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ISRAelPROFEDELENGUA

Castelo de Arnoia, Celorico de Basto

Habíamos planificado un fin de semana rural, aprovechando estos veraniegos días de septiembre, y la verdad es que la elección resultó ser acertadísima: un lugar solitario de acceso complicadillo, un castillo en ruinas en lo alto de una colina, una casa preciosa de piedra e interiores de madera, una piscina absolutamente relajante, un buen libro (Las bicicletas son para el verano, de Fernán Gómez)... y una buena compañía. Portugal nos regaló esta vez un pequeño paraíso en medio de ninguna parte, aunque no exactamente: el Támega, que tan familiar nos es por razones obvias, bañaba riberas cercanas, tierras de Basto...

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