíritu encontró.
              
Mujeres vi de virginal limpieza
entre albas nubes de celeste lumbre;               
yo las toqué, y en humo su pureza
trocarse vi, y en lodo y podredumbre.
              
Y encontré mi ilusión desvanecida
y eterno e insaciable mi deseo:
palpé la realidad y odié la vida;               
sólo en la paz de los sepulcros creo.

Se siente presa de sus contradicciones y concluye que la vida no es más que un tormento del cual solo quiere descansar. Renuncia incluso a sentir (En mí muera el sentimiento):

Y busco aún y busco codicioso,
y aún deleites el alma finge y quiere:
pregunto y un acento pavoroso
«¡Ay!» me responde, «desespera y muere.

Muere, infeliz: la vida es un tormento,
un engaño el placer; no hay en la tierra               
paz para ti, ni dicha, ni contento,
sino eterna ambición y eterna guerra.
              
Que así castiga Dios el alma osada, 
que aspira loca, en su delirio insano,
de la verdad para el mortal velada
a descubrir el insondable arcano.»
              
¡Oh! cesa; no, yo no quiero
ver más, ni saber ya nada: 
harta mi alma y postrada,
sólo anhela descansar.
En mí muera el sentimiento,
pues ya murió mi ventura,
ni el placer ni la tristura               
vuelvan mi pecho a turbar.

Las últimas estrofas están teñidas de cinismo. El yo lírico acepta finalmente un hedonismo sin mentiras ni complicaciones sentimentales, se sumerge en el estruendo del festín, se abandona a los abrazos placenteros de Jarifa, la protagonista de esta orgía que es, más que orgía, ceremonia del olvido:

Pasad, pasad en óptica ilusoria
y otras jóvenes almas engañad:
nacaradas imágines de gloria,
coronas de oro y de laurel, pasad.               

Pasad, pasad mujeres voluptuosas,
con danza y algazara en confusión;
pasad como visiones vaporosas
sin conmover ni herir mi corazón.
              
Y aturdan mi revuelta fantasía 
los brindis y el estruendo del festín,
y huya la noche y me sorprenda el día
en un letargo estúpido y sin fin.               

Ven, Jarifa; tú has sufrido
como yo; tú nunca lloras; 
mas ¡ay triste! que no ignoras
cuán amarga es mi aflicción.
Una misma es nuestra pena,
en vano el llanto contienes...

Encuentran sentido, finalmente, los versos iniciales. Jarifa es para el yo lírico una vía de escape, un regazo femenino donde buscar el consuelo y satisfacer el deseo; no puede dejar de sentir por sus falsos besos el desprecio que tiene que sentir el romántico idealista, pero al mismo tiempo tiene con ella un alto grado de empatía (tú has sufrido como yo, [...] no ignoras cuán amarga es mi aflicción). Es esta la única puerta de salida a ese nihilismo sentimental, aunque, en el fondo, sepamos que esa despreocupada orgía de vino y mujeres voluptuosas solo es un pasajero descanso para su mente y que, al amanecer, volverá a ese letargo estúpido y sin fin.

Se trata, pues, de un poema profundamente pesimista. El sello del romanticismo en general y de Espronceda en particular se muestra aquí en el idealismo, la frustración derivada de las altas expectativas, el odio por la vida y la atracción por su fin, la exaltación de la irracionalidad, la vivencia de experiencias extremas, alejadas de los estándares de comportamiento social, empatía con los seres marginados... En las reflexiones sobre la vida, el amor y las mujeres hay referencias casi quevedianas, pero Quevedo nunca fue precisamente un idealista y mucho menos un "perturbador" social... 

En fin, un poema por el cual los alumnos pueden sentirse atraídos, identificarse al menos en parte con el yo lírico. Porque, ¿quién, despechado, no ha pensado algo parecido? ¿Quién, defraudado por una frustrada experiencia amorosa, no ha sentido el deseo de apagar los recuerdos en una noche de alcohol? ¿Qué hombre no ha proclamado alguna vez su odio por la mujer, y por todas las mujeres en general? (y qué mujer no habrá pensado lo mismo respecto a los hombres ;-)

