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ISRAelPROFEDELENGUA

"Nada permanece tanto como el llanto", de Jacques Viau Renaud

"Nada permanece tanto como el llanto", de Jacques Viau Renaud

La tragedia permanente en la que vive Haiti, uno de los países más pobres del mundo, se ha visto agravada hasta el infinito por un terrible terremoto que ha provocado miles, quizás cientos de miles, de muertos. Las imágenes que nos llegan desde la pequeña nación caribeña -vecina de República Dominicana- son estremecedoras. Igual que los versos del haitiano-dominicano, Jacques Viau Renaud (1941-1965), "poeta de una isla y de dos pueblos". Jacques Viau Renaud fue hijo de un importante lí­der polí­tico demócrata haitiano, Alfred Viau, que pudo haber llegado a la Presidencia del país en 1957. Pero las elecciones, fraudulentas, determinaron la victoria de François Duvalier, que se convirtiría en un sanguinario dictador -uno más en la historia haitiana- durante muchos años. Alfred Viau se exilió en 1958 a República Dominicana con su familia y ejerció allí como profesor de francés. Seguía el profesor Viau un ritual en sus clases: entraba, saludaba, tomaba un trozo de tiza y escribí­a en la pizarra alguna frase famosa que ensalzaba valores y principios éticos. El joven Jacques, que tenía a la sazón diecisiete años, escribiría poco después:

Estoy tratando de hablaros de mi patria,

desde aquí­,

desde mi guarida salina,

desde Santo Domingo,

quizás os hable de ambas:

son dos terrones complementarios,

puntos cardinales de mi tristeza

caí­dos de la rosa de los vientos

como amantes cuyos abrazo se rompieran.

           

Mi patria

es una tierra elevada

de dilatados herbazales y doradas mazorcas que cruzan los mares y se van muy lejos

mientras los hombres del montes y la llanura se dilatan hambrientos.

Allí­ he nacido,

de allí­ partí­ atado a la sangre

solo, después de los años,

descubrí­ en mi pecho la mancha roja;

entonces aprendí­ a leer en las hojas,

a hablar con la tierra

y a callar cuando ella reconstruí­a la historia

de los muchos muertos que la sustentan,

de la sangre que alimentó sus frutas,

del llanto que sostuvo la precocidad de sus montes.

Mucho tiempo ha transcurrido desde que partí­,

nada ha cambiado:

siguen los mismos montes pelados,

la misma vegetación de vegetales y girasoles,

de cafetales oscuros y pastizales estrellados.

Solo el hambre ha crecido,

ya no hay lugar en los cementerios

ni en los ojos llanto

ni en mi isla patrias.

 

 

En República Dominicana gobernaba todavía Leónidas Trujillo, uno de los más crueles dictadores de América Latina. Tenía pese a todo firmes opositores públicos, como las hermanas Mirabal, las "mariposas" del Movimiento14 de junio, encarceladas y torturadas hasta que finalmente fueron asesinadas a finales de 1960. Pero Trujillo convirtió en mártires a las activistas: las presiones internas y externas debilitaron al dictador, hasta que fue asesinado en 1961 por sus propios acólitos. El escritor Juan Bosch se convirtió en 1963 en el primer presidente democrático de la República Dominicana, iniciando una serie de reformas constitucionales de carácter social y político que fueron interrumpidas siete meses después por un golpe de estado militar. Miembros pertenecientes al Movimiento 14 de junio iniciaron campañas de resistencia armada y, finalmente, militares constitucionalistas se alzaron en la que se denominó "Guerra de abril del 65". Entre los combatientes que lucharon y murieron por restaurar la democracia y las libertades estaba el que para entonces era ya un conocido poeta, profesor en el Liceo dominicano: Jacques Viau Renaud. El levantamiento acabó definitivamente con la intervención del ejército de EE.UU., temerosos de una República Dominicana comunista, de una nueva Cuba. Viau Renaud murió, pero sus versos, eternos, cantan permanentemente la tragedia de Haiti, de todo el Caribe, las tragedias de toda Latinoamérica. "Nada -dijo él- permanece tanto como el llanto":

.

¿En qué preciso momento se separó la vida de nosotros,
en qué lugar,
en qué recodo del camino?
¿En cuál de nuestras travesías se detuvo el amor
para decirnos adiós?
Nada ha sido tan duro como permanecer de rodillas.
Nada ha dolido tanto a nuestro corazón
como colgar de nuestros labios la palabra amargura.
¿Por qué anduvimos este trecho desprovistos de abrigo?
¿En cuál de nuestras manos se detuvo el viento
para romper nuestras venas
y saborear nuestra sangre?
Caminar... ¿Hacia dónde?
¿Con qué motivo?
Andar con el corazón atado,
llagadas las espaldas donde la noche se acumula,
¿para qué?, ¿hacia dónde?,
¿Qué ha sido de nosotros?

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2 comentarios

israelprofedelengua -

Me alegro de que te haya gustado Viau Renaud: la verdad es que sus versos son tan extraordinarios como -desgraciadamente- actuales.

Hortensia Lago -

Me emocionan los poemas de Viao Rinaud, a quien no conocía (aunque estuve mirando en internet algo sobre literatura haitiana apenas encontré textos). Esperemos que esta no se convierta también en otra de tantas tragedias humanitarias olvidadas. Gracias por la información. ¡Qué buen trabajo!
Saludos.
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