"No bad words"

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Escuela himba, Namibia. Una foto que mi hermana sacó en su último viaje...

Sábado, 19 de Abril de 2014 21:14 profedelengua Enlace permanente. Enseñanza y pedagogía No hay comentarios. Comentar.

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"Detenido un exprofesor por matar a un amigo en una discusión de literatura"

Y es que las discusiones sobre literatura pueden acabar como el rosario de la aurora... Para muestra, un botón.

Martes, 25 de Febrero de 2014 19:41 profedelengua Enlace permanente. Noticias No hay comentarios. Comentar.

El sello

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Él le dijo que se desvistiera, y ella obedeció con sumisión. Se azoró cuando la vio desabotonarse el vestido y su cuerpo desnudo apareció, como la carne de una fruta tierna después de quitársele una cáscara molesta. El hombre recorrió con los ojos su cuello, sus hombros, sus pechos, su cintura, sus muslos…  Sintió un hormigueo intenso, y después el monstruo que se despertaba desde las cavernas del deseo, calentándole las mejillas. A duras penas consiguió contenerse, y con una voz que no ocultaba su desazón, le ordenó sentarse. Pudo respirar el aroma a primavera de su piel mientras la inmovilizaba con las correas. El roce leve de su mano lo ruborizó. Después cogió el sello de metal y lo imprimió en su antebrazo. Ella no se quejó, y su entereza acabó de desconcertarle. Pero trató de recobrar la compostura:

-Bienvenida, A 25747.

Por primera vez cruzó sus ojos con los de él. Eran unos ojos negros y profundos.

-Me llamo Rebeca Goldberg.

Y recalcó cada sílaba con una dignidad desafiante.

La insolencia de aquella mujer le devolvió a la realidad. Estaba siendo muy poco profesional. Le sostuvo la mirada como pudo, y se esforzó en una mal disimulada indiferencia:

-Tú no eres nadie. Tú ya no tienes nombre.

Le señaló la puerta. Ella se vistió un uniforme de rayas, adornado con una estrella amarilla, y salió de la estancia, con el paso firme y la cabeza alta. Él todavía la persiguió en una última mirada furtiva.  Y luego gritó con fuerza, como quien recupera la energía perdida después de un momento de debilidad:

-¡El siguiente!

Lunes, 03 de Febrero de 2014 20:30 profedelengua Enlace permanente. Microrrelatos del profe de lengua No hay comentarios. Comentar.

La boa

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Un corro de mujeres preocupadas se arremolinó ante el chico, pálido como un fantasma. Las piernas en alto. Así... Dejadle espacio para que respire. Poco a poco recobró la consciencia… Ya, ya estoy mejor. Estaba avergonzado. Pero no por saberse el centro de todas las miradas, no. Avergonzado por haber perdido el sentido como un idiota, ante la visión de aquella diosa rubia ceñida en licra negra, que delante de él había estado flexionando, estirando, flexionando, estirando, ondulando su cuerpo celestial hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás, como una ola ingrávida, como una boa salvaje encerrada en la jaula de una clase de pilates.

El palacio de cristal

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Era un hombrecillo absolutamente insulso, con una vida ordinaria desprovista del más mínimo interés. Pero en el interior de su cuarto de baño, García era alguien extraordinario. La mampara de la ducha era un pasaje a un mundo de maravillas, del que él era simultáneamente creador y criatura. Bajo el chorro de agua caliente, reblandecida la epidermis y dilatados los capilares, ese hombrecillo minúsculo viajaba en el tiempo y en el espacio para vivir las vidas que él no podía vivir. Construía sus historias meticulosamente, disfrutando de cada detalle de cada destino, de cada curva de cada mujer que amaba. El tiempo se detenía bajo esa lluvia de sensaciones. A sus ojos las gotas caían muy despacio, tanto que si quisiera, podría contarlas.

Al principio aquello no fue más que un juego inocente, pero poco a poco se convirtió en un rito adictivo. Su ducha se transformó en su vida. Nada había más allá de los límites de la mampara, nada más que aquellos sueños fantásticos envueltos en la bruma de vapor. Y un día decidió encerrarse para siempre entre aquellos muros de vidrio templado. Tomar una ducha eterna. El viaje definitivo. Y así fue. Tras unas horas, su corazón apenas palpitaba ya, pero su mente volaba poderosa por Oriente. Después de dos días enteros bajo el agua, su piel se había disuelto en una especie de velo translúcido. Y a la mañana del tercer día, mientras le hacía el amor a una princesa persa,  todo él acabó por deshacerse en una pasta acuosa, todo él se derramó por el sumidero, hasta que desapareció por las cañerías de las identidades vacías, hacia las alcantarillas del olvido.

Domingo, 26 de Enero de 2014 00:40 profedelengua Enlace permanente. Microrrelatos del profe de lengua No hay comentarios. Comentar.