PS. En doméstica tertulia literaria sobre el poema, mi mujer le da otra interpretación al texto: el yo lírico está enamorado de Jarifa, una prostituta con la que se acuesta, pero no le corresponde; de ahí que la ame (El sudor mi rostro quema, y en ardiente sangre rojos brillan inciertos mis ojos, se me salta el corazón) y la deteste a la vez (ahí podría encajar quizá el "oddi et amo" de Catulo y Anacreonte). Él mismo, que buscó el amor en otros lugares, vería esa relación como un delirio insano, y por ello clamaría por el fin de esos sentimientos, y gozar sin complicaciones del sexo sin amor. Pero se engaña a sí mismo (Yo quiero amor, quiero gloria, quiero un deleite divino, como en mi mente imagino) y continúa de modo casi destructivo, esa relación. Mmmm...

Por el Día de la Hispanidad

Muchas páginas se han escrito sobre el encuentro (y desencuentro) de los dos mundos. "Encuentro" hoy es una palabra amable, conciliadora, pero no conviene olvidar que también ha sido y es inteligente eufemismo para "conquista", "genocidio", "explotación colonial"... Pero curiosamente no fueron los conquistadores españoles los más sangrientos, sino los criollos que después de ellos vinieron, centauros de aspecto humanoide, que se deshonraron a sí mismos a base de escupir sobre la mitad de su propia naturaleza...

Pese a las sombras de modernos caciques, mesiánicos politicastros, dictadorzuelos infames, los pueblos hispánicos son dueños de su destino. Aunque mucha sangre se haya derramado por el camino -y no hay que olvidarlo- hoy ya no lleva a ningún lado buscar culpables ni tartamudear excusas. Hay que mirar al futuro en busca de soluciones a esos males endémicos que se han instalado como sanguijuelas.

Rubén Darío expresó esta idea en un poema de 1905, difícil, monumental, pero magistral en forma y espíritu, la "salutación del optimista":

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fratemos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica, de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismánica, pura, rïente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
o a perpetuo presidio condenasteis al noble entusiasmo,
ya veréis al salir del sol en un triunfo de liras,
mientras dos continentes, abonados de huesos gloriosos,
del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando,
digan al orbe: la alta virtud resucita
que a la hispana progenie hizo dueña de siglos.

Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos,
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despiertan entonces en el tronco del roble gigante
bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana?
¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos
y que el alma española juzgase áptera y ciega y tullida?
No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo,
ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro,
la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito,
que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas,
ni la que tras los mares en que yace sepultada la Atlántida,
tiene su coro de vástagos altos, robustos y fuertes.

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco pristino,
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el amor de espigas que inició la labor triptolémica.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.

La latina estirpe verá la gran alba futura:
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,
Oriente augusto, en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros.
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

 

"Elegía a Ramón Sijé", de Miguel Hernández

Un videomontaje que explica un poco los entresijos de la creación del probablemente mejor poema elegíaco escrito en español, obra de un magnífico poeta, Miguel Hernández. Emocionante a la vez que técnicamente sublime...

"La aurora" ("Poeta en Nueva York"), de García Lorca

Un pequeño vídeo que he hecho con espíritu didáctico, para mis alumnos de literatura. Uno de los celebérrimos poemas de Lorca, La aurora, con un pequeño comentario introductorio...

"Nada permanece tanto como el llanto", de Jacques Viau Renaud

"Nada permanece tanto como el llanto", de Jacques Viau Renaud

La tragedia permanente en la que vive Haiti, uno de los países más pobres del mundo, se ha visto agravada hasta el infinito por un terrible terremoto que ha provocado miles, quizás cientos de miles, de muertos. Las imágenes que nos llegan desde la pequeña nación caribeña -vecina de República Dominicana- son estremecedoras. Igual que los versos del haitiano-dominicano, Jacques Viau Renaud (1941-1965), "poeta de una isla y de dos pueblos". Jacques Viau Renaud fue hijo de un importante lí­der polí­tico demócrata haitiano, Alfred Viau, que pudo haber llegado a la Presidencia del país en 1957. Pero las elecciones, fraudulentas, determinaron la victoria de François Duvalier, que se convirtiría en un sanguinario dictador -uno más en la historia haitiana- durante muchos años. Alfred Viau se exilió en 1958 a República Dominicana con su familia y ejerció allí como profesor de francés. Seguía el profesor Viau un ritual en sus clases: entraba, saludaba, tomaba un trozo de tiza y escribí­a en la pizarra alguna frase famosa que ensalzaba valores y principios éticos. El joven Jacques, que tenía a la sazón diecisiete años, escribiría poco después:

Estoy tratando de hablaros de mi patria,

desde aquí­,

desde mi guarida salina,

desde Santo Domingo,

quizás os hable de ambas:

son dos terrones complementarios,

puntos cardinales de mi tristeza

caí­dos de la rosa de los vientos

como amantes cuyos abrazo se rompieran.

