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ISRAelPROFEDELENGUA

Sobre la gratuidad de los libros de texto

Sobre la gratuidad de los libros de texto

Me ha llegada a mi correo electrónico un artículo que critica con fuerza la medida que va a tomar el gobierno entrante en la Xunta de eliminar la gratuidad universal para los libros de texto. Una plataforma www.plataformagalegapolagratuidade.es se ha creado al efecto, con el objeto de defender la “conquista social” que se había hecho en la última legislatura: libros gratis pa’to’quisqui.

 

Que los libros de texto gratuitos salen por un buen pico se intuye, pero hagamos unas sencillas cuentas a ojo de buen cubero. Vamos a veeeeeer: una media de 20 alumnos por clase en un instituto pequeño… unos diez grupos… unas diez asignaturas… a veinte euritos por libro… total… ¡¡¡¡¡¡¡¡40.000 euros!!!!!!!! ¡Y esto, solo en un instituto de 200 alumnos! No sé el número exacto de matriculados en Primaria y Secundaria en Galicia, pero imagínense el impacto de la cifra total en el presupuesto total de educación…

 

A un servidor no se le caen los anillos por afirmar lo que es de sentido común: la gratuidad universal es un lujo que no nos podemos permitir. Sí señor. Primero, porque de gratuidad nada: el hecho de que los pague el Estado o la Xunta no quiere decir que no los paguemos nosotros. ¿De qué se nutren esas arcas si no es a través de impuestos? 

 

Segundo. Dicen los de la Plataforma que esta inversión es por un mínimo de cuatro años (menos mal que no es anual): el Estado no tiene que volver a invertir en libros en algunos años. Verdad a medias. Efectivamente, el Instituto no puede cambiar los libros de texto durante un mínimo de cuatro años, pero si es necesario reponer ejemplares gastados por el uso, se reponen. E incluso, si el Jefe de departamento de turno tiene poderosas razones para solicitar un cambio en el libro de texto, puede presentar un escrito y con algo de suerte, abracadabra, libro nuevo.

 

Tercero. Lo de beneficiar a las editoriales no lo entiendo, que me perdonen. Estoy seguro de que los profesores pertenecientes a la Plataforma saben que no es obligatorio tener libro de texto para impartir una asignatura, así que si no quieren que las editoras se beneficien, pueden optar por soluciones alternativas al libro de texto, que haberlas, haylas. No, el libro de texto es un recurso educativo más, no una condición sine qua non para dar clase.

 

Cuarto. Que “la gratuidad de los libros de texto es una condición necesaria para acceder a la igualdad de oportunidades en la educación” es (me remito al punto tres) un disparate. De todos modos, como sí es verdad que el libro de texto tiene un gran peso en nuestra tradición educativa, para bien o para mal, parece más razonable pensar que la igualdad de oportunidades puede garantizarse con un sistema de becas que tenga en cuenta la trayectoria académica del alumno y la falta de recursos económicos familiares.

 

Quinto. La gratuidad de la educación  no tiene por qué implicar la gratuidad de los libros. Por esa regla de tres, ¿por qué durante estos últimos años se han dado gratis los libros y no los bolis, lápices, libretas… tan o más necesarios que los libros de texto? ¿Es que se ha querido beneficiar a los fabricantes de bolis, lápices, libretas… en detrimento de las empresas editoriales? Absurdo…

 

Sexto. Que los alumnos cuidan los libros, porque saben que los tienen que pagar si los estropean, no es un triunfo pedagógico sino el resultado lógico de una amenaza. Estupendo que los cuiden y que no arranquen páginas, no me malinterpreten, pero es una pena que no puedan hacerlos suyos, subrayándolos, apuntando cosas en los márgenes… Al final, el alumno cuya familia tiene recursos económicos prefiere comprarse el libro y sobarlo a voluntad, haciendo en él anotaciones personales que le permitan estudiar mejor. Al final, la pretendida igualdad de oportunidades y la pretendida solidaridad, se vuelve desigualdad: el que tiene dinero para comprar el libro tiene una innegable ventaja, aunque esta no sea determinante, sobre el que no tiene dinero. ¡Ah! Y el que lo compra, podrá consultarlo en el futuro (o simplemente, prestarlo, o venderlo…), cosa que no podrá hacer el otro.

 

Séptimo. Lo que nada cuesta, poco se valora (ley universal).

 

Octavo. Que el exceso de producción y no reciclaje de papel tiene sus efectos en el medio ambiente no lo duda nadie. Me remito al punto tres.

 

En fin. Libros gratis no, por favor. Un sistema racional de becas, sí. Y por favor, comencemos ya una reflexión seria sobre qué narices ocurre en nuestro sistema educativo cuando países que no tienen de lejos los presupuestos que manejamos nosotros tienen resultados muchísimo mejores. 

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