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ISRAelPROFEDELENGUA

Reescribiendo el Quijote

"Se le pasaban las noches corrigiendo exámenes de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho corregir, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los exámenes: faltas de ortografía y sintaxis mal construida, tachones y manchas de típex, enunciados incompletos y frases imposibles... Y tanto se acostumbró a todo ello, que se le asentó en la imaginación que eran verdaderos y correctos todos aquellos disparates que leía, y comenzó a escribir él mismo igual que los autores de los exámenes, creyendo que sus errores y sinsentidos eran la cosa más cierta del mundo..."

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El punto débil de los alienígenas invasores

El punto débil de los alienígenas invasores

La nuca no era la nuca...

La nuca no era la nuca...

LA NUCA NO ERA LA NUCA...

La nuca no era la nuca, ni el omóplato el omóplato, ni la espalda la espalda, ni la cintura la cintura. La nuca, el omóplato, la espalda, la cintura… eran la Tortura, el Morbo, la Magia, la Locura.

Conversión

Conversión

Un roce accidental bastó, una mirada tímida, una sonrisa sincera. Él se convirtió aquel día. Dos de diciembre de mil novecientos noventa y cinco.

Don Delmiro

Don Delmiro

 Iglesia evangélica de Calvos de Bande (Ourense), local de culto en el que don Delmiro se reunió durante décadas (imagen de Google Maps).

Delmiro -don Delmiro- era todo corazón, un hombre bondadoso como no he conocido. Su garganta despedía una voz de timbre delicado, que poco tenía que ver con sus manos callosas, sus ropas humildes, sus costumbres espartanas. Pastoreaba cabras, un centenar al menos, y aún recuerdo con cariño aquel día de verano en que, siendo yo un muchachito, le acompañé por los montes en una de sus largas jornadas trashumantes. Persona de paz y de fe, evangélico en tiempos de nacional y rígido catolicismo, también fue, hace décadas, durante décadas, colportor, de los de la vieja escuela, hombres que desgastaron su calzado enseñando y vendiendo Biblias por pueblos y aldeas remotas. Como colportor y como cabrero, cayado en mano, don Delmiro recorrió las tierras ásperas y onduladas del sudoeste ourensano, cientos de caminos, miles de kilómetros. Andando. Pero nunca llegaba tarde. Y eso que no tenía reloj. Murió la semana pasada con 103 años, sin apenas arrugas en su amable rostro. Su eterna boina, su chaleco, sus botas… se apolillarán ahora en un cajón. Pero su caminante espíritu -aleluya- vive para siempre.

Literatura española del siglo XX (parte 1)

Literatura de la Edad Media

Trayectoria poética de Antonio Machado

Posromanticismo y realismo

"El niño que no sabía jugar", por Ana Mª Matute

Un pequeño relato que escribió hace tiempo Ana Maria Matute... ¿Cómo sería el personaje, ya adulto, si la Matute retomase su historia? 

El niño que no sabía jugar, por Ana Mª Matute

Había un niño que no sabía jugar. La madre le miraba desde la ventana ir y venir por los caminillos de tierra con las manos quietas, como caídas a los dos lados del cuerpo. Al niño, los juguetes de colores chillones, la pelota, tan redonda, y los camiones, con sus ruedecillas, no le gustaban. Los miraba, los tocaba, y luego se iba al jardín, a la tierra sin techo, con sus manitas, pálidas y no muy limpias, pendientes junto al cuerpo como dos extrañas campanillas mudas. La madre miraba inquieta al niño, que iba y venía con una sombra entre los ojos. «Si al niño le gustara jugar yo no tendría frío mirándole ir y venir». Pero el padre decía, con alegría: «No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa».

Un día la madre se abrigó y siguió al niño, bajo la lluvia, escondiéndose entre los árboles. Cuando el niño llegó al borde del estanque, se agachó, buscó grillitos, gusanos, crías de rana y lombrices. Iba metiéndolos en una caja. Luego, se sentó en el suelo, y uno a uno los sacaba. Con sus uñitas sucias, casi negras, hacía un leve ruidito, ¡crac!, y les segaba la cabeza.

El Romanticismo

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El siglo de las luces

En un día de evaluaciones...

12:30 horas. Día de evaluaciones en el Instituto... Los casos más delicados, aquellos en los que había que votar si el alumno titulaba o no, todos resueltos a favor de la titulación. Así pues, todos los alumnos que tenían dos suspensas han sacado el título de ESO... Yo he votado en contra en todas las votaciones, la mayoría de los otros profes, a favor. Cada uno sabe por qué vota como vota, y tiene sus criterios, y lo respeto, pero tengo la sensación de que el paternalismo no va a ser precisamente el remedio de nuestros males educativos....

La cosa podría quedarse ahí, en una simple reflexión aislada, pero...