           

Mi patria

es una tierra elevada

de dilatados herbazales y doradas mazorcas que cruzan los mares y se van muy lejos

mientras los hombres del montes y la llanura se dilatan hambrientos.

Allí­ he nacido,

de allí­ partí­ atado a la sangre

solo, después de los años,

descubrí­ en mi pecho la mancha roja;

entonces aprendí­ a leer en las hojas,

a hablar con la tierra

y a callar cuando ella reconstruí­a la historia

de los muchos muertos que la sustentan,

de la sangre que alimentó sus frutas,

del llanto que sostuvo la precocidad de sus montes.

Mucho tiempo ha transcurrido desde que partí­,

nada ha cambiado:

siguen los mismos montes pelados,

la misma vegetación de vegetales y girasoles,

de cafetales oscuros y pastizales estrellados.

Solo el hambre ha crecido,

ya no hay lugar en los cementerios

ni en los ojos llanto

ni en mi isla patrias.

 

 

En República Dominicana gobernaba todavía Leónidas Trujillo, uno de los más crueles dictadores de América Latina. Tenía pese a todo firmes opositores públicos, como las hermanas Mirabal, las "mariposas" del Movimiento14 de junio, encarceladas y torturadas hasta que finalmente fueron asesinadas a finales de 1960. Pero Trujillo convirtió en mártires a las activistas: las presiones internas y externas debilitaron al dictador, hasta que fue asesinado en 1961 por sus propios acólitos. El escritor Juan Bosch se convirtió en 1963 en el primer presidente democrático de la República Dominicana, iniciando una serie de reformas constitucionales de carácter social y político que fueron interrumpidas siete meses después por un golpe de estado militar. Miembros pertenecientes al Movimiento 14 de junio iniciaron campañas de resistencia armada y, finalmente, militares constitucionalistas se alzaron en la que se denominó "Guerra de abril del 65". Entre los combatientes que lucharon y murieron por restaurar la democracia y las libertades estaba el que para entonces era ya un conocido poeta, profesor en el Liceo dominicano: Jacques Viau Renaud. El levantamiento acabó definitivamente con la intervención del ejército de EE.UU., temerosos de una República Dominicana comunista, de una nueva Cuba. Viau Renaud murió, pero sus versos, eternos, cantan permanentemente la tragedia de Haiti, de todo el Caribe, las tragedias de toda Latinoamérica. "Nada -dijo él- permanece tanto como el llanto":

.

¿En qué preciso momento se separó la vida de nosotros,
en qué lugar,
en qué recodo del camino?
¿En cuál de nuestras travesías se detuvo el amor
para decirnos adiós?
Nada ha sido tan duro como permanecer de rodillas.
Nada ha dolido tanto a nuestro corazón
como colgar de nuestros labios la palabra amargura.
¿Por qué anduvimos este trecho desprovistos de abrigo?
¿En cuál de nuestras manos se detuvo el viento
para romper nuestras venas
y saborear nuestra sangre?
Caminar... ¿Hacia dónde?
¿Con qué motivo?
Andar con el corazón atado,
llagadas las espaldas donde la noche se acumula,
¿para qué?, ¿hacia dónde?,
¿Qué ha sido de nosotros?

