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ISRAelPROFEDELENGUA

Los consejos del tío Abel

Los consejos del tío Abel

Una tarde que con mi hermana estábamos haciendo nuestras tareas en la mesa del comedor, mi tío se acercó para curiosear porque estaba desocupado, pensando y caminando por la casa con las manos atrás. De pronto se detuvo al lado de Graciela y le preguntó:
─¿Te molestarías si de vez en cuando te alcanzo una crítica cordial o sugerencia relacionada con tus estudios?
─Ni tonta que fuera, tío.
─Pues la primera es… que escribas con caracteres más grandes y claros; luego, que respetes los márgenes y no invadas hasta el filo la página. El cuaderno de un alumno es la representación de éste. Cualquier profesor podría juzgar cómo eres con sólo darle un vistazo a tu cuaderno. Y no te incomodes con la ayuda que aquí en casa te demos. Se dice con justicia que detrás de un buen estudiante hay una familia que lo apoya.
Siguió paseándose y preguntó:
─¿Cómo pueden ustedes estudiar sin un diccionario al lado? ¿Cómo hacen para saber el significado real de una palabra que está en los textos?
─Es que estoy estudiando Biología ─explicó Graciela
─¿Y eso qué tiene que ver? El diccionario es una herramienta de trabajo para quien estudia cualquier curso y quiere entender bien lo que lee. Igual, si lo que desea es escribir con corrección.
Me paré y fui en busca del modesto diccionario que usábamos. El tío criticó:
─¡Cada uno debe tener su propio diccionario y usarlo al lado siempre! Es negativo aquello de "suponer" significados. Veamos: ¿cómo definen, por ejemplo, la palabra… hum… silla? ¿Qué creen que dice el diccionario de la simple palabra silla, que están ustedes usando y que conocen bien?
─¡Fácil! ─se lanzó mi hermana─: es algo que sirve para sentarse... y así poder comer, estudiar, etcétera.
─Sé más explícita. La palabra "algo" no define nada. Es como si me dijeras que es una "cosa" que sirve para sentarse. Dime: ¿una piedra grande puede ser una silla? Yo podría sentarme en una…
─Es un mueble…
─¡No! ¡Una cama es un mueble y también sirve para sentarse, echarse, saltar y parase en ella!
─¿Un asiento con cuatro patas? ─insistió.
─¡No! ¡Tú te puedes sentar en una mesa que tiene cuatro patas y por eso no se convierte en silla!
─¡Ay, pero ni loca que fuera! ¡Bueno, ya, no sé! ─concluyó renegando─. ¡Me rindo! ¿Puedo ver lo que dice el diccionario de la bendita palabra "silla"?
─Búscala tú misma ─ordenó mi tío─. ¡Y quiero ver cuánto te demoras!
─Ya pues, tío…
Graciela hojeaba el diccionario haciendo ruido y mojándose con saliva la yema de los dedos. Él entonces prorrumpió molesto:
─¿No te han enseñado en el colegio cómo tratar a un libro? ¡Ni siquiera sabes hojearlo! No me digas que ningún profesor se ha tomado un tiempo para enseñar a sus alumnos un conocimiento tan elemental y tan importante. Mucha gente al verte se dirá: "Si así es con un libro, ¡cómo será comiendo!".
─Ya pues, tío…
─¡Nada de "ya pues, tío"! Tu hermano te enseñará ahora mismo cómo hojear y tratar a los libros. Y una vez que lo aprendas, los autorizo a revisar mi diccionario enciclopédico y cuantos ejemplares necesiten. Si yo los tengo, son suyos. Los libros se han hecho para leerse, compartirse y gastarse; no para exhibirse y apolillarse en los anaqueles. Todos mis libros pueden ser revisados por ustedes; el único requisito es que lo hagan con las manos limpias y con cariño. Lo ideal es leer, leer y leer: quien lee conduce, quien no lee, tiene que dejarse conducir. Los libros nos hacen libres. Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma… Leer es el verbo que transforma vidas… ¿Encontraste ya la palabrita esa?
─Ya, tío ─anunció ella y leyó─: "Silla. Asiento con respaldo, por lo general con cuatro patas, y en que sólo cabe una persona".
─Asiento… respaldo… una persona… ¿ya ven? ─observó él─; si una palabra tan simple y doméstica no puede ser definida por ustedes, ¿cuán difícil no les será precisar el significado de otras de mayor erudición? Un diccionario a la mano es la solución inteligente.
Sus palabras nos dejaron pensando y mirándonos de reojo. Desde entonces pusimos en práctica todo lo que nos aconsejó el tío Abel con relación al uso de ese libro y otros en general; y fue también motivo para que mi hermana insistiera con mamá y la hiciera comprar un moderno diccionario para ella solita. Recuerdo que cuando la encontré revisándolo por primera vez me preguntó con seriedad:
─Dante: ¿sabes por qué "todo junto" se escribe separado y por qué "separado" se escribe todo junto?
─No. Todavía no lo hemos estudiado.
─¿Y sabes por qué un perro mueve la cola?
─No ─respondí intrigado y mirando su libro.
─¡Fácil, pues, hermanito! Porque no puede ser al revés. Una simple cola, ¡nunca por nunca podría mover a un perro!
Y cerró el volumen con su clásica sonrisita burlona que sabe bien que me hace renegar.

Castillo Zubiaga, Jorge: Dulce hogar, querido colegio.

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