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ISRAelPROFEDELENGUA

Queridos (¿Reyes?) Magos de Oriente...

Queridos (¿Reyes?) Magos de Oriente...

Ya hace mucho tiempo que no sé de vosotros, aunque no me extraña: ésta es la primera carta que os escribo en décadas, y hace mucho tiempo que dejé de poner las zapatillas a la vista, a la puerta de casa. Claro que tampoco pongo un tazón de chocolate y un balde de agua (para los camellos) con los que reponer fuerzas. Sí, ya sé que no es que no hagáis las cosas desinteresadamente, que bastante hacéis, sino que necesitáis un algo de fe y un mínimo de hospitalidad por nuestra parte...

Si algo puedo decir en mi favor, es que siempre he sido más partidario vuestro que del barrigudo vestido de rojo por arte y gracia de Coca-Cola. Me parece un advenedizo, un poquillo aprovechado. No es que dude de sus buenas intenciones, pero me parece un poco falso su "¡ho, ho, ho!". Desde hace tiempo su competencia es feroz. Incluso he leído por ahí que algún pedagogo recomienda eliminar directamente vuestra sacrosanta festividad para eliminar días de vacaciones y dejar los regalos en exclusiva del gordo barbudo. Para no malcriar a los niños, por lo visto, con tanto regalo. Y para que estudien más y mejor. Que acorten las vacaciones, bueno, pero, ¿eliminar el día festivo de Reyes? Ay, qué disgusto, majestades, qué disgusto...

Bueno, de todos modos, ya sabéis que no soy ningún fanático de estas fechas. Conozco el significado de la Natividad, comprendo el sentido de las letras de las canciones dedicadas al Niño, el simbolismo del oro, el incienso y la mirra... Es una hermosa historia de esperanza, de vida. Pero reconozco que se me hace cansado tanto ir y venir, tanta mala digestión de tan abundantes manducatorias (claro, y como yo no me sé controlar, que la comida me pierde, que eliminen la cena de Nochebuena...), tanta decepción porque no toca el Gordo (de momento hay salud, no pasa na’)... Pero, si no fuera por la Navidad... no vería a todos mis amigos y familiares simultáneamente, ni vería a mucha gente que ha formado parte de mi vida (ex-compañeros de Facultad, ex-compañeros de Oposición...), ni tendría la esperanza de hacerme millonario, ni recibiría el tradicional SMS de Juanjo, que siempre dibuja en mí una buena sonrisa...

En fin... ¡Ah! Que me deje de rodeos... Que qué quiero yo de regalo... Se ve que estáis apuradillos de tiempo, que estáis acostumbrados a la típica petición concreta y no a tanto rollo... Pues nada, no es que quiera nada. Quizá aprender a contentarme, a apreciar lo que tengo, que no es poco. De todos modos, esta carta no era para pedir ningún regalo, simplemente me apetecía charlar...

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