"Las abarcas desiertas", de Miguel Hernández

"Las abarcas desiertas", de Miguel Hernández

Hoy es Noche de Reyes, la noche del zapatito en el alféizar de la ventana. Re-publico este artículo que publiqué el 24 de diciembre, disculpándome así de la traición cometida por mí a Sus Magas Majestades, por haberle dado de modo inconsciente al barbudo advenedizo de acento anglosajón y generosa nariz la exclusiva del regalo navideño:

Nochebuena. A escasos minutos de sentarme a la mesa familiar y disfrutar de una preciosa compañía y una opípara cena, me vienen a la mente unos versos de Miguel Hernández: "Las abarcas desiertas". Poco que comentar. La sencillez y la emoción sin afectación con la que escribe el epígono de la Generación del 27 pone los pelos de punta. El autor de la sublime "Elegía a Ramón Sijé",  del Cancionero y romancero de ausencias, es un poeta majestuoso, aunque no tenga el áurea mítica de Federico García Lorca. Poco tiene que envidiar a sus celebérrimas "Nanas de la cebolla" este otro poema, "Las abarcas desiertas", donde el yo lírico es un niño pobre / pobre niño que coloca sus zapatos de cabrero en la ventana, la noche de Reyes, con la esperanza de recibir su regalo navideño... 

"Subes del mar, entras del mar ahora", de Rafael Alberti

"Subes del mar, entras del mar ahora", de Rafael Alberti

Para María Elvira, a quien vi hace poco después de muuuuuucho tiempo. Que el viento ponga en los labios de tu marinero este poema de Alberti... (Afortunadamente para los dos se hace a la mar en una embarcación mejor que la de mi bisabuelo Agustín -en la foto-, pero no me negaréis que su pesquero tenía carácter...).

Subes del mar, entras del mar ahora...

Subes del mar, entras del mar ahora.
Mis labios sueñan ya con tus sabores.
Me beberé tus algas, los licores
de tu más escondida, ardiente flora.

Conmigo no podrá la lenta aurora,
pues me hallará prendido a tus alcores,
resbalando por dulces corredores
a ese abismo sin fin que me devora.

Ya estás del mar aquí, flor sacudida,
estrella revolcada, descendida
espuma seminal de mis desvelos.

Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta,
éntrate toda entera en mi garganta,
y para siempre vuélame a tus cielos.

Nieve en la terraza

Terraza de casa. Vigo. Enero de 1987.

Siendo yo niño, nevó una vez en Vigo. Fue una nevada solitaria, frágil y delicada, que a las pocas horas desapareció sin dejar rastro. Subí a la terraza con mi hermana, nos lanzamos bolas de nieve, aspiramos el delicioso aroma de felicidad de esa fría mañana.  Esa experiencia de mi infancia me vino a la memoria hoy -cuando todos los tejados de Verín han amanecido nevados- con "Nieve en la terraza", un poema de Enzia Verduchi, poetisa mexicana de origen italiano. Y me emocionó la melancólica dulzura de la evocación de su perdido paraíso infantil...

Dicen que conocí la nieve en una terraza,
pero jamás la he tocado,
su blandura o su dureza desconozco.
En cambio recuerdo esa terraza
por un pino enorme en una maceta,
por mis padres bailando Lady day en voz de Sinatra,
por la felicidad que ofrecía mirar hacia todos lados.
No, yo no conozco la nieve,
aunque me muestren una fotografía y casi me convenzan.
Sólo sé que cuando nos despedimos de ese espacio
-propio para la sobremesa en el verano-
comprendimos que éramos de ningún lado.

Escuchad el poema aquí.

"Ítaka", de Konstantinos Kavafis

A veces -no tantas como sería preferible- la publicidad en televisión nos regala momentos asombrosos, que enaltecen al creativo publicitario. Anuncios que pasan a la historia por su originalidad, su belleza, su inteligente sentido del humor... SEAT lanzó hace unas semanas al mercado su nuevo EXEO con un spot, rodado en las calles de Lisboa, en el que la elegancia del coche en cuestión se combinaba con evidentes guiños a la estética de la cultura helenística (el caballo, la fuente, la estatua...). Y una voz en off recitando los primeros versos de Ítaca, el poema más conocido de Konstantinos Kavafis (poeta griego admirado fervientemente por un 27 como Luis Cernuda, por cierto) hasta llegar al final, con un eslogan conciso: "Nuevo Seat Exeo. Cada viaje, algo excepcional". Aquí está el anuncio:

 

SEAT explica en su web el anuncio:

"Este enfoque ha sido el punto de partida para la campaña publicitaria de lanzamiento internacional. El anuncio de televisión hace referencia a la historia de Odiseo, Rey de Ítaca. Durante el largo viaje de vuelta a su patria se da cuenta de que lo importante no es el destino final, sino las maravillas del viaje y la experiencia acumulada por el camino. El poema que acompaña el anuncio narra esta historia de aventuras y descubrimientos, pero la enfoca hacia un viaje normal, en un día cualquiera en un barrio común. El Exeo se encarga de llenar de emociones al conductor.