15:30 horas. Una alumna de las evaluadas me pregunta en el chat del Facebook (tengo un perfil específico para relacionarme con ellos) sobre sus notas. Transcribo la conversación literalmente:

-Olaaa...
-Hola!
-Xa tivestes a avaliacion de cuarto da eso??
-Siiiiiii
-Pódesme decir se paso para bachiller ou teño k repetir??
-Aprobaste con un 5 Sociales, y suspendiste con 1 Lengua y con un 3 Inglés.
-O sea que teño k repitir de curso??
-Pois votouse na xunta de avaliación... hai que votar nestes casos...e...o resultado foi... que sacas o título.
-De verdade??
-Non minto, e tamén che digo que eu votei en contra, pero o caso é que xa tes o título, felicidades.
-O sea que paso para 1º de bachiller, moitas gracias.
-Alégrome por ti, eu votei na túa contra porque considero que con dúas suspensas non se debe dar o título, que hai que esforzarse máis, especialmente nos casos coma o teu nos que se pode repetir. Pero espero que che vaian moi ben as cousas. Iso si, vas ter que porte as pilas dende o primeiro día.
-Xaa... Pero iso fareino.
-Non é broma, dende o primeiro día, todos os días.
-Bueno eso xaa.. pero na bachiller eu voume empezar a por as pilas dende o primeiro dia.
-Iso espero.
-K siisiiii xa veras komo sisisiii ajajaj
-Constancia e esforzo, que a vida non che vai regalar nada. Saca o mellor de ti mesma. Pensa niso... Un biquiño.
-Ssiiii bikiños!!!!"

Sobran los comentarios. Solo obsérvese el proceso lógico de la alumna que la lleva a deducir que con dos suspensas ha de repetir curso, su lógica alegría absoluta al enterarse de que no es así, y su arrebatadora sinceridad al decir que en Bachillerato va a empezar a ponerse las pilas (de lo que se colige que en 4º de ESO mucho no se las puso...). En fin, muy gráfico creo yo. Los chicos tienen a veces un sentido del rigor más fuerte que los adultos...

El Genio y el camellero

El Genio y el camellero

El deseo es el origen de la insatisfacción (Segunda "noble verdad" del budismo).

El Genio salió de su prisión desorientado, aturdido tras el sueño centenario. El camellero había imaginado el fantástico encuentro cientos de veces, desde que la Lámpara se cruzase en su camino, unos días antes, pero nunca hubiese pensado que el Genio habría presentado ese aspecto frágil y desaliñado. Por eso no quiso resultarle molesto, y apuró el momento decisivo.

-¿Un deseo? -preguntó casi en un susurro.

-Solo uno. Al Genio se le notaba incómodo, como con prisa por hacer algo.

El camellero habló con pausa, repitiendo el mantra que escuchara más allá del Gran Desierto, en voz de un ermitaño budista:

-Deseo no desear nada nunca más.

El Genio prestó entonces atención al hombre menudo que aguardaba expectante, y le devolvió una mirada de compasión.

Pa' ter a mellor perspectiva sobre as cousas...LE!

Menosprecio de la corte y alabanza de aldea

Juan Manuel de Prada, que solía pasar los veranos de su niñez por Verín, escribe un texto que responde perfectamente a ese tópico literario clásico que conocemos como "menosprecio de la corte y alabanza de aldea". Un artículo precioso.

El diccionario define 'añorar' como «recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido»; pero lo cierto es que siempre añoramos lo que nunca tuvimos. Y tal vez sea natural que así sea, puesto que lo que nunca tuvimos es aquello cuya privación más nos humilla, cuya ausencia más nos aflige (como un miembro amputado o una inocencia pisoteada), cuya ausencia explica nuestra desazón y disgusto. Yo, por ejemplo, añoro la vida en el campo que nunca tuve: me nacieron en un paraje industrial del País Vasco, crecí en una recoleta ciudad de provincias, ahora sobrevivo en un infierno de asfalto en el que siempre me sentí extranjero. De la vida en el campo solo conozco vislumbres, seguramente enaltecidos o sublimados por la memoria: visitas de fin de semana a tíos y abuelos que vivían en el pueblo -pueblos campesinos y abnegados de Castilla, con casas de adobe y el sol temblando en lontananza, allá en la era-, excursiones campestres con mi abuelo -en pos de hierbas medicinales, en pos de manantiales recónditos, en pos de sombras rumorosas-, vacaciones estivales en Verín, rodeado de aldeas que aún escondían un rescoldo de paraíso ancestral, cada vez más hostigado por el avance del progreso. Apenas nada, en fin: pero en esos vislumbres apenas entrevistos se ha quedado una porción de mi alma, acaso la más genuina; y esa porción desgajada de mi alma me reclama sin cesar, como una novia despechada o un hijo abandonado en la inclusa.

