Héroes del silencio

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Para mí, todo empezó a finales de los años 80, con "Mar adentro", perteneciente al álbum El mar no cesa (1988). Esa canción, que yo escuché por vez primera con catorce años, era la expresión perfecta de las sensaciones que bullían en mi turbio interior adolescente. Fue la primera vez que me identifiqué con una canción de una manera definida, cuando aprendí que la música no era solo ritmo y melodía, sino una sublime forma de comunicación. 

Mi romance con Héroes del silencio llegó a su punto culminante con la publicación en 1990 de Senderos de traición, el álbum definitivo, más hecho, más concentrado, más heroico. Con las letras de "Entre dos tierras", "Maldito duende", "Senda", "Hechizo", "Oración"... me hice joven, y empecé a comprenderme a mí mismo. Cantarlas a pleno pulmón era una liberación para mí, un hecho casi trascendente. Bumbury y los suyos me acompañaban siempre en mis momentos más oscuros y taciturnos.

He de encontrar
una senda que me lleve a un lugar,
y no me siento capaz de iniciar
nueva vida sin más.
Quisiera emprender
la aventura que no me haga volver,
dejar de una vez
lo que yo mismo no puedo entender.

Por una vez
lo que siempre soñé hacer,
prometerme
construir una senda.
Por una vez
lo que siempre soñé hacer,
prometerme
construir una senda
que pueda recorrer.

Detrás de un disfraz,
tartamundo ante la adversidad,
con un hilillo de voz
se va la poca razón
que nos permite tu escaso valor.
Y he de cruzar,
dar el paso hacia una vida anterior,
si hay destellos de magia
entre los besos de la traición.

Por una vez
lo que siempre soñé hacer,
prometerme
construir una senda.
Por una vez
lo que siempre soñé hacer,
prometerme
construir una senda que pueda recorrer.

Luego la música de Héroes se fue apagando, igual que los ecos de mi adolescencia. Pero no puedo evitar un escalofrío cada vez que escucho alguno de sus temas...

Aquí está en vídeo uno de sus conciertos del tour 2007, en México DF:

Viernes, 20 de Noviembre de 2009 00:41 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Perlas musicales. No hay comentarios. Comentar.

Dudas legales

Hace un par de semanas, nos reunimos los baroncelianos Departamentos de Lingua Galega y de Lengua castellana para un feliz propósito: tratar de uniformizar nuestros programas didácticos. Una simple discusión informal, nada más. Discutimos de manera constructiva la idoneidad de ciertos contenidos gramaticales, la necesidad de incidir más en la práctica textual oral y escrita, la manera de simultanear el estudio de las distintas etapas de la historia de la literatura... 

Sin embargo, una cuestión no formulada explícitamente nos impedía llegar mucho más allá: ¿qué hacer si el Diseño Curricular Base es lo suficientemente claro respecto a los contenidos que deben ser impartidos en cada curso? ¿Qué hacer si el propio DCB impide la armonización de contenidos entre los diversos Departamentos? Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que en 4º, en Ciencias Sociales, se estudie la Revolución Industrial del siglo XVIII mientras en 3º, en la asignatura de castellano, se estudia hasta la Ilustración, y en la asignatura de gallego se llega hasta el Rexurdimento del XIX? ¿Por qué en 3º tenemos los profesores de lengua castellana que explicar a los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II... la historia de los siglos de Oro, mientras los de Historia solo imparten contenidos de Geografía?

Sin duda sería recomendable una mayor interconexión de los respectivos programas. Pero nadie podrá decirnos que nosotros no somos los primeros interesados; esta vez, no somos los profesores los únicos culpables de un sinsentido que provoca tamañas discrepancias y desconciertos. La última pregunta es obvia: ¿obediencia o insumisión?

Domingo, 15 de Noviembre de 2009 15:49 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Enseñanza y pedagogía. Hay 3 comentarios.

Dedos en la arena

A Ksenya Simonova no le iban excesivamente bien las cosas, hasta que decidió compartir su don con el resto del mundo: sus dedos removiendo la arena, historias saliendo de la nada...

 

Martes, 10 de Noviembre de 2009 19:46 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Lenguajes no verbales. No hay comentarios. Comentar.