El anuncio fue filmado en la ciudad de Lisboa por el director Alexander Paul, de Sonda Productions. El fotógrafo especializado Manu Agah realizó la producción gráfica  en la ciudad de Barcelona y alrededores. Ambos son internacionalmente reconocidos por su trabajo."

Y este es el poema:

Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a Itaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Itaca te de riquezas.

Itaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Itacas.

Algunos "kavafianos" se han escandalizado por la utilización mercantilista de este maravilloso poema, como Antonio Rico en La Nueva España:

"Es por todo esto por lo que los kavafistas exigimos la inmediata retirada del nuevo anuncio televisivo del Seat Exeo, en el que se hace un uso mezquino, utilitarista, completamente irrespetuoso, de uno de los textos más hermosos jamás escritos por mano humana, -perdón, quise decir «divina»-, como es el extenso poema «Ítaca», fuente inagotable de belleza, compendio de sabiduría nunca superada, y que en el blasfemo spot de Seat aparece fragmentado, ridiculizado, asociado de forma vulgar a una prosaica mercancía de venta. Una vez más la niñatería publicitaria roba textos de dimensiones seculares para utilizarlos desde la ignorancia y la temeridad de formas que hubieran horrorizado a sus autores. Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de aprendizajes, y debe importarte una mierda seca el coche en el que viajas. Creo en Konstantin Kavafis. Amén."

Efectivamente, en el viaje a la Ítaca personal no debe importarte mucho tu medio de transporte (acordémonos de la caravana de camellos en la que se enrola el protagonista de El alquimista de Coelho para conseguir su tesoro). Ni la Ítaca personal debe ser la posesión de un automóvil, por muchos caballos que tenga. Aún así, Rico se pasa de vueltas con su crítica, mitad teatral, mitad visceral, y con un snobismo culturalista (que no cultural, ojo) que tira para atrás. Cada cual que juzgue. Yo aplaudo el anuncio. Sin complejos, sí señor. Cuando los creativos publicitarios aciertan, aciertan, y no me rompo las vestiduras porque se hayan basado en un poema, ni siquiera si es para anunciar un coche, emblema al parecer del desenfreno capitalista (¡yo también tengo uno, cielos!). Lo que sí es cierto es que quizá muchos curiosos, tras ver el anuncio del Exeo, se animarán a investigar cómo sigue el texto...  ¿Que Kavafis se habría revuelto en su tumba al ver la manipulación de su obra? Pues ni idea, la verdad. O puede que en el fondo de su corazón, sintiese cierto puntito de vanidad bien entendida. Eso sí, junto a la letra pequeña quizá podrían haber puesto la autoría del texto (aunque... pasa tan rápido que siempre nos quedará la duda de si lo han puesto... ;-)

Donde SEAT comete una equivocación de agárrate es cuando dice que "el poema que acompaña el anuncio narra esta historia de aventuras y descubrimientos". No narra ninguna historia (eso lo hace la Odisea de Homero, que ya lo hace pero que muy bien). Hoy estuvimos leyendo el poema en clase, con los chicos de 4º de ESO. Algunos la función simbólica no la tienen muy desarrollada todavía y no entendieron bien el significado metafórico del poema. Otros más avezados sí lo lograron, pero finalmente todos fueron desentrañando los significados de Ítaca. Yo se lo dediqué a ellos, porque pronto abandonarán el Instituto para empezar una nueva etapa en sus vidas. Qué mejor momento vital para disfrutar este poema, que nos habla de nuestras aspiraciones, de nuestras metas, de nuestros sueños. Quien no tiene una Ítaca personal se comporta como Estragón y Vladimir, los dos personajes de Esperando a Godot, de Samuel Beckett, unos parásitos de la vida que no saben hacer otra cosa que esperar absurdamente algo que jamás llegará. Y las aspiraciones, las metas, los sueños... han de ser perseguidos, ellos no vendrán a ti solos.

