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ISRAelPROFEDELENGUA

"A boa persoa de Sezuán", versión de Nuno Cardoso para el Centro Dramático Galego de la obra de Bertolt Brecht

Lo que caracteriza al teatro, frente a los otros géneros literarios, es que va más allá de la palabra escrita. Sin la representación en un escenario, sin una escenografía en la que se combinan diferentes códigos no verbales (música, efectos de sonido, efectos de luz, vestuario, movimientos y gestos, etc., etc.), sin la interacción viva de unos actores con el público, el teatro no sería teatro.

Hoy tuve la oportunidad de comprobar la magia del teatro en primera persona: presencié, junto con 37 alumnos del Baronceli (los otros 30 previstos fueron baja por culpa de las inclemencias meteorológicas,  léase nieve, qué pena) la representación por parte del Centro Dramático Galego de una obra de Bertolt Brecht, A boa persoa de Sezuán, en el Teatro Principal de Ourense. He visto por ahí la obra con otros títulos: La persona buena de Sezuán (mi ejemplar comprado a través de Iberlibro.com en una librería granadina) y El alma buena de Sezuán. Quizá este último encaja más con la literalidad del texto, pero no es el momento de analizar estos matices léxicos y gramaticales; ahora toca, con una copa de albariño casero frente a mí, hablar un poco de las sensaciones que todavía permanecen unas horas después de haber visto la obra.

Tengo el libro a mi lado (versión española de José Monleón y Armando Moreno, Ediciones Alfil, colección Teatro nº 574 [extra], Madrid, 1968), y después de una hojeada (con h esta vez) general, me ha parecido que la representación era bastante fiel al texto de Brecht. Nuno Cardoso, el director, realiza una adaptación sin embargo original y refrescante. Los elementos en escena son contados: unas puertas para representar las casas de Sezuán, el mostrador con una máquina registradora para la tienda de tabaco de la protagonista, una mesa con una mesa de escribir para el despacho de la fábrica… El escenario queda así muy abierto, facilitando los movimientos de los actores. Pero, para compensar esta simplicidad y reflejar el caótico mundo urbano de Sezuán, destacan los diversos y luminosos carteles de neón que ocupan de arriba abajo el fondo del escenario.

Por su parte, los actores no lo tienen nada fácil (y no me refiero únicamente al exigente y a veces demasiado ruidoso público adolescente): monologan, dialogan, hablan a coro, cantan, se mueven… Un trabajo, en fin, que les exige una gran coordinación. Y sus interpretaciones son muy convincentes. Ayuda a la complicidad de los espectadores, sin duda, que algunos de los actores sean muy “televisivos”…

Nuno Cardoso tiene en cuenta la relación actor-espectador con un simple pero espectacular golpe de efecto: los tres dioses que descienden a Sezuán en busca de un alma buena suben al escenario después de recorrer el pasillo que atraviesa el patio de butacas. Es lo que se denomina “ruptura de la cuarta pared”. La eliminación de esa barrera virtual, de ese “telón transparente”, hace que el espectador se sumerja más en la obra y no esté simplemente como observador ajeno, que el teatro entre en su territorio, que todo el edificio sea contagiado de la magia.  

Otro característica de la escenificación de Cardoso es la potenciación de la comicidad, como contrapunto al pesimismo. Y lo hace de varias maneras. Por ejemplo, a través de la desmitificación de los tres dioses, casi caricaturizándolos: los tres eligen para su apariencia humana diferentes personajes, todos ellos grandes iconos del siglo XX: Groucho Marx, Supermán, el Che Guevara, el Papa, Mao, Elvis Presley, Teresa de Calcuta… lo que recuerda sin duda a las tan graciosas como desafortunadas transfiguraciones del protagonista extraterrestre de Sin noticias de Gurb. También contribuyen a lo cómico las estrafalarias indumentarias y el comportamiento festivo, desinhibido de algunos personajes que parecen vivir inconscientemente felices sus vidas de miserables, mientras la protagonista, Shen-Te, que ha tenido contacto con los dioses, parece estar condenada a la infelicidad por su aspiración a ser bondadosa. Esta rebaja de la tensión dramática es necesaria, dada la inmensa tragedia que en realidad es La persona buena de Sezuán.

Porque la historia es, en realidad, dura, muy dura. Shen-Te, una mujer que se ve abocada a ejercer la prostitución, es premiada por los dioses por su hospitalidad, cuando estos visitan Sezuán. Así que le conceden a la mujer la posibilidad de poseer un comercio de tabaco. Los dioses, los "esclarecidos", le piden que sea buena. Pero en cuanto se convierte en una mujer respetable que se preocupa por los demás, todos tratan de aprovecharse de ella, incluso el hombre del que se enamora. La bondad de Shen-Te, utilizada por todos, hace que el negocio corra peligro. Ser buena con los demás y consigo misma es una misión imposible. Sólo su primo Shui-Ta, un tipo de mal carácter y sin pelos en la lengua, aparece para salvar las diversas situaciones, al mismo tiempo que se granjea las enemistades de los mismos que adoran a la bondadosa Shen-Te. Las deudas del estanco llevan a Shui-Ta a abrir una fábrica de tabaco, que rige con mano de hierro. Ante la desaparición de Shen-Te, todos creen que el odiado Shui-Ta la ha secuestrado o incluso asesinado. Pero finalmente descubrimos que ese supuesto primo no es sino un disfraz de la protagonista, la propia Shen-Te. Los dioses se sorprenden, pero ella les explica que no puede subsistir siendo bondadosa, pues el mundo es demasiado miserable para que los buenos consigan salir adelante. Los dioses le dicen que no pueden rebajar sus mandamientos, que deberá tener fe y seguir siendo buena, aunque no le dan esperanzas ni ilusiones: le permitirán si acaso transformarse en ese primo con malas pulgas muy de cuando en cuando.   

Se cierra el telón, y vuelve a abrirse para que los actores saluden. El teatro atruena con los aplausos: el mejor barómetro para medir la satisfacción general. Eso sí, el disfrute del espectáculo no debe ahogar la triste reflexión sobre la bondad a la que Bertolt Brecht pretende llevarnos: ¿Puede nuestra naturaleza humana aspirar a la bondad, o debe conformarse con metas más alcanzables? ¿Existen la amistad, el amor desinteresados? ¿Es posible verdaderamente ser bueno en este mundo injusto y miserable? ¿Son los preceptos religiosos y morales cargas demasiado grandes sobre nuestros hombros? 

A los que estéis a tiempo de ver esta versión de A boa persoa de Sezuán, mi más modesta recomendación. Especialmente a los profes que todavía podáis llevar a vuestros alumnos (Vilagarcía, Ferrol, O Barco), que seguramente tengan muy poquitas oportunidades de ver a una compañía de teatro profesional en acción. Los que queráis una información detallada sobre la obra y su representación, podéis hacer clic aquí. Las imágenes de la presentación de arriba las he obtenido de la web del Centro Dramático Galego.

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2 comentarios

profedelengua -

E que non era cousa de deixar pasar, así polas boas, esta magnífica oportunidade! Haberá que estar atentos a estas representacións "delicatessen"!

Serafín -

Non é doado ir ao teatro desde Verín. Autorizacións, viaxe de ida e volta a Ourense (dúas horas), ameaza de neve nas estradas...
Pero outra vez saíu ben, e máis ca nunca, grazas á túa decisión. Cando parecía que todo se torcía, aínda lembro as túas palabras: "Bertold Brecht nos espera". E todos ao autobús.
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