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In memoriam Virgilio Vangioni: Salmo 23

In memoriam Virgilio Vangioni: Salmo 23

Alguien definió el Salmo 23 como uno de los poemas más hermosos de todos los tiempos. Fueron las últimas, definitivas, palabras de consuelo que escuchó Virgilio Vangioni, antes de morir la noche del 28 de noviembre. Le conocí hace 17 años, cuando yo no era más que un adolescente, en un campamento en la isla de Ons, y se ganó para siempre mi respeto. Hasta en los momentos más duros, nunca perdió su sentido del humor, su infinita afabilidad. Me regaló un profundo abrazo la última vez que lo vi, en Marín, hace apenas unos meses. Gracias, Virgilio. Ahora ya descansas en los brazos del Buen Pastor.

El Señor es mi Pastor,
nada me faltará.
En lugares de pastos delicados
me hará descansar,
Junto a aguas tranquilas
me pastoreará,
me confortará,
me guiará por sendas justas,
por amor de Su nombre.

Aunque ande en el sombrío valle de la muerte,
no temeré ningún mal,
porque Tú estarás conmigo:
Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento.
Preparas la mesa para mí
cuando me rodean los que me angustian;
unges mi cabeza con aceites.
Mi copa rebosa.

Nada más cierto: el bien y la misericordia
me seguirán todos los días de mi vida.
Y en la casa del Señor viviré para siempre.

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