Y cuando emprendas la búsqueda (el viaje, metáfora de la vida desde tiempos inmemoriales) a tu sueño (Ítaca, la meta de Ulises, su patria anhelada tras combatir en la guerra de Troya, no te obstaculizarán las dificultades que se te presenten (lestrigones, cíclopes, airado Poseidón) siempre que no lleves esos miedos dentro de ti. No tengas prisa (pide que tu camino sea largo) porque las dificultades te enriquecerán. Prueba cosas nuevas (puertos nunca antes vistos), disfruta de las cosas bellas (de Fenicia / compra objetos hermosos), ten la mente abierta para aprender cosas nuevas (ve a muchas ciudades egipcias). Y cuando finalmente cumplas tu sueño, quizá te parecerá que tus expectativas eran demasiado altas (Y si la encuentras pobre), pero te darás cuenta de cómo son tus experiencias vitales las que te han verdaderamente enriquecido.

Madre mía, qué buen poema, qué bueno. Por cierto, es modernista... Qué frutos tan grandiosos los de este movimiento, qué grandiosos...

"Carpe diem"

"Carpe diem"

A pesar de las muchas sombras del período, el siglo XVI fue, a grandes rasgos, una época auténticamente revolucionaria en toda Europa. El desarrollo de las relaciones comerciales y el nacimiento de la burguesía, los nuevos avances técnicos y científicos, el fin del feudalismo y el nacimiento de los Estados nacionales, el crecimiento de las ciudades... configuraron un nuevo paisaje social y cultural. El oscurantismo religioso y la superstición cedieron ante el empuje reformador del erasmismo y del protestantismo de Lutero. Incluso el Descubrimiento de América fue determinante para redescubrir la naturaleza (imaginaos tres frágiles carabelas cruzando miles de millas náuticas por el Atlántico) y verla no como una fuente de miedo, sino como una fuente de inspiración. El hombre se siente más protagonista, más capaz de emprender metas hasta ese entonces imposibles, preparado para conocerse y reflexionar sobre sí mismo (de ahí el gusto por los mitos clásicos, por ejemplo) y empezar a tomar las riendas de su propio destino. La vida ya no es un "valle de lágrimas", como en la Edad Media, es una oportunidad de ser mejor, de ser más feliz. Esto no quiere decir que los hombres del Renacimiento cayeran en el hedonismo más feroz, a una alocada fiesta de los sentidos; al contrario, aspiraban a la perfección, al ideal, lo que en la práctica artística se reflejaba en obras serenas, equilibradas, entre las que el David de Miguel Ángel es perfecto paradigma.

Esas enormes ganas de vivir de otra manera y esa autoafirmación existencial del hombre, favorecieron las múltiples reelaboraciones de un tema clásico, el carpe diem, que deriva de la Oda IV de Horacio:

Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.

Vive el día de hoy. Captúralo.

No fíes del incierto mañana.

Y continúa:

Huye de preguntar sobre el mañana.

Echa en tu cuenta el día.

-sea cual sea- que te da la suerte,

y no desprecies, mientras eres joven,

el amor y las danzas,

en tanto la vejez, blanca y ceñuda,

está alejada de tu edad en flor.

Ahora es el tiempo: el campo de Marte,

plazas, suaves murmullos,

                                    citas nocturnas, risas

mágicas que traicionan

                                   a la muchacha oculta

en un rincón, o la prenda

                                  arrancada a su brazo

o a su dedo que poco se obstina

                                  en resistir.  

Horacio hace un llamado a no ser esclavos de los errores del pasado, a huir de las ansiedades del futuro. El De rosis nascentibus de Ausonio, con su famoso verso "Collige, virgo, rosas...", es más conciso, pero conserva esa línea maestra:

Coge, doncella, las rosas, mientras está fresca

la flor y fresca la juventud,

pero no olvides que así se desliza también la vida.

Y este es el famosísimo poema de Garcilaso de la Vega, recreando este mismo tópico literario, pero con un acento mucho más personal, donde la primera persona del poema no es un yo que filosofa sobre el vitalismo o el paso del tiempo, es un verdadero yo lírico que invita a una mujer a gozar del amor. Para entenderlo mejor y disfrutarlo más, fijaos en las exquisitas metáforas tomadas de la naturaleza; la armónica combinación de adjetivos y sustantivos; el idealismo espiritualizado de la belleza de la mujer, la donna angelicata; la delicada sensualidad de su melena suelta al viento, reflejada con maestría en el desorden sintáctico; el color de los primeros once versos, donde impera la vida, y que se deslizan en suaves encabalgamientos -sin pausa, sin darnos cuenta llegamos casi al final...- hasta el fin del primer terceto; el ritmo fúnebre, esticomítico, de la última estrofa, en blanco y negro, donde reina la muerte..

