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ISRAelPROFEDELENGUA

"Carpe diem"

"Carpe diem"

A pesar de las muchas sombras del período, el siglo XVI fue, a grandes rasgos, una época auténticamente revolucionaria en toda Europa. El desarrollo de las relaciones comerciales y el nacimiento de la burguesía, los nuevos avances técnicos y científicos, el fin del feudalismo y el nacimiento de los Estados nacionales, el crecimiento de las ciudades... configuraron un nuevo paisaje social y cultural. El oscurantismo religioso y la superstición cedieron ante el empuje reformador del erasmismo y del protestantismo de Lutero. Incluso el Descubrimiento de América fue determinante para redescubrir la naturaleza (imaginaos tres frágiles carabelas cruzando miles de millas náuticas por el Atlántico) y verla no como una fuente de miedo, sino como una fuente de inspiración. El hombre se siente más protagonista, más capaz de emprender metas hasta ese entonces imposibles, preparado para conocerse y reflexionar sobre sí mismo (de ahí el gusto por los mitos clásicos, por ejemplo) y empezar a tomar las riendas de su propio destino. La vida ya no es un "valle de lágrimas", como en la Edad Media, es una oportunidad de ser mejor, de ser más feliz. Esto no quiere decir que los hombres del Renacimiento cayeran en el hedonismo más feroz, a una alocada fiesta de los sentidos; al contrario, aspiraban a la perfección, al ideal, lo que en la práctica artística se reflejaba en obras serenas, equilibradas, entre las que el David de Miguel Ángel es perfecto paradigma.

Esas enormes ganas de vivir de otra manera y esa autoafirmación existencial del hombre, favorecieron las múltiples reelaboraciones de un tema clásico, el carpe diem, que deriva de la Oda IV de Horacio:

Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.

Vive el día de hoy. Captúralo.

No fíes del incierto mañana.

Y continúa:

Huye de preguntar sobre el mañana.

Echa en tu cuenta el día.

-sea cual sea- que te da la suerte,

y no desprecies, mientras eres joven,

el amor y las danzas,

en tanto la vejez, blanca y ceñuda,

está alejada de tu edad en flor.

Ahora es el tiempo: el campo de Marte,

plazas, suaves murmullos,

                                    citas nocturnas, risas

mágicas que traicionan

                                   a la muchacha oculta

en un rincón, o la prenda

                                  arrancada a su brazo

o a su dedo que poco se obstina

                                  en resistir.  

Horacio hace un llamado a no ser esclavos de los errores del pasado, a huir de las ansiedades del futuro. El De rosis nascentibus de Ausonio, con su famoso verso "Collige, virgo, rosas...", es más conciso, pero conserva esa línea maestra:

Coge, doncella, las rosas, mientras está fresca

la flor y fresca la juventud,

pero no olvides que así se desliza también la vida.

Y este es el famosísimo poema de Garcilaso de la Vega, recreando este mismo tópico literario, pero con un acento mucho más personal, donde la primera persona del poema no es un yo que filosofa sobre el vitalismo o el paso del tiempo, es un verdadero yo lírico que invita a una mujer a gozar del amor. Para entenderlo mejor y disfrutarlo más, fijaos en las exquisitas metáforas tomadas de la naturaleza; la armónica combinación de adjetivos y sustantivos; el idealismo espiritualizado de la belleza de la mujer, la donna angelicata; la delicada sensualidad de su melena suelta al viento, reflejada con maestría en el desorden sintáctico; el color de los primeros once versos, donde impera la vida, y que se deslizan en suaves encabalgamientos -sin pausa, sin darnos cuenta llegamos casi al final...- hasta el fin del primer terceto; el ritmo fúnebre, esticomítico, de la última estrofa, en blanco y negro, donde reina la muerte..

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.



PS. Doscientos y pico años depués, tras escribir un poema durísimo como "Fatal"
(¡y no saber adónde vamos, / ni de dónde venimos!...), escuchamos cómo dice Rubén Darío en su "Poema de otoño":



Y, no obstante, la vida es bella,
por poseer
la perla, la rosa, la estrella
y la mujer.
[...]
y nuestras vidas son la espuma
de un mar eterno!
[...]
Cojamos la flor del instante;
la melodía
de la mágica alondra cante
la miel del día!


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