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ISRAelPROFEDELENGUA

Las Médulas

Hay un lugar mágico a menos de dos horas de Verín, considerado por la UNESCO Patrimonio de la humanidad. Es, son, Las Médulas, en el Bierzo (León). Hace dos mil años los romanos encontraron oro en estos parajes, y entusiasmados (si los cogen los de Greenpeace hoy...) agujerearon la montaña para que las corrientes de agua arrastraran las pepitas al valle. No sé durante cuánto tiempo fue rentable la explotación aurífera. Hoy el paisaje de las Médulas es de una belleza surrealista. De la montaña apenas quedan picachos más o menos grandes, empitonados, sangrantes, cuya roja tierra contrasta con el verde de los cientos de castaños para componer una melodía pictórica inolvidable.

Las fotografías de la presentación inicial las hice un luminoso día de este otoño, de excursión con mi buen amigo Pereira (y mi mujer, claro, que si no la nombro se enfada...).

Y éste es el poema -pobre poeta de mí- que escribí la primera vez que visité este fantástico lugar, el -lejano- verano de 1995:

En este lugar se besan

La Tierra Roja y el Castaño Verde,

despacio, con ternura.

Dolorosamente se besan.

 

Ella se cansa,

vieja y roja, sonámbula,

sangrando desengaño por las hendiduras.

Tímidamente ama, jadeando dulcemente,

con su roja melena cubriéndole las lágrimas.

Silenciosamente ama.

 

Él, verde

trovador, soñador y romántico,

la arrulla con mimo, cantándole al oído,

Como un susurro la acaricia, suavemente,

majestuosamente ama dándolo todo, loco enamorado.

Silenciosamente ama.

 

En silencio se aman.

Y en soledad.

Sólo el viento espía celoso.

Y el tiempo goteando eternidad…

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