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.



PS. Doscientos y pico años depués, tras escribir un poema durísimo como "Fatal"
(¡y no saber adónde vamos, / ni de dónde venimos!...), escuchamos cómo dice Rubén Darío en su "Poema de otoño":



Y, no obstante, la vida es bella,
por poseer
la perla, la rosa, la estrella
y la mujer.
[...]
y nuestras vidas son la espuma
de un mar eterno!
[...]
Cojamos la flor del instante;
la melodía
de la mágica alondra cante
la miel del día!


César Vallejo

César Vallejo

Serafín me pidió una pequeña colección de poemas para celebrar el Día de la Paz. El primer poema que se me vino a la cabeza lleva la firma de César Vallejo (18982-1939), uno de los poetas más importantes en lengua castellana del siglo XX. El autor de Los heraldos negros (1918), Trilce (1922)  o Poemas humanos (1939) no es, sin embargo, tan conocido en España como otros autores contemporáneos suyos.

Pero Vallejo es un poeta impresionante. Tiene un lenguaje muy personal: sus distorsiones sintácticas, sus imágenes insólitas, sus expresiones ilógicas... lo sitúan en la órbita del Surrealismo (sobre todo a partir de Trilce), pero en muchas ocasiones se desliza hacia coloquialismos -elaborados- que dulcifican las formas. Una extraña combinación para hablar de su tema predilecto: el dolor, el suyo y el de todos los hombres. Poesía, pues, socialmente comprometida, pero sin renunciar al alto listón estético que se había marcado.

Aquí os dejo este fantástico poema suyo, escrito el 10 de noviembre de 1937. Las imágenes corresponden a la dramatización hecha por los alumnos de 4º A por el Día de la Paz.


Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.




Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

In memoriam Virgilio Vangioni: Salmo 23

In memoriam Virgilio Vangioni: Salmo 23

Alguien definió el Salmo 23 como uno de los poemas más hermosos de todos los tiempos. Fueron las últimas, definitivas, palabras de consuelo que escuchó Virgilio Vangioni, antes de morir la noche del 28 de noviembre. Le conocí hace 17 años, cuando yo no era más que un adolescente, en un campamento en la isla de Ons, y se ganó para siempre mi respeto. Hasta en los momentos más duros, nunca perdió su sentido del humor, su infinita afabilidad. Me regaló un profundo abrazo la última vez que lo vi, en Marín, hace apenas unos meses. Gracias, Virgilio. Ahora ya descansas en los brazos del Buen Pastor.

El Señor es mi Pastor,
nada me faltará.
En lugares de pastos delicados
me hará descansar,
Junto a aguas tranquilas
me pastoreará,
me confortará,
me guiará por sendas justas,
por amor de Su nombre.

Aunque ande en el sombrío valle de la muerte,
no temeré ningún mal,
porque Tú estarás conmigo:
Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento.
Preparas la mesa para mí
cuando me rodean los que me angustian;
unges mi cabeza con aceites.
Mi copa rebosa.

Nada más cierto: el bien y la misericordia
me seguirán todos los días de mi vida.
Y en la casa del Señor viviré para siempre.

El Futurismo

El Futurismo

El Futurismo inauguró las vanguardias, allá por los principios del siglo XX. Las vanguardias eran la respuesta al agotamiento de la literatura comprometida de la segunda mitad del siglo XIX, pero también rechazaban la sensibilidad y la estética del modernismo de 1900 (Rubén Darío, el Valle-Inclán de las Sonatas, las primeras obras de Juan Ramón Jiménez). Los artistas abandonaron los planteamientos clásicos y buscaron nuevos temas y formas de expresión rompedoras, desafiantes, subversivas, que respondieran mejor a las circunstancias del nuevo siglo. La poesía fue concebida como una creación antisentimental, intelectual, lúdica, evasiva... Y esos poetas exploraron nuevos caminos, que cristalizaron en el futurismo, el cubismo, el dadaísmo, el creacionismo... Los autores de la Generación del 27 (Salinas, Gerardo Diego, Aleixandre, Prados, Altolaguirre, Lorca, Alberti, Dámaso Alonso...) encontraron aquí su primera inspiración.