José Luis López Vázquez

Hoy ha fallecido José Luis López Vázquez, uno de los actores clásicos españoles. Era una muerte anunciada, tras una larga enfermedad, pero, de niño, yo ya lo había visto sentir la tragedia de saberse solo y mortal, en el más glorioso cortometraje que yo haya visto en mi vida, La cabina (1972), de Antonio Mercero. Descanse en paz.

Lunes, 02 de Noviembre de 2009 22:51 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Cinematógrafo. No hay comentarios. Comentar.

El efecto Pigmalión

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El efecto Pigmalión se define como una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

La historia de Pigmalión merece ser contada. Era Pigmalión el rey de Chipre, que buscaba a una mujer perfecta para convertirla en su esposa. Como las chicas no daban la talla -o él era muy exigente- decidió crear una escultura (era un excelente escultor) en la que plasmar la perfección de una mujer. Al terminarla, la vio tan perfecta que se enamoró perdidamente de ella, dándole todos los cuidados que le daría a una mujer de carne y hueso. En unas fiestas en honor a Afrodita, Pigmalión le pidió a la diosa que le diera la vida a su escultura. Afrodita se compadeció de él, y le concedió su deseo. Así Pigmalión y Galatea, su nueva reina, fueron felices y comieron perdices...

Pigmalión consiguió que su profecía-escultura se hiciese real. Y esto mismo nos ocurre a muchos, hacemos cumplir nuestras propias profecías. Un ejemplo sencillo para entendernos. El primer día de un profesor sustituto suele ser difícil; se somete al juicio implacable de sus nuevos alumnos: "Vaya pinta de estirao, este tipo nos va dar el trimestre". He aquí la profecía. Evidentemente, sus rostros reflejarán lo que piensan, el profesor lo interpretará como un signo de hostilidad y se pondrá a la defensiva con ellos, convirtiéndose en un autoritario estirao para no perder el control del aula. La profecía se ha cumplido: "Ya te decía yo que era un estirao".

Otro ejemplo. Al empezar el curso, un profesor puede pensar de un alumno repetidor: "Aquí tengo otra vez al vago este, ojalá que al menos se comporte y no me fastidie el curso". He aquí la profecía. Inconscientemente, el profesor dará pocas oportunidades al chico, será implacable con él, y este inmediatamente se sentirá marginado y se descolgará al instante del ritmo de las clases, siendo el vago que todo el mundo esperaba que fuese. "Ya lo decía yo, que este chico es incorregible".

El efecto Pigmalión está instalado en nuestra médula espinal. Todos nos consideramos unos fisonomistas, unos "perros viejos", unos profetas clarividentes. Imagínense lo que diría el profesor de primaria de un tal Albert Einstein, cuando este, con seis años, todavía no sabía escribir. "Este chico no vale" o algo peor. Menos mal que Einstein no dejó que esa profecía se cumpliera, quizá porque hubo otros profesores que rompieron el círculo, que sí tuvieron unas altas expectativas de él y vieron la potencialidad de aquel muchacho de aire despistado. Todos, en mayor o menor medida, somos víctimas de este efecto Pigmalión, y de todos es la responsabilidad de convertir estos "círculos viciosos" en "círculos virtuosos".

Estas reflexiones me vinieron a la mente al leer el artículo de Ángeles Caso para el Magazine del 4 de octubre, en el que la escritora habla de la hipocresía de nosotros, los adultos, cuando criticamos a los jóvenes sin reparar en el penoso ejemplo que les estamos dando (y de aquellos barros, estos lodos). Yo añadiría que también fomentamos sus comportamientos con nuestras bajas expectativas (Pigmalión). A algunos profesores se les llena la boca hablando de lo desastrosos que son sus estudiantes. Pero, ¿cómo van a actuar nuestros jóvenes si no esperamos de ellos otra cosa? Cambiemos nuestras expectativas y quizá empecemos a cambiar algo. Quizá no salvemos al mundo, pero, ¿quién nos garantiza que no hay un Einstein escondido entre los pupitres? 

 

JÓVENES

 

Se ha puesto de moda hablar mal de nuestros jóvenes. Que si son unos maleducados y unos irresponsables, que si no tienen respeto por nadie, que si lo quieren todo regalado y no se esfuerzan en nada, que si lo único que saben hacer a conciencia es emborracharse… No sé, quizá tenga mucha suerte, pero jamás pensaría cosas semejantes de las chicas y los chicos que me rodean.