El Rincón de Reyes

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Descendió la Gran Vía despacio, escondido bajo un abrigo viejo. Caminaba cabizbajo, con la mirada perdida en el suelo, ajeno a la marea de gente que iba y venía, acera arriba, acera abajo. Al fin acabó la calle y se detuvo, sin saber qué dirección tomar. Alzó la frente y vio el espacio abierto de la Plaza de España, y a continuación, la inmensa mole de la Torre de Madrid, que recortaba el horizonte entre las luces del crepúsculo. Giró entonces hacia su derecha, por la pequeña y discreta calle de Reyes. Vislumbró a una decena de metros una taberna, en el bajo de un edificio de ladrillo. En la puerta, dibujadas en ventanales, palabras que invitaban a entrar: Tostas, vinos, cafés, vermús, combinados.  Aceptó la invitación y entró. Pidió un vodka con tónica, que le trajo sin demasiada ceremonia una camarera de acento extranjero. Miró con disgusto la rodaja de limón en el fondo del vaso, pero no protestó. La bebida estaba demasiado  ácida, demasiado fuerte, pero apuró la copa de un trago. Pidió una segunda copa.

Tres chicas jóvenes entraron, alegres, ruidosas, por la puerta, y se sentaron frente a él. Las tres estaban muy maquilladas, vestidas informalmente las tres con deportivas, mallas ajustadas y jerséis de lana flojos. Le parecieron actrices, o bailarinas, sí, bailarinas, seguramente las bailarinas de alguno de esos jodidos musicales que últimamente estaban tan de moda. Hablaban, reían con excitación. Brindaron con agua mineral, bebieron a la salud de un nuevo proyecto que cambiaría sus vidas, y siguieron charlando animosamente, sin advertir al hombre desconocido que las miraba fijamente. A él una de ellas le pareció especialmente hermosa, una diosa pelirroja de pelo alborotado, y no pudo dejar de mirarla, tan pura, tan perfecta. Le atravesó una puñalada de envidia. Embotado por el vodka, abrumado por la luz que irradiaba aquella Bella Trinidad, su semblante acabó por oscurecerse por completo. Apretó las mandíbulas, y ciego de rencor, odió con todas sus fuerzas aquellas beldades que le recordaban de manera tan evidente su existencia triste y marchita, en especial aquella ninfa roja, edénica, aquella puta que parecía que iba a reventar de felicidad. Al fin ellas se levantaron y pagaron la cuenta. La mujer pelirroja anunció que debía ir al baño, y propuso a sus compañeras que la esperaran en bastidores. La puerta de atrás de un teatro estaba a apenas unos metros de la taberna.

Solo una hora más tarde, comenzó la función en el Coliseum, donde se estrenaba la última versión de un célebre musical, esperado con expectación desde hacía semanas. Se apagó la luz, se hizo la música. La espectacular puesta en escena provocó los primeros murmullos de aprobación, y la mágica aparición del grupo de bailarinas arrancó los primeros aplausos. La simetría de sus movimientos no era, sin embargo, completa: una bailarina, para la que no había sustituta, faltaba. El coreógrafo estaba endemoniado por la ausencia inesperada, pero nadie en el público pareció advertir la anomalía. De hecho, los espectadores acabaron coreando en éxtasis las canciones del musical, y finalmente dedicaron a los protagonistas un aplauso de varios minutos. Los titulares del periódico del día siguiente alabaron en letras capitales el estreno, y el crítico especializado auguró meses y meses de éxito continuado. En la sección de sucesos, en letra más menuda, pasó más inadvertida la noticia de la muerte de una mujer de veintitrés años, de iniciales L.O.B., asesinada en el baño de una taberna de la calle Reyes.

Sábado, 11 de Enero de 2014 20:41 profedelengua Enlace permanente. Microrrelatos del profe de lengua No hay comentarios. Comentar.

