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ISRAelPROFEDELENGUA

Sin palabras

Historia de las vanguardias...

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Después del incendio

Nada que añadir a esto. Magníficas fotos.

Allariz (15/03/2012)

Fotos de Román Nóvoa Pérez - www.imaxinarte.es (todos los derechos reservados)

Historia del arte a través del rostro femenino

Haiti: Qui saît demain? ¿Quién sabe el mañana?

No es una fotografía, sino una captura de pantalla del programa de TVE Informe semanal (sábado 16 de enero), dedicado al terrible terremoto de Haiti. Cualquier imagen que nos llega desde allí refleja la tragedia, la muerte, la impotencia, el sufrimiento... Esta resume a la perfección la incertidumbre sobre el futuro del pueblo haitiano: ¿Quién sabe el mañana? 

Dedos en la arena

A Ksenya Simonova no le iban excesivamente bien las cosas, hasta que decidió compartir su don con el resto del mundo: sus dedos removiendo la arena, historias saliendo de la nada...

Iguales, iguais

En un stand de la Feria de San Lázaro, celebrada en Verín entre el 27 y 29 de marzo, el profe del Taboada Chivite, Víctor Rodríguez, y sus alumnos de Educación Plástica y Visual, organizaron una exposición sobre la igualdad entre hombres y mujeres, a través de dibujos y esculturas de cuerpos desnudos, masculinos y femeninos, realizados en clase: cuerpos diferentes en su constitución, pero iguales en belleza y perfección. Una preciosa exposición, enhorabuena a los chiviteros...

Quino

Quino

Quino es, sin duda, uno de mis humoristas gráficos preferidos. Lo conocí de pequeño, gracias a un libro que alguien había regalado a mi hermana. Pero Quino no es precisamente un autor para niños, aunque Mafalda, Susanita, Felipe, Miguel... sus personajes más conocidos, sean niños. De hecho, en algunos países, Quino tuvo que etiquetar su obra "para adultos" para que sus libros viesen la luz. Quino toca muy diversos temas, pero al tratarlos desde la perspectiva infantil de sus personajes, ahonda en el sinsentido del comportamiento de los adultos. Así que sus historietas se transforman en un análisis a veces cínico, a veces irónico, del absurdo de la existencia de los hombres. Eso no excluye la ternura, la simpatía por los más desfavorecidos. En definitiva, desde el humor, Quino siempre remueve nuestras conciencias.

En su página oficial hay algunos vídeos. Aquí abajo os presento una presentación que me llegó al correo, un buen ejemplo de lo que es Quino.

Julian Beever, pintor de las aceras

Los artistas del Renacimiento descubrieron lo que habría de suponer un antes y un después en el mundo de la pintura: la profundidad. Tiziano, Miguel Ángel, Van Eyck, Leonardo, El Bosco... Después vendría en el Barroco otra gran revolución, definitiva: los juegos con las luces y las sombras, difuminaciones de las formas, colores "dinámicos"... Caravaggio, Murillo, Ribera, Velázquez, Zurbarán... Después Goya, y tras él, coincidiendo con la aparición de la fotografía, el impresionismo y diferentes modos de experimentación "no figurativa", hasta hoy, cuando hay -entre otras- una fuerte tendencia a sacar el arte de los museos, y llevarlo a la calle. Y aquí es donde sobresale el nombre de Julian Beever. Mirad esta presentación y lo entenderéis.

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José Cendón: retrato de la locura