 

No es que todos ellos sean lumbreras intelectuales ni individuos abnegados en busca del bien común. Son, simplemente, personas normales, con las virtudes y los defectos propios no sólo de su carácter individual, sino también de la educación que les hemos dado nosotros, sus padres, la gente de mi generación, los que fuimos niños en los años 60, los que empezamos a practicar el sexo a los 16, y nos cogíamos entonces las primeras borracheras, y pasamos muchas noches en las discotecas hasta la madrugada, y suspendimos muchos exámenes por no estudiar lo suficiente, y creímos que las drogas nos ofrecían el paraíso. ¿O es que se nos ha olvidado que hubo un tiempo en que también fuimos así? (Muchos, por cierto, siguen en lo mismo).

 

Queremos que nuestros hijos respeten a los demás. Por supuesto. Pero, ¿es eso lo que les enseñamos cuando nos oyen desde pequeños soltar juramentos al volante del coche, insultar al árbitro del partido que vemos en la televisión, hablar a voces a nuestra pareja o negar el saludo y las gracias al tendero que nos despacha? ¿Es eso lo que aprenden de los necios enfrentamientos de los políticos o de muchos periodistas que despliegan su talento para el desprecio al otro en nuestros medios de comunicación? Queremos que se esfuercen por estudiar y formarse. ¿Pero es eso lo que les transmite una sociedad que valora infinitamente más al jugador de fútbol, a la mujer despampanante o al tipo que cacarea estupideces en la pantalla que al sabio más sabio o al mejor de los seres buenos? Queremos que sean tranquilitos y no se emborrachen. ¿Pero es eso lo que aprenden de un país en el que beber es lo normal y ser abstemio se considera en cambio una anomalía por la que hay que pasar la vida disculpándose?

 

Queremos, en fin, que nuestros hijos sean lo que ni nosotros ni nuestro entorno hemos sabido o tal vez ni siquiera deseado enseñarles. ¿No deberíamos entonces dejar de criticarles un poco y, por una vez, contemplar nuestro propio y casposo ombligo?

Martes, 27 de Octubre de 2009 02:45 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Enseñanza y pedagogía. Hay 2 comentarios.

¿Te gusta la poesía?

Imagen de cabecera del blog La magia de la música y las letras

A esta pregunta la inmensa mayoría de nuestros alumnos responden "no". Entienden ellos por poesía, porque quizá así se lo han -hemos- enseñado desde siempre, unas columnas de versos prácticamente ininteligibles, unos extraños objetos de estudio que han de bautizar de alguna manera (sonetos, romances, liras, coplas...), y donde han de contar sílabas, descubrir sinalefas, buscar rimas, inventariar figuras literarias de enrevesados nombres (sinécdoques, pleonasmos, hipérbatos, anadiplosis...). Sin embargo, mienten. La poesía les encanta; incluso se saben muchos poemas de memoria. Sencillamente, no saben que las letras de las canciones de sus grupos favoritos pueden considerarse como poesía, digna además de ser estudiada en la clase de Lengua y Literatura. Sí, repito, digna de ser estudiada en la clase de Lengua y Literatura.

Esta tesis que hoy presento puede parecer descabellada. Por ejemplo, alguien podrá aducir que esos supuestos poemas no pueden considerarse literatura porque la poesía seria está escrita para ser leída en silencio, o para ser recitada; a la poesía de verdad no le hace falta un acompañamiento musical que la mayor parte de las veces lo único que hace es disfrazar el contenido del texto, porque la letra está en función de la música y no al revés.

Pero quienes sean de esta opinión, ignoran que los orígenes de la poesía fueron orales, y así fue durante siglos, hasta la invención de la imprenta. Desde esos inicios, la poesía siempre estuvo asociada a la música, desde los rapsodas griegos hasta los juglares con sus cantares de gesta. La palabra poética siempre fue musical. Cuando se extendió la palabra escrita, la poesía comenzó a escribirse también para ser leída en silencio, o recitada, pero esta clase de poesía siempre estuvo vinculada a élites culturales y nunca llegó a popularizarse del todo. Sólo algunos escritores excepcionales, como Bécquer por poner un ejemplo, gozaron de una completa difusión en todos los círculos sociales. Es más, en el siglo XX es innegable que fue la música, de la mano de los grandes cantautores sobre todo (desde Víctor Jara hasta Joan Manuel Serrat), la que ayudó a la difusión de las obras de los grandes poetas.