Particularmente fascinados por el progreso, la técnica, la velocidad... los futuristas abandonaron los tradicionales cánones de belleza y dedicaron sus obras a los productos de la nueva sociedad. FilippoTommaso Marinetti resumió la doctrina futurista en su famosa frase: "un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia" (Le Figaro, 20 de febrero de 1909). Sin embargo, los acontecimientos históricos que habrían de vivir esos escritores, particularmente el duro período de entreguerras y la crisis del 29, provocaron que el arte dejase de girar sobre sí mismo y mirase al mundo alrededor. El expresionismo (Divinas palabras de Valle-Inclán, por ejemplo, Kafka, Brecht...) y el surrealismo (Poeta en Nueva York de Lorca, Sobre los ángeles de Alberti o Hijos de la ira de Dámaso, algo más tarde) continuaron las vanguardias, pero de un modo mucho más humanizado, más solidario, más comprometido. Aquí tendríamos la poesía de madurez del gran grupo poético del 27.

Las primeras vanguardias, sin embargo, quedarían para siempre en el recuerdo como paradigma de la originalidad y de la búsqueda de nuevas perspectivas. Pedro Salinas, uno de los veteranos de la Generación del 27 y que también hizo sus escarceos por la estética futurista, escribió el poema que os invito a leer:

UNDERWOOD GIRLS

Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i...

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Ángel con grandes alas de cadenas

Ángel con grandes alas de cadenas

Tanto me impactó este poema de Blas de Otero (1916-1979) cuando lo leí que no paré hasta que me compré el libro del que formaba parte: "Ángel fieramente humano" (1945). El ritmo alocado en medio de abruptos encabalgamientos, el dramatismo de las palabras... No era muy mayor cuando lo escribió, pero son interesantes (como siempre) las circunstancias que rodearon la creación de esa obra. Blas de Otero era una persona tremendamente atormentada. Estudió en un rígido colegio jesuita de Bilbao hasta que su familia se arruinó y se trasladó a Madrid, un lugar para él más excitante que lo llevó a sus primeras experiencias artísticas. El entorno familiar se derrumbó cuando tenía 16 años, con la muerte del hermano primero y del padre, tres años después. Después siempre osciló entre el deseo de vivir una vida bohemia, alejado de todo, y el deber de cuidar de su familia. Tuvo que interrumpir sus estudios de derecho para regresar a Bilbao, pero se volvió más introvertido, hundido bajo el peso de la responsabilidad. Le aliviaban sus amistades, la poesía, el fervor religioso, pero cada vez eran más frecuentes sus crisis nerviosas. Acabó Derecho en Zaragoza en 1935 y trató de vivir la vida que sentía debía vivir. Incluso preparó oposiciones. Pero tomó la decisión de volver a Madrid en 1943 para estudiar Filosofía y Letras, aunque pronto regresó nuevamente, por la enfermedad de la hermana mayor, que sustentaba a la familia. Fue demasiado.Quemó todos sus poemas, como manera de expiarse. Entre el sentimiento de culpa y las desgracias continuadas, cayó en una terrible depresión, por la que tuvo que recluirse en un sanatorio. Ahí escribió "Ángel fieramente humano". Existencialismo puro. La expresión pura de la soledad, de la angustia, de la falta de sentido de todo... La vida es una broma pesada, Dios no contesta, el hombre... el hombre...

HOMBRE

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.


Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.


Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas
.


Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Neruda

Neruda

Estos versos cayeron en mis manos, no sé cómo ni por qué, cuando tenía quince o dieciséis años. Los leí como quien lee algo intrascendente, sin esperar nada, con el escepticismo de un adolescente pasotilla. Pero esos versos fueron una conmoción: me causó asombro como unas palabras podían encontrar de una manera tan hermosa, tan violenta, un lugar en el que todos hemos estado alguna vez, la prisión del deseo, allí donde la pasión se confunde con el amor...

He releído estos versos con motivo de un pequeño recital por el Día de San Valentín en el IES, y he recordado con una sonrisa entre melancólica y condescendiente esa... extraña... etapa de mi vida.

A mis alumnos adolescentes, estos versos de Pablo Neruda:

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Fotografía de altamar (en Flickr, bajo licencia Creative Commons).

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