Hoy he desayunado viendo las noticias. Todo apunta a que el periodista español secuestrado en Somalia es el fotógrafo José Cendón, que durante los últimos años había captado con su lente las diversas realidades de Sudamérica, Oriente Próximo y África. Obtuvo el prestigioso World Press Photo por su magnífico trabajo en psiquiátricos de Burundi y el Congo, donde retrató a la perfección la dura historia de los enfermos. No pudo resistir la llamada del continente negro, y estableció su residencia en Addis Abeba, la capital de Etiopía, trabajando para una agencia de noticias francesa. Hace poco, el Daily Telegraph lo había enviado a Somalia, un país del cuerno africano, probablemente uno de los más inseguros del mundo. "Es un mundo aparte, como en las películas del Oeste. Tienes que ir con escolta armada siempre y no estar más de diez, quince minutos en cada sitio. Los blancos somos el objetivo". Ahora mismo solo Dios y sus captores saben el lugar exacto dónde está este gallego de 34 años, cuyo único pecado ha sido no dejarse encadenar a una vida cómoda de desayuno de frutas y cereales, de café y cigarrillo en el sofá de un gran salón, con un televisor de 40 pulgadas en el que pasan la noticia, otra, de que un periodista ha sido secuestrado en un remoto lugar de África.

Entrevista de José Cendón en El País.

Reportaje fotográfico completo Fear in the Great Lakes, en hospitales psiquiátricos de Burundi y la República Democrática del Congo.

Entrevista en la TVG el 7 de mayo de 2007.

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La última hora de Kevin Carter

El día en que Kevin Carter (1960-1994) conectó un tubo de goma al escape de su furgoneta para suicidarse, probablemente condujo muchas horas, buscando un lugar donde refugiarse de sus demonios más profundos; un lugar donde consolarse por la pérdida de la única persona que lo conocía y lo amaba de verdad, su mejor amigo; un lugar donde descansar de la sangre de las matanzas de Sudáfrica de los 80 y 90, que había fotografiado sin pestañear; un lugar donde no tener que dar cuentas a nadie, donde no encontrar a nadie que lo juzgase al preguntarle por qué no había hecho nada por salvar la vida de aquella niña sudanesa que había encontrado por azar en aquel maldito viaje en 1993. Aquella fotografía tan meditada durante casi media hora, aquella diagonal perfecta con el buitre en la parte superior, esperando, el fotógrafo también esperando, venga, extiende las alas para que el efecto sea total, la niña en la parte inferior, muriendo, muriendo. Le habían dado el maldito Pullitzer un par de meses antes por aquella siniestra metáfora de la miseria humana.

Carter se dio cuenta de pronto que había conducido hasta un lugar familiar, luminoso, cerca de un río en el que jugaba de niño, y se sintió mejor. Cerró los ojos y recordó la inocencia de aquellos juegos, las risas, los chapuzones, las plácidas tardes veraniegas... Los párpados le pesaban cada vez más, pero se sentía extrañamente bien, extrañamente aliviado. Se quedaría para siempre allí, donde -ahora lo sabía- había sido feliz por primera y última vez, feliz, feliz, inconscientemente feliz, antes de que ese miserable trabajo -ahora lo sabía- de fotografiar todas las tragedias del mundo endureciese su corazón, aniquilase su humanidad. Carter encendió la música y tarareó una antigua canción, hasta que el monóxido de carbono lo sumió definitivamente en un sueño placentero, largo, del que nunca habría de despertar.

Leed también el artículo "La fotografía de la pesadilla", de John Carlin, publicado en El País.

W. Eugene Smith: "Spanish village".

W. Eugene Smith: "Spanish village".

Portada de la revista Life (9 de abril de 1951).

La segunda edición de PHotoEspaña llega a Galicia homenajeando, entre otros, a W. Eugene Smith (1918-1978), considerado el padre del reportaje fotográfico, famoso por sus ensayos fotográficos, uno de los más importantes dedicado al pueblo extremeño de Deleitosa. El 9 de abril de 1951 se publicó en la revista Life un fotorreportaje de 17 imágenes con el título "Spanish Village: It Lives in Ancient Poverty and Fait", y con el que plasmó la vida cotidiana de los españoles del rural a principios de los años 50. Su trabajo fue permitido por el régimen de Franco con el objetivo de airear los efectos del bloqueo económico internacional; el mundo entero vio a través de esas imágenes de miseria y atraso la consecuencia natural de la dictadura franquista.

