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ISRAelPROFEDELENGUA

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson

A las 3:14 de la madrugada de hoy, 23 de julio, terminé la página 749, la última, de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson. Es el libro más largo que he leído desde La Regenta; la verdad es que siempre me dieron pereza los libros tochones, pero alguien tenía razón cuando me hablaba del placer que supone leer una novela extensa cuando te engancha desde la primera página. Una gran verdad, como comer tu plato preferido horas y horas, sin que tu estómago proteste…

 

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina es la segunda entrega de la trilogía Millenium, la penúltima de la saga (salvo descomunal sorpresa…). Una novela, que sencillamente, te atrapa. Por lo menos, a mí sí. ¿Cuáles son los secretos? Cito diez a continuación:

  •  El narrador es omnisciente, en cuanto que sabe lo que piensan y sienten los personajes, pero va adoptando continuamente su perspectiva a través del estilo directo e indirecto libre (para saber más sobre esto, pinchad aquí), lo que va confiriendo a la historia un interesante dinamismo narrativo.
  • En general, la historia trata un tema de interés social y periodístico evidente, el tráfico de mujeres y el comercio del sexo, pero los continuos tour de force van propiciando que los acontecimientos afecten la propia historia particular de los personajes, en este caso, de Lisbeth Salander (éste es un acierto absoluto en esta novela).
  • “Lenguaje” clásico de novela negra. Periodistas, policías, fiscales, abogados, espías, asesinatos, armas, móvil, acusaciones, conspiraciones… Todo lo que espera un lector de novela negra.
  • Sentimientos universales se dan cita: deseo, venganza, amor, odio, remordimiento, ambición…
  • Es interesante constatar como a veces el lector sabe menos que los personajes, forzándole a formular hipótesis y teorías, y a veces sabe más, llevándole a momentos de marcada angustia. Larsson maneja este recurso narrativo con maestría, igual que el de la intriga. El desenlace se retarda en ocasiones dando lugar a buenas dosis de suspense; y cuando parece que un misterio se resuelve, otro enigma aparece, hasta que al fin todas las piezas del puzzle encajan.
  • Cuatro partes que se estructuran en capítulos, capítulos que se estructuran en secuencias, ni muy largas ni muy breves (notoriamente más breves hacia el final de la novela). Una manera de presentar la acción equilibrada, que busca la variedad de puntos de vista y de escenas narrativas, y evita el cansancio del lector.
  • Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander constituyen una pareja explosiva. Se quieren pero se odian, se necesitan el uno al otro pero no acaban de congeniar. Él es un hábil periodista de investigación, tenaz y algo testarudo, atractivo y seductor, un hombre de éxito, un “don perfecto”. Ella es una chica de pinta extravagante, una pirata informática, con un pasado oscuro, rebelde y antisocial, con un extraño sentido de la moral, dotada de una inteligencia extraordinaria. Una pareja magníficamente pensada, pero irónicamente desparejada a lo largo de la novela.
  • El espacio es extraordinariamente exacto y detallado. Un lector de Estocolmo disfrutará aún más de una novela de calles y plazas, bares y restaurantes, perfectamente reconocibles, cuya cotidianeidad constituye un claro recurso de verosimilitud narrativa.
  • Por fin una novela negra del siglo XXI, cercana al lector y a sus intereses, de modo que van desfilando por las páginas de la novela temas y costumbres sociales que le son familiares (pearcings y pechos de silicona, programas de ordenadores y sistemas de vigilancia, juegos sexuales y muebles de Ikea, los medios de comunicación…).
  • Estilo neutro, periodístico, coloquial muchas veces, de descripciones objetivistas… Un estilo personal, “de autor”.

 

Diez razones por las que considero La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina una novela negra sobresaliente. Vale, no es el libro 10. Digamos "notable" en lugar de sobresaliente. No he perdido cierta conciencia crítica. Por ejemplo, la aparición del boxeador Paolo Roberto de repente en la acción me parece poco fundamentada, como metida a presión… Vale. Recordemos que estamos hablando de un escritor que después de su horas de trabajo se metía a escribir en su despacho horas y horas... No se trata del típico escritor que pule una y otra y otra vez sus borradores. Pero es innegable su prolijidad narrativa. Y quién me quita a mí lo bien que lo he pasado la última semana, quién…Venga, ¿qué mejor plan para estos días soleados/chubascosos de verano que una adictiva lectura? Yo pronto empezaré con La reina en el palacio de las corrientes de aire. Pero me asalta una duda. Quizá cuando lo lea, tendré mono de más. Y jó, no hay más…

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