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Acción de Gracias

Hoy, último jueves de noviembre, se celebra el Día de Acción de Gracias, la fiesta más celebrada con diferencia en Estados Unidos. Es un evento con una larga historia, que tiene que ver, llegado el tiempo de la cosecha, con la gratitud por los bienes recibidos de la tierra (ahora, con los invernaderos y la globalización, los conceptos de "siembra" y "siega" o "cosecha" son relativos). Aquí en Galicia, el Thanksgiving (el nombre en inglés) sería justo después de los magostos, tras la apoteosis castañil que llena (llenaba, mejor dicho, luego llegó la patata) las despensas de los fogares galegos.
Se dice que la primera fiesta de Acción de Gracias tuvo lugar en Boston, en 1623. En 1620, el Mayflower había desembarcado a 102 pilgrims (’peregrinos’), cristianos disconformes con el anglicanismo oficial y que "habían sido invitados" a irse de Inglaterra por el gobierno de su Graciosa Majestad. Fueron estos los primeros colonos ingleses, que con el tiempo habrían de fundar los Estados Unidos de América. Aunque con el tiempo vendrían los episodios oscuros de todo proceso colonial, parece ser que durante muchas décadas hubo un clima de cooperación entre los autóctonos y los recién llegados, que celebraron su buena estrella con una fiesta colectiva que además de oraciones de gratitud a Dios, incluía una cena a base de judías y otras verduras, arándanos y frutos secos, pastel de calabaza y, por supuesto, pavo.
A la hora en que estoy escribiendo este artículo, millones de pavos están listos para ser metidos en el horno: la cena de Acción de Gracias se ha convertido en una tradición nacional que sigue reuniendo hoy a las familias norteamericanas con el mismo espíritu de agradecimiento de antaño. A mí me parece una tradición muy sana. Independientemente de las creencias religiosas de cada cual, independientemente de las opiniones respecto a esta fiesta, independientemente de nuestras filias/fobias hacia EE.UU., hoy puede ser un buen momento para detenerse a pensar en lo que tenemos, y no para obsesionarnos con aquello de lo que carecemos. Es la base de la filosofía estoica. Basta de enredarnos en espirales de amargura, de ansiedad, de cinismo. Llega la hora de agradecer, y no de quejarse. Llega la hora de empezar a disfrutar de las cosas sencillas, a apreciar las cosas buenas que nos rodean, a aceptar las dificultades, a vivir serenamente, en paz, lejos del mundanal ruido de los anuncios publicitarios y los caprichos que solo satisfacen por un tiempo. Creo que es a esto a lo que se refería Horacio con su carpe diem: aprovecha el día, no te afanes por el futuro, deja de ser esclavo del pasado. Amén.
Tele nuestra que en el salón estás, santificados sean tus canales...

Portada del tercer número de LaGaZetaDeTerZero
Había escrito, allá por el mes de abril-mayo, este artículo para el tercer número de LaGaZetaDeTerZero, y me dio pena no tenerlo aquí, en mis "Meditaciones"...
El 21 de noviembre ha sido declarado por la ONU Día Mundial de la Televisión. Y el 9 de diciembre, Día Internacional de la Radio y la Televisión a Favor de la Infancia. Con ello, parece que el sacrosanto organismo pretende concienciar a gobiernos y ciudadanos de todo el mundo de la necesidad de una emisión y un consumo responsable de la televisión. El hecho de que el tema preocupe tanto a la ONU tiene fácil explicación: la televisión se ha convertido en un electrodoméstico “de primera necesidad”. Sin ser, evidentemente, necesario, la mayoría de los hogares de todos los países del mundo, por modestos que sean, tienen un televisor. ¿No puedes tener televisor? Qué pena, qué miseria, fíjate. ¿No quieres tener televisor? Qué tío raro, qué fanático, a qué secta pertenecerá. No es una morfología determinada, no es un comportamiento determinado; lo que realmente nos diferencia de los primates es que nosotros vemos la televisión. Esto es algo que nos une a otros seres humanos, independientemente de su raza, su credo, su lugar de procedencia, su nivel cultural o su posición social. Cuando