Smith labró su reputación como reportero gráfico durante la II Guerra Mundial, para las revistas Flying o Parade; vivió en portaaviones y participó incluso en el desembarco de los marines en Okinawa (1945). Pero la cámara de Smith no retrataba solo un lado de los combatientes, sino, de un modo más general y trágico, los efectos devastadores de la guerra. Después, Smith prefirió trabajos más íntimos, más humanos, pero con la misma habilidad innata de reflejar las tragedias más profundas: la labor de un médico rural, el trabajo de una partera negra en el sur de EE.UU., los efectos de la contaminación en un pueblo japonés...

Os pongo abajo, extraídas del diario hoy.es, y éste a su vez de PHotoEspaña, algunas de las imágenes del reportaje de Smith sobre Deleitosa: realismo puro, sin photoshop... Y como siempre, en expresividad, en fuerza dramática, el blanco y negro siempre gana de largo, ¿no creéis?










Charlie Cole: El hombre de la plaza Tian'anmen ante los tanques del Ejército


El 13 de mayo de 1989, la plaza de Tian’anmen (‘Plaza de la Puerta de la Paz Celestial’, la más grande del mundo), se convirtió en el escenario de una de las protestas antigubernamentales más multitudinarias de la historia. Los manifestantes, en su mayoría estudiantes, reclamaban una apertura del régimen comunista; numerosos grupos de obreros secundaron la protesta a causa de la corrupción política y la escalada de precios. El 4 de junio, después de que centenares de estudiantes hubiesen incluso iniciado una huelga de hambre, el Gobierno envió el ejército para suprimir las protestas; la Plaza fue abandonada, pero en las calles aledañas se libró una auténtica guerra campal en la que, según fuentes no oficiales, murieron 2500 personas (las fuentes gubernamentales hablaron de 400 muertos). El 5 de junio el fotógrafo norteamericano Charlie Cole, enviado especial de Newsweek, tomó con un teleobjetivo desde la octava planta del hotel Beijing (a unos 800 metros) la imagen de hoy, en la que un hombre anónimo se sitúa solo, en pie, ante una columna de tanques. La fotografía, premio World Press Photo 1989, dio la vuelta al mundo y el Tank men, “el hombre del tanque”, se convirtió en el icono de la lucha democrática contra la represión. La imagen es sencilla, pero impactante, por la contraposición de los dos sujetos principales: el hombre y la columna de tanques. El enmarque sin horizonte (solo aparece la calle) y la sucesión de líneas diagonales que “llenan” la fotografía favorecen la plasticidad de la imagen.

Casi 20 años después, el tema de Tian’anmen es todavía tabú en los círculos políticos chinos, y numerosas voces autorizadas siguen acusando al gobierno de ese país de no respetar derechos humanos fundamentales.

A continuación podéis leer traducido al castellano el espeluznante relato de Charlie Cole de los hechos para la BBC:

"En mayo de 1989 fui enviado por la revista Newsweek a Beijing para cubrir como fotógrafo las protestas diarias de estudiantes, que cada vez eran mayores. Dos de los fotógrafos de la revista, Peter Turnley y Andy Hernández ya llevaban algún tiempo allí. Unos pocos días después de mi llegada, las protestas parecían haber tocado techo. Las concentraciones y la actividad habían declinado tanto que muchos de los fotógrafos y escritores empezaron a retornar a sus respectivas bases en la región asiática. Newsweek me dijo que me quedara.

En la tarde del 3 de junio, después de un día de tensos enfrentamientos entre el Ejército de Liberación del Pueblo y los manifestantes, el ejército empezó a rodear el centro de la ciudad y eventualmente empezó a colocar tanques y vehículos blindados de transporte de tropas en el corazón de la Plaza de Tian’anmen. En el fondo de la plaza, justo enfrente de la Ciudad Prohibida, uno de estos vehículos se separó de su columna, y en su intento por salir de la zona de manifestación, atropelló a varias personas. Esto, a su vez, provocó que la gente se volviera más violenta. Inutilizaron el vehículo, sacaron a la tripulación, los mataron, y quemaron el carro. Todo se hizo a la vista de varios pelotones del ejército a unos 150 metros en el borde de la plaza. De pie, al lado del vehículo en llamas, miré la final de la avenida y en el brillo naranja de las luces de la plaza pude ver como el ejército aseguraba y cargaba sus AK-47.