Añoro cosas tan ajenas a mi vida cotidiana como roturar un huerto, ordeñar una vaca, arrancar los tomates de la mata, recoger los huevos que las gallinas han dejado entre la paja del ponedero, extraer el agua de un pozo en un cubo de latón abollado. Son labores que he visto hacer, con fascinada envidia, a labriegos anónimos; y también a tíos y primos, allá en la infancia remota. En alguna ocasión, incluso, me permitieron hacerlas a mí mismo, con condescendencia y prevención, como se deja al neófito atisbar los secretos de un arte que no comprende. Recuerdo la opulencia de las ubres de una vaca, como un botijo de carne blanda y dulcemente cálida, colmando mi mano tímida y balbuciente; recuerdo la tibieza de un huevo sobre mi mejilla todavía imberbe, mientras la gallina que acababa de ponerlo aleteaba despavorida; recuerdo el estallido de frescura de un tomate sobre el velo del paladar, sabroso como una fruta arrancada de algún árbol del paraíso; recuerdo el alborozo de la tierra que se rompe, al paso del arado, deseosa de brindarse; recuerdo, asomado a su brocal, el silencio atónito de un pozo en el que se copiaban las estrellas del cielo. Son retazos o jirones de memoria que apenas ocupan un instante diminuto de mi vida: pero en ese instante se contiene, como en la semilla de mostaza, un árbol frondoso de añoranzas.

A veces sueño que soy un hombre de campo (de un campo que ya no existe): que me despierto con el canto de un gallo, cuando el alba apenas ha empezado a rayar; que escucho misa muy de mañana, en una iglesia susurrante de bisbiseos de beatas, ante un altar donde el cura oficia de espaldas a los fieles; que arranco malas hierbas del modesto predio que yo mismo he roturado; que siego con una hoz el trigo, hasta que el dolor de la espalda me deja casi tullido; que interrumpo mis labores para rezar el ángelus, impetrando la lluvia del cielo; que saco por la tarde a pastar la vaca que luego ordeño en el establo, fragante de mugidos y de bostas; que celebro la matanza en compañía de familiares que ya murieron hace décadas (y en mis sueños soy el encargado de hincar el cuchillo al marrano, y su sangre me empapa el rostro); que me pongo un traje que me queda estrecho para la procesión del Corpus; que piso las uvas que luego me brindarán un vino morapio y un puntillo agrio; que bailo con las mozas del pueblo en la fiesta del patrón (y que entre todas las mozas cortejo a una menuda y rubiasca, asturianilla para más señas); que vuelvo a casa y me quedo mirando la lumbre de la chimenea hasta que se apaga, pensando si pedirle matrimonio a la rubiasca a la que ni siquiera me he atrevido a besar, a la que ni siquiera me he atrevido a acariciar con mis manos rudas y encallecidas; y que, mirando la lumbre, me quedo dormido, como un bendito de Dios, hasta que un gato me trepa a las rodillas y me advierte que es hora de meterse en la cama, cuyo colchón de lana tendré que acordarme de orear a la mañana siguiente.

Y entonces despierto. Y añoro lo que nunca he tenido. Y me maldigo por vivir una vida que no quiero, en lugar de la vida querida que sueño. 

Juan Manuel de Prada, en XLSemanal (1 de julio de 2012)

http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/20120701/anoranzas-2897.html

Último número de LaGaZetadeTerZero

¡Ya a la venta...!

Exitazo!

Chegamos a fin de curso, e con el, o tempo das conclusións, das reflexións. Por iso unha das cousas das que botamos man para facer a memoria de actividades da Biblioteca do Instituto son as estatísticas do Programa Meiga, o programa de xestión bibliotecaria que temos na nosa Biblioteca. E adiviñade que... Este ano (e todavía falta un pouquiño para fin de curso), os empréstimos de libros foron un total de 778!!!!!!! Nun instituto de 140 alumnos e 27 profesores!! Dende o Equipo da Biblioteca sentímonos moi orgullosos de todos vós, xóvenes lectores. Noraboa!!

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Marcos Calveiro

Non sempre se ten a oportunidade de ver en "carne e óso" a un escritor. Hoxe visitou o Baronceli o autor de O pintor do sombreiro de malvas, unha novela xuvenil inspirada na vida e obra de Vincent Van Gogh. Calveiro dixo, entre outras perlas, que nunca le os seus libros, que sempre maquina as súas novelas a partir do final, que o título soe ser elixido polos editores, que a través das súas historias vive as vidas que non pode vivir...  Vamos, os alumnos viron que a idea do traballo que se ten dun escritor non soe axustarse á realidade...

La dama y la muerte

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Premio Goya al mejor corto de animación de 2009, nominado a los Óscars... Antonio Banderas tuvo buen ojo al producir este excelente trabajo de Javier Recio Gracia que trata de desmitificar la muerte a través del humor animado. En fin, buenísimo Risa

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