Puede que alguien piense que esos supuestos poemas, envueltos en sus acordes "rockopoperos" o sus ritmos raperos, carecen de la clase literaria de los textos de autores consagrados como Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez. Y que es necesario empezar a "cultivar" el gusto de nuestros alumnos con los escritores pata negra, no con letristas de dudoso talento. Es posible, pero mediocres, los hay en todas partes y, lo mismo que a veces la letra de una canción nos pone los pelos de punta, un poema famoso puede resultarnos totalmente anodino. Y, por otra parte, ¿quién nos ha hecho jueces sobre lo que es bueno, como si perteneciésemos a alguna "academia del buen gusto"? ¿Acaso poetas reconocidos hoy no fueron considerados unos parias en su tiempo? ¿Pretendemos imponer un canon poético determinado, o queremos inculcar en nuestros estudiantes el amor por la poesía? 

Creo sinceramente que perdemos una gran oportunidad de conocer a nuestros alumnos, de motivarlos, de integrar sus intereses con los nuestros, al no aprovechar las enormes posibilidades que nos brinda ese infinito número de canciones que rodean nuestra existencia diaria. Potenciar la sensibilidad artística y la expresividad lírica de los chicos a partir de sus preferencias musicales es posible y deseable. Y muchas canciones de La oreja de Van Gogh, El canto del loco, Juanes, Amaral, La quinta estación, Carlos Baute, Julieta Benegas, Miguel Bosé, Joaquín Sabina... además de provocar intensas emociones, presentan un riquísimo lenguaje poético. Después, quizá esos alumnos estén más maduros para recorrer con más ganas ese maravilloso camino que es la historia de nuestra literatura. Bueno, perdón. Es que ya lo habrán iniciado.

PS. Hay una fantástica web donde encontraréis cientos de poemas musicalizados: http://www.musicalizando.com/ Echadle un vistazo que seguro que encontráis algo útil.

Domingo, 25 de Octubre de 2009 00:11 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Enseñanza y pedagogía. No hay comentarios. Comentar.

1825 días...

Amor, aquí está tu regalo... (activa los altavoces).

Te quiero...

Viernes, 23 de Octubre de 2009 03:58 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Perlas musicales. Hay 2 comentarios.

"Las bicicletas son para el verano", de Fernando Fernán Gómez

Cartel de la versión cinematográfica de la obra.

Las bicicletas son para el verano es la deliciosa obra de teatro con la que Fernando Fernán Gómez (1921-2007) ganó el premio Lope de Vega, en 1977. Cinco años más tarde la obra se representó, por fin, en el Teatro Real de Madrid el 24 de abril de 1982, de la mano de actores como Agustín González, quien también protagonizó la versión cinematográfica que Jaime Chávarri dirigiría al año siguiente.

Las bicicletas son para el verano refleja la vida normal de una familia madrileña normal durante la Guerra Civil, con sus preocupaciones, sus aspiraciones... Me impactó al instante; al leerla, vislumbré hasta qué punto una inmensa mayoría de españoles que no eran conscientes del desastre que se avecinaba, fueron envenenados por una minoría de fanáticos que los arrastraron a una guerra que en realidad nunca entendieron (esta es la tesis que lleva Arrabal al absurdo en Picnic). Por supuesto, el autor retrata en sus personajes la diversidad de posicionamientos ideológicos de los españoles de la época, desde el nulo compromiso político hasta el anarquismo más utópico. Anselmo, el anarquista, sirve de portavoz a las ideas del Fernán Gómez adulto, pero en realidad, el autor se identifica con Luisito, el chico de quince años (la edad que Fernán Gómez tenía en 1936, y que hoy tienen nuestros alumnos de 3º/4º de ESO) que quiere que su padre le compre una bicicleta para el verano. Desgraciadamente, ese verano feliz nunca llega, y la bicicleta se convierte en un símbolo de ilusiones y sueños rotos.

Os dejo con la primera escena, que espero que os sirva de estímulo para que leáis, aquellos que no lo habéis hecho, este magnífico texto teatral.