Miré alrededor buscando cobertura, pero no había ninguna -las únicas zonas que ofrecían alguna protección estaban detrás en la avenida Changan cerca del Hotel Beijing. Justo en el momento en que alcancé unos árboles en la avenida, los soldados abrieron fuego contra la muchedumbre en el fondo de la plaza. El pánico se apoderó de todos mientras la gente era alcanzada.

Estaba demasiado oscuro y era muy difícil sacar fotos; usar el flash evidentemente no era una buena opción. Miré alrededor y decidí que la única fotografía posible tenía que tomarse desde el tejado de un edificio alto, con una amplia perspectiva de la plaza. Entré en el Hotel Beijing, pero al entrar, fui placado por miembros de la policía secreta china. Uno de los agentes me golpeó en el costado con una porra eléctrica. Otros me dieron puñetazos y patadas. Me arrancaron el chaleco de fotógrafo y me quitaron todos los rollos que había utilizado esa tarde-noche. Iban a quedarse las cámaras pero les convencí de que eran inútiles sin película, así que me las devolvieron y les dije que me iba a mi habitación. La secreta no había encontrado tres rollos sin usar en uno de los bolsillos interiores del chaleco.

Mientras corría por el vestíbulo del hotel, choqué con mi amigo Stuart Franklin, un fotógrafo de Magnum contratado por Time magazine. Stuart tenía una habitación en el hotel, en la planta octava, y desde el balcón teníamos una buena vista de lo que estaba sucediendo. En esos momentos había bastantes disparos de armas automáticas y podía ver a gente corriendo con rickshaws [los carritos típicos chinos] trasladando a los heridos para llevarlos al hospital. Conté 64 heridos o muertos en un corto periodo de tiempo y entonces dejé de contar. Stuart y yo intentamos sacar fotos con la luz natural de la calle pero dio muy poco resultado. Entre las cuatro y cinco de la mañana, columnas de tanques entraron en la plaza aplastando en su camino arbustos, bicicletas y cuerpos. Cuando empezó a salir el sol, pudimos ver las tropas armadas en la plaza escoltadas por miles de soldados del ejército.

Al día siguiente, 5 de junio, Stuart y yo nos encontrábamos otra vez en el balcón. Mientras la mañana avanzaba, cientos de soldados se alineaban en los extremos de la plaza y se escondían tras las barricadas. Sus fusiles apuntaban a los estudiantes. En casi todos los tejados, incluyendo el nuestro, podíamos ver agentes de la secreta con prismáticos y radios intentando controlar la zona.

Al mediodía, oímos arrancar a los vehículos de transporte de tropas, que empezaban a salir de la plaza. Para despejar la avenida Chang’an, algunos de los soldados con ametralladora abrieron fuego sobre la gente, que huyó otra vez presa del pánico. Donde antes había cientos de personas, ahora solo quedaban bicicletas abandonadas y autobuses quemados. Poco después, una columna de unos 25 tanques empezó a bajar por la misma avenida. Stuart y yo estábamos hombro con hombro, disparando las cámaras mientras avanzaban los tanques. De repente en la acera, vimos a un hombre joven, con una chaqueta en una mano y una bolsa de la compra en la otra, ponerse en el camino de los tanques en un intento de detenerlos.

Era una cosa increíble, especialmente tras haber visto a los soldados despejar la calle con metralletas. No me lo podía creer, y seguí disparando anticipándome a lo que creía que sería su final. Para mi sorpresa, el primer tanque se detuvo, e intentó avanzar evitando al joven. Pero este se volvió a interponer una y otra vez, subiéndose incluso al tanque. Finalmente la policía secreta lo cogió y se lo llevaron. Stuart y yo nos miramos con el asombro de no acabar de creer lo que acabábamos de ver y fotografiar.

