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ISRAelPROFEDELENGUA

El funeral (artículo de costumbres).

Llega la hora última, la hora de sellar la piedra de la tumba. Un corrillo de conocidos y semidesconocidos hacen cola, como en la carnicería, y no se conforman con saludar en silencio e irse, sino que, haciendo ostentación de su presencia, como si enseñasen el ticket al tendero, palabrejean al oído de la viuda, del huérfano, creyendo pretenciosos que sus palabras constituyen mayor consuelo que el sencillo susurro del viento en las ramas del magnolio que domina el cementerio. El eco de la última elegía se apaga, al poco marchan los enterradores, y la multitud, por un momento respetuosa a causa del mínimo decoro, ya satisfecha de sí misma y del espectáculo del dolor, retarda su salida del recinto para entretenerse ahora con conversaciones fútiles, cada vez más alegres y ruidosas. La vida sigue... como si nada en realidad hubiese ocurrido. El camposanto se vacía poco a poco, hasta que solo queda en el aire, mezclado con el de los crisantemos, un aroma de soledad y desamparo.

3 comentarios

Hortensia Lago -

Muy buena la reflexión, Israel. Clara, concisa y certera. Y, efectivamente, muy "larriana". ¡Así es el mundo! Cualquier acto social se banaliza, lo importante es salir de casa y relacionarse. ¡Y que alguien lo vea!
No dejes de escribir, efectivamente tienes un blog de gran calidad literaria.
Un abrazo.

israelprofedelengua -

Muchas gracias, José Antonio. Por mi parte confieso que lo tengo (el blog) algo abandonado, maldita sea la hora en la que me hice un perfil de Facebook... :-) Pero comentarios como el tuyo me animan a seguir llenándolo de contenido. Un saludo.

José Antonio -

Acabo de descubrir este blog tuyo hace un rato y ya me he hecho "fijo". He leído varios artículos que me han gustado mucho, de verdad. Mañana entraré más detenidamente. Salud(os) y mi sincera felicitación.