Los consejos del tío Abel

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Una tarde que con mi hermana estábamos haciendo nuestras tareas en la mesa del comedor, mi tío se acercó para curiosear porque estaba desocupado, pensando y caminando por la casa con las manos atrás. De pronto se detuvo al lado de Graciela y le preguntó:
─¿Te molestarías si de vez en cuando te alcanzo una crítica cordial o sugerencia relacionada con tus estudios?
─Ni tonta que fuera, tío.
─Pues la primera es… que escribas con caracteres más grandes y claros; luego, que respetes los márgenes y no invadas hasta el filo la página. El cuaderno de un alumno es la representación de éste. Cualquier profesor podría juzgar cómo eres con sólo darle un vistazo a tu cuaderno. Y no te incomodes con la ayuda que aquí en casa te demos. Se dice con justicia que detrás de un buen estudiante hay una familia que lo apoya.
Siguió paseándose y preguntó:
─¿Cómo pueden ustedes estudiar sin un diccionario al lado? ¿Cómo hacen para saber el significado real de una palabra que está en los textos?
─Es que estoy estudiando Biología ─explicó Graciela
─¿Y eso qué tiene que ver? El diccionario es una herramienta de trabajo para quien estudia cualquier curso y quiere entender bien lo que lee. Igual, si lo que desea es escribir con corrección.
Me paré y fui en busca del modesto diccionario que usábamos. El tío criticó:
─¡Cada uno debe tener su propio diccionario y usarlo al lado siempre! Es negativo aquello de "suponer" significados. Veamos: ¿cómo definen, por ejemplo, la palabra… hum… silla? ¿Qué creen que dice el diccionario de la simple palabra silla, que están ustedes usando y que conocen bien?
─¡Fácil! ─se lanzó mi hermana─: es algo que sirve para sentarse... y así poder comer, estudiar, etcétera.
─Sé más explícita. La palabra "algo" no define nada. Es como si me dijeras que es una "cosa" que sirve para sentarse. Dime: ¿una piedra grande puede ser una silla? Yo podría sentarme en una…
─Es un mueble…
─¡No! ¡Una cama es un mueble y también sirve para sentarse, echarse, saltar y parase en ella!
─¿Un asiento con cuatro patas? ─insistió.
─¡No! ¡Tú te puedes sentar en una mesa que tiene cuatro patas y por eso no se convierte en silla!
─¡Ay, pero ni loca que fuera! ¡Bueno, ya, no sé! ─concluyó renegando─. ¡Me rindo! ¿Puedo ver lo que dice el diccionario de la bendita palabra "silla"?
─Búscala tú misma ─ordenó mi tío─. ¡Y quiero ver cuánto te demoras!
─Ya pues, tío…
Graciela hojeaba el diccionario haciendo ruido y mojándose con saliva la yema de los dedos. Él entonces prorrumpió molesto:
─¿No te han enseñado en el colegio cómo tratar a un libro? ¡Ni siquiera sabes hojearlo! No me digas que ningún profesor se ha tomado un tiempo para enseñar a sus alumnos un conocimiento tan elemental y tan importante. Mucha gente al verte se dirá: "Si así es con un libro, ¡cómo será comiendo!".
─Ya pues, tío…
─¡Nada de "ya pues, tío"! Tu hermano te enseñará ahora mismo cómo hojear y tratar a los libros. Y una vez que lo aprendas, los autorizo a revisar mi diccionario enciclopédico y cuantos ejemplares necesiten. Si yo los tengo, son suyos. Los libros se han hecho para leerse, compartirse y gastarse; no para exhibirse y apolillarse en los anaqueles. Todos mis libros pueden ser revisados por ustedes; el único requisito es que lo hagan con las manos limpias y con cariño. Lo ideal es leer, leer y leer: quien lee conduce, quien no lee, tiene que dejarse conducir. Los libros nos hacen libres. Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma… Leer es el verbo que transforma vidas… ¿Encontraste ya la palabrita esa?
─Ya, tío ─anunció ella y leyó─: "Silla. Asiento con respaldo, por lo general con cuatro patas, y en que sólo cabe una persona".
─Asiento… respaldo… una persona… ¿ya ven? ─observó él─; si una palabra tan simple y doméstica no puede ser definida por ustedes, ¿cuán difícil no les será precisar el significado de otras de mayor erudición? Un diccionario a la mano es la solución inteligente.
Sus palabras nos dejaron pensando y mirándonos de reojo. Desde entonces pusimos en práctica todo lo que nos aconsejó el tío Abel con relación al uso de ese libro y otros en general; y fue también motivo para que mi hermana insistiera con mamá y la hiciera comprar un moderno diccionario para ella solita. Recuerdo que cuando la encontré revisándolo por primera vez me preguntó con seriedad:
─Dante: ¿sabes por qué "todo junto" se escribe separado y por qué "separado" se escribe todo junto?
─No. Todavía no lo hemos estudiado.
─¿Y sabes por qué un perro mueve la cola?
─No ─respondí intrigado y mirando su libro.
─¡Fácil, pues, hermanito! Porque no puede ser al revés. Una simple cola, ¡nunca por nunca podría mover a un perro!
Y cerró el volumen con su clásica sonrisita burlona que sabe bien que me hace renegar.

Castillo Zubiaga, Jorge: Dulce hogar, querido colegio.

Sábado, 14 de Diciembre de 2013 20:25 profedelengua Enlace permanente. Lengua y lenguaje No hay comentarios. Comentar.

Íncipit

La primera línea de cualquier texto, qué difícil acertar... Los íncipit más célebres de la historia de la literatura, piezas maestras en obras maestras (visitad esta página y disfrutad :-).

Martes, 10 de Diciembre de 2013 23:58 profedelengua Enlace permanente. Historia de la literatura No hay comentarios. Comentar.

Imperativo

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Sábado, 26 de Octubre de 2013 22:11 profedelengua Enlace permanente. Humor terapéutico No hay comentarios. Comentar.


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