(Campo muy cerca —casi dentro— de la ciudad. Cae de plano el sol sobre los desmontes, sobre las zonas arboladas y los edificios a medio construir. Se oye el canto de los pájaros y los motores y las bocinas de los escasos coches que van hacia las afueras. Por las carreteras sin asfaltar, por los bosquecillos y las zonas de yerba, pasean dos chicos como de catorce años, PABLO y LUIS. Llevan pantalones bombachos y camisas veraniegas.)

PABLO.—Me ha dicho Ángel García que a él le ha gustado un rato. Es de guerra, ¿sabes?

LUIS.—Ya, ya lo sé.

PABLO.—A mí son las que más me gustan.

LUIS.—¿Vas con tus padres?

PABLO.—Sí, como todos los domingos. Se han empeñado en ir al "Proye".

LUIS.—Pero ahí echan Vuelan mis canciones.

PABLO.—Claro, por eso. Me han mandado a las once a la cola, pero yo he sacado las entradas para el "Bilbao". Luego les digo que en el "Proye" ya no quedaban, y listo.

LUIS.—Se van a cabrear.

PABLO.—Sobre todo mi madre. Las de guerra no las aguanta.

LUIS.—La mía tampoco. Le gustan sólo las de amor.

PABLO.—¿Tú cuál vas a ver?

LUIS.—Yo, Rebelión a bordo, de Clark Gable.

PABLO.—Todavía no la he visto. Debe de ser de piratas.

LUIS.—Sí; a mí, por las fotos, eso me ha parecido.

PABLO.—¿Vas con Arturo Romera?

LUIS.—Sí. Vienen también Ángel García y Socuéllamos.

PABLO.—¿Y Charito y Coca van a ir con vosotros?

LUIS.—No las han dejado en sus casas.

PABLO.—Os habrán dicho eso. Seguro que se van con los del Instituto Escuela.

LUIS.—(Con un falsísimo encogimiento de hombros trata de simular indiferencia.) Bueno.

PABLO.—Ayer estuvimos en el "Ojo del Lagarto" y estaban allí con ellos dos.

LUIS.—Sí. Van todas las tardes. (Quizá para cortar la conversación, se deja caer por un pequeño terraplén al que han llegado. PABLO le sigue.) ¿Y novelas de guerra has leído? Yo tengo una estupenda.

PABLO.—¿Cómo se llama?

LUIS.—El tanque número 13. Si quieres, te la presto.

PABLO.—A mí no me gusta leer novelas. El cine, sí. En el cine lo ves todo. En cambio, en las novelas no ves nada. Todo tienes que imaginártelo.

LUIS.—Pero es como si lo estuvieras viendo.

PABLO.—¡Qué va! Y, además, son mucho más largas. En el cine en una hora pasan la mar de cosas. Coges una novela, y en una semana no la acabas. Son un tostonazo.

LUIS.—Pues yo en una novela larga, de las que tiene mi padre, tardo dos días. Bueno, ahora en verano, que no hay colegio. Y me pasa lo contrario que a ti: lo veo todo. Lo mismo que en el cine.

PABLO.—No es lo mismo.

LUIS.—Pero bueno, tú, cuando lees novelas verdes, ¿no ves a las mujeres?

PABLO.—Bueno..., me parece que las veo. Pero, ¡joder, si hubiera cine verde!

LUIS.—¿Y no te crees que las cosas que cuentan en esas novelas te están pasando a ti?

PABLO.—Sí, pero eso es otra cosa.

LUIS.—Es igual. Yo, ahora mismo, me acuerdo de El tanque número 13 y puedo ver aquí los combates.

PABLO.—¿Aquí?

LUIS.—Sí, esto podría ser un buen campo de batalla. En aquel bosquecillo está emboscada la infantería. Por la explanada avanzan los tanques. Los tanques y la infantería son alemanes. Y allí, en aquella casa que están construyendo, se han parapetado los franceses.

PABLO.—Aquello va a ser el Hospital Clínico.

LUIS.—Ya, ya lo sé.

PABLO.—También habría nidos de ametralladoras.

LUIS.—Sí, aquí, donde estamos nosotros. Un nido de ametralladoras de los franceses. (Gatean hasta la elevación por la que se han dejado caer. Imitan las ametralladoras.) Ta-ta-ta-ta...