Más tarde, Stuart se fue a la Universidad de Beijing; yo me quedé para ver si pasaba algo más. Poco después de irse él, agentes de la policía secreta irrumpieron en la habitación. Cuatro agentes me agarraron mientras otros cogían mis cámaras. Arrancaron los rollos de mis cámaras y me confiscaron el pasaporte. Después me obligaron a escribir una declaración de que había estado sacando fotos durante un periodo de Ley Marcial, prohibición que yo desconocía y que conllevaba una larga sentencia de prisión. Después pusieron un guardia en la puerta. Había escondido el rollo de las fotos en su contenedor de plástico y lo había sumergido en la cisterna del baño. Cuando se fueron, lo recuperé y conseguí llegar a AP (Asociated Press) para revelarlo y transmitirlo a Newsweek en Nueva York. Otros tres fotógrafos tienen fotografías desde distintos ángulos.

Varias agencias y revistas han intentado descubrir la identidad del hombre y lo que hicieron con él. He visto a varias fuentes llamarle Wang Wei Lin, pero no es seguro. Personalmente creo que el gobierno lo ejecutó. Habría ido en interés del gobierno mostrarlo vivo para acallar las protestas del resto del mundo. Pero nunca pudieron. En aquellos tiempos la gente era ejecutada por mucho menos que lo que hizo él. Pienso que su acto cautivó los corazones de la gente en todo el mundo, y cuando llegó el momento su carácter definió el momento en vez de dejar que el momento lo definiese a él. Él compuso la imagen, yo solo saqué la foto. Fue un honor estar allí."

Stephen Morton: Nueva Orleans tras el "Katrina"

"Una sola fotografía nos puede hacer reír o llorar, nos hace mirar hacia adentro o pregunta al mundo que nos rodea". Bajo este lema, Stephen Morton lleva más de 25 años tras el objetivo de su cámara, captando la realidad norteamericana de forma tan veraz como perspicaz y creativa. Sus fotografías aparecen en las páginas de prestigiosas publicaciones como The New York Times, The Washington Post, Sports Illustrated, Time, Newsweek, The Chicago Tribune...

La fotografía de hoy fue tomada a principios de septiembre del año 2005 en Luisiana, tras el paso del huracán Katrina. La composición es tan espeluznante como perfecta: el bosque de postes de electricidad ocupa la mitad superior de la imagen; el agua del que emerge ese bosque, la mitad inferior. Y en primer plano, unas señales de tráfico evidentemente inútiles que no hacen sino reforzar la sensación de dramatismo.

La magnitud de la catástrofe se desprende fácilmente de lo que vemos: el Katrina dejó a su paso 1836 muertos y 705 desaparecidos. Los efectos del huracán fueron especialmente graves en Nueva Orleans, situada bajo el nivel del mar, en la orilla del río Mississippi: los diques de contención del lago Pontchartrain no aguantaron y el 85% de la ciudad resultó totalmente inundada.Tres años después, la ciudad todavía no se ha recuperado, y ha perdido más de la mitad de su población.

Santiago Calatrava (aprovechando el GP de F1 de Valencia)

El fin de semana pasado tres amigos cumplimos una vieja ilusión: ver en vivo un gran premio de Fórmula 1. La celebración en Valencia del Gran Premio de Europa era la ocasión perfecta, así que, mil kilómetros de coche y al “gran circo”. La experiencia fue tremenda (a pesar de la frustración por el abandono de Alonso, jo), aunque, la verdad, escuchamos más que vimos y tuvimos que soportar cierta desorganización, quizá los inconvenientes normales de un evento que se organiza por primera vez, y que se organiza además en las tripas de una gran ciudad.

De Valencia lo que más me impresionó fue nuestro paseo nocturno por la Ciudad de las Artes y las Ciencias, “el mayor complejo lúdico-cultural de Europa”, como rezan los folletos turísticos, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava, que sí ha sido profeta en su tierra. Forma el magnífico conjunto el Palau de las Artes Reina Sofía (una cabeza de alien creo yo), el Hemisfèric (con forma de ojo), el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (quizá el cuerpo de un reptil prehistórico), el Umbracle (una estructura de arcos semejantes a hojas de palmera), el Oceanografic (enorme, 40 millones de litros nada menos). Realmente pareciera que un gran animal de las profundidades marinas acabase de salir a superficie. Impresionante.

