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ISRAelPROFEDELENGUA

La tumba de Antonio Machado

En mi último viaje por Cataluña y Occitania, del que pronto escribiré el habitual diario, tuve la oportunidad de visitar la tumba de Antonio Machado (1875-1939), en la preciosa ciudad francesa de Collioure. Quien ha estado allí, entiende ese último verso hallado en el bolsillo de su abrigo: "Estos días azules y este sol de la infancia". La luminosidad mediterránea de Collioure le recordó al poeta sus años de niño andaluz, cansado como estaba, viejo como se sentía, la guerra inexorablemente inclinada del lado nacional. Empujado por los avances del ejército de Franco, su personal éxodo -de los combates y de la vida- le llevó a abandonar Madrid para irse a vivir en el pueblecito valenciano de Rocafort (noviembre 1936 - marzo 1938). De allí a Barcelona (abril 1938 - enero 1939) y finalmente, de allí a Collioure, pocos kilómetros más allá de la frontera. El relato que hace Pablo Corbalán de esos últimos años es impresionante "El largo éxodo y la muerte de Antonio Machado".

Apenas vivió un mes más. La neumonía que arrastraba lo vence definitivamente el 22 de febrero, en el Hotel Bougnol-Quintana. A su entierro asistió todo el pueblo, y efectivamente, en el Ancienne Cimitière la tumba de Antonio Machado tiene un lugar principal: es la primera que el visitante encuentra al atravesar el umbral del camposanto. Para quien vaya sin expectativas, la de Machado parece una sepultura acorde con la trascendencia de un hombre sencillo pero de fama reconocida. No existe ningún pretencioso mausoleo; no hay más adorno que las flores y los diversos regalos de los que van a presentar sus respetos. Pero -impresión personal- hombre sobrio y humilde, el poeta de Soledades y de Campos de Castilla probablemente se incomodaría si pudiese ver ese folclore armado en torno a su tumba: flores, banderas, fotografías, placas, papeles diversos... Las palabras de la lápida no pueden siquiera leerse... No quisiera desmerecer todas esas muestras de respeto y cariño, pero es innegable que resulta curioso este barroquizante homenaje a un poeta que en el poema que empieza "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla..." escribió:

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

El próximo lunes 22 se cumplirá el aniversario del fallecimiento de Antonio Machado. Leer y disfrutar algunos de sus poemas seguramente puede ser el mejor homenaje. Yo os enseño uno de mis preferidos, "Era una tarde cenicienta y mustia", un poema como escrito en dos actos...:

Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

            *

    Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

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