PABLO.—Ta-ta-ta-ta...

LUIS.—Primero avanzan los tanques. Es para preparar el ataque de la infantería... Alguno vuela por los aires, despanzurrado... ¿No lo ves?

(PABLO le mira, sorprendido.)

LUIS.—Aquel de allí... Es porque todo este campo está minado por los franceses... ¡Dispara, dispara, Pablo, que ya sale la infantería del bosquecillo! ¡Ta-ta-ta! ¡Ta-ta-ta!

PABLO.—(Que se ha quedado mirando fijamente a LUIS.) ¡Pero bueno, tú estás chalado perdido!

LUIS.—(Suspende su ardor combativo.) Hombre, no vayas a pensar que todo esto me lo creo.

PABLO.—Pues lo parece.

LUIS.—No es eso. Lo que quería explicarte es que si leo una novela de guerra, pues lo veo todo... Y luego, si salgo al campo, lo vuelvo a ver. Aquí veo a los soldados de El tanque número 13 y de Sin novedad en el frente, que también la he leído. Y lo mismo me pasa con las del Oeste o las policíacas, no te creas... 

(Por la expresión de PABLO se entiende que no tiene muy buena opinión del estado mental de su amigo.)

LUIS.—(Se ha quedado un momento en silencio, contemplando el campo.) ¿Te imaginas que aquí hubiera una guerra de verdad?

PABLO.—Pero ¿dónde te crees que estás? ¿En Abisinia? ¡Aquí qué va a haber una guerra! 

LUIS.—Bueno, pero se puede pensar.

PABLO.—Aquí no puede haber guerra por muchas razones.

LUIS.—¿Por cuáles?

PABLO.—Pues porque para una guerra hace falta mucho campo o el desierto, como en Abisinia, para hacer trincheras. Y aquí no se puede porque estamos en Madrid, en una ciudad. En las ciudades no puede haber batallas.

LUIS.—Sí, es verdad.

PABLO.—Y, además, está muy lejos la frontera. ¿Con quién podía España tener una guerra? ¿Con los franceses? ¿Con los portugueses? Pues fíjate, primero que lleguen hasta aquí, la guerra se ha acabado.

LUIS.—Hombre, yo decía suponiendo que este sitio estuviera en otra parte, que no fuera la Ciudad Universitaria, ¿comprendes? Que estuviera, por ejemplo, cerca de los Pirineos.

PABLO.—¡Ah!, eso sí. Pero mientras este sitio esté aquí es imposible que haya una guerra.

LUIS.—Sí, claro. Tienes razón.

(PABLO y LUIS se levantan, se sacuden el polvo de sus pantalones bombachos y siguen su paseo.)

Jueves, 22 de Octubre de 2009 23:20 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Perlas teatrales. No hay comentarios. Comentar.

Sopa de letras: siete autores del siglo XVIII

Martes, 20 de Octubre de 2009 19:23 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Historia de la literatura. No hay comentarios. Comentar.

Valdeorras y Bierzo

El pasado fin de semana nos reunimos unos viejos compañeros unidos para siempre por nuestro paso por el Baronceli. Después de las quedadas de Mieres, La Alberca, Moraña y Cabanas, la que hizo la número cinco tuvo como destino O Barco, la capital de Valdeorras. Apenas dos días, que aprovechamos para nuestro ritual de charlas, póker y turismo... Esta vez estuvimos en Ponferrada (bueno, ellas, que fueron al mercadillo), en Petín (encantadoras sus casitas y sus riberas), en las Médulas (qué decir de ellas), en Villafranca del Bierzo (casas blasonadas de nostálgica y arruinada belleza, codillo de cerdo en la Plaza Mayor, mmm)... El monasterio de Xagoaza, a unos kilómetros del Barco, sede actual de una bodega, nos encantó (y de paso, catamos un godello, jejj). A este precioso conjunto monástico está dedicada la presentación inicial.

PS. Aprovecho para saludar a mi buen amigo Luis, valdeorrense de adopción, al que seguramente le gustará que haga publicidad de esas tierras...

Martes, 20 de Octubre de 2009 03:52 Autor: profedelengua. Enlace permanente. Tema: Viajes y escapadas. No hay comentarios. Comentar.


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