Santiago Calatrava es uno de los arquitectos más reconocidos internacionalmente, y muchas obras suyas son contempladas en ciudades de todo el mundo. Las principales singularidades de Calatrava son su preferencia por el color blanco (que transmite pureza y sencillez) y sus diseños basados en elementos de la naturaleza. Todas sus obras –en hormigón y acero sobre todo- están caracterizadas por su dinamismo, por la sensación de movimiento, por su armonía estética. Entre todos sus diseños, la Ciudad de las Artes y las Ciencias es sin duda el de más repercusión. También su proyecto para el futuro World Trade Center de Nueva York, el nuevo puente de Venecia, la Turning Torso de Malmö... Claro que no todos sus trabajos cuentan con el favor popular, pero sin duda ninguno provoca indiferencia. Eso es el arte por definición…

El coste de estos proyectos arquitectónicos de vanguardia es el mayor problema; por ello, y sobre todo cuando se pagan con dinero público, muchos de esos proyectos generan tremendas polémicas o terminan directamente en la papelera (pensemos en la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela, por ejemplo). Pero, ¿pueden medirse estas obras de arte en términos de rentabilidad? ¿Podría medirse en términos de rentabilidad la catedral de Burgos, por ejemplo? ¿Qué sería de Florencia sin el mecenazgo de los Medici?

El Estado se ha convertido en el principal mecenas de los arquitectos del momento, pero es evidente que el Estado ha de buscar una rentabilidad social –incluso antes que económica- en sus inversiones. En el caso de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, esa rentabilidad parece garantizada, ya que se ha convertido en la seña de identidad de la Valencia del siglo XXI. Según dice el Govern de la Generalitat y el amigo Ecclestone, el Street Circuit Valencia no lo será menos, aunque los sufridos vecinos digan lo contrario.

Las fotos de mi intenso fin de semana las tenéis aquí.

Leonardo Vidal

Leonardo Vidal (Ordelles, Ourense, 1942) está afincado en Verín desde hace muchos años, y es uno de los artistas verinenses cuya fama ha traspasado fronteras. Viejo amigo de Antonio, el profe de Sociales que se jubila, no faltó a su comida de despedida, y pude conocerlo y charlar con él (bueno, incansable engarzador de anécdotas, era él quien más charlaba...). Cuando le pregunté cómo definía su estilo pictórico, dudó un segundo (quizá el temor de todo artista a ser encasillado) y después dijo "Hiperrealismo". El hiperrealismo, que tiene en Antonio López uno de sus máximos exponentes, trata de utilizar técnicas fotográficas, como el zoom, el macro... para plasmar en el lienzo fragmentos, o muchas veces "microfragmentos" de la realidad, hasta las más mínimas sombras. El efecto del encuadre es sorprendente, como si se hubiese pintado encima de una fotografía, como si se hubiesen añadido unos "polvos mágicos" en el negativo del carrete... Aquí os cuelgo (nunca mejor dicho "cuelgo", al tratarse de cuadros) las obras de Leonardo Vidal que más me han gustado, y que tienen como protagonista común los libros. Son buenos, ¿verdad? Pues nada, a deleitarse...

Pila de libros (2004). Libros y torso (2004).

Carteles de la República

Carteles de la República

No os perdáis la presentación de Serafín de los carteles de la República (1931-39), todos sobre educación y cultura, y que son auténticas joyas sacadas de entre las ruinas de una época triste no tan lejana...

Por cierto, echadles un vistazo al resto de "slide-shows" de Serafín, que merecen la pena... Aquí una imagen de Serafín (homo bibliotecarius) en su hábitat natural...Sonrisa

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Vietnam: el sufrimiento a través de la lente de una cámara

Las cuatro fotografías de hoy corresponden a tantos otros momentos de la historia reciente de Vietnam, cuando era todavía un país dividido. Vietnam, el país más oriental de la Indochina, en el sudeste asiático, pasó a formar parte del imperio colonial francés a mediados del siglo XIX. Proclamó su independencia durante la II Guerra Mundial; acabada ésta, Francia quiso recuperar el país, pero sin éxito. Los Acuerdos de Ginebra pusieron fin al conflicto y dividieron al país en dos por el paralelo 17: Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, en espera de una futura consulta democrática sobre su unión que nunca llegó a celebrarse. La Guerra Fría acentuó la distancia entre los dos Vietnam; el norte, comunista y apoyado por China y la URSS, frente al sur, prooccidental, apoyado por los EE.UU. Las crecientes tensiones políticas y nacionalistas condujeron a la guerra en 1958, en la que intervino de forma directa y frustrada EE.UU. desde 1965 hasta 1973. Los norvietnamitas tomaron Saigón, la capital del Sur, en 1975. En 1976 se produjo la anexión y reunificación definitiva bajo el nombre de República Democrática de Vietnam.

Hoy Vietnam sigue siendo un país pobre, pero, abierto a las inversiones extranjeras y al turismo, alberga unas previsiones económicas de alto crecimiento a medio plazo. Los vietnamitas parecen mirar con un poco de optimismo el futuro. Sin embargo, el pueblo vietnamita ha sufrido como pocos las arbitrariedades e intereses de las potencias extranjeras y las incompetencias y abusos de poder de los propios gobiernos nacionales. De ese sufrimiento dan fe estas magníficas fotografías, ganadoras todas ellas del premio World Press Photo. Los textos que acompañan las imágenes son de World Press Photo.

Malcolm W. Browne (EE.UU.), Associated Press. Saigon, Vietnam del Sur, 11 de junio de 1963.

El monje budista Thich Quang Duc se prende fuego a lo bonzo en protesta contra la persecución religiosa del gobierno survietnamita. Aturdido por el horror y el olor a carne quemada, Browne acertó a disparar cuatro rollos del monje, que murió en silencio. Sus fotos impulsaron al Presidente J. F. Kennedy a retirar el apoyo al gobierno de Ngo Dinh Diem, derrocado cuatro meses más tarde.


 

Kyoichi Sawada (Japón), United Press Internacional. Loc Thuong, Binh Dinh, Vietnam del Sur, septiembre de 1965.

Una madre y sus hijos cruzan el río escapando de los bombardeos norteamericanos. Sawada bajó audaz a la orilla del río, bajo el fuego estadounidense, para tomar la foto. Luego, cuando llegaron a su lado, limpió los ojos del niño más pequeño. La viuda de Sawada dijo que sus fotografías de las tragedias de la guerra habían tenido una gran repercusión, pero que lo habían convertido en un hombre tenso y taciturno.


 

Eddie Adams (EE.UU.), Associated Press. Saigon, Vietnam del Sur, 1 de febrero de 1968.

El jefe de la Policía Nacional survietnamita Nguyen Ngoc Loan ejecuta a un hombre sospechoso de pertenecer al Viet Cong. Pálido entre los disparos, Adams vio a soldados survietnamitas traer detenido un presunto Viet Cong a una esquina de la calle, donde se supone que sería interrogado. En lugar de ello, Loan fue hacia él, y sin mediar palabra le apuntó con una pistola y le ejecutó. Años más tarde, Adams se vio a sí mismo tan definido y obsesionado por la imagen, que la quitó de su estudio.


 

Nick Ut Cong Huynh (Vietnam), Associated Press. Trangbang, Vietnam del Sur, 8 de junio de 1972.
Phan Thi Kim Phuc (en el centro) huye del lugar en el que los aviones survietnamitas han arrojado napalm por error. Nick Ut recuerda cómo esta ahora famosa niña se quitaba la ropa quemada gritando “¡Nong qua!” (¡Muy caliente!), y cómo le echó agua de su cantimplora para tratar de enfriarla. Después puso a todos los niños en su furgoneta y los llevó al hospital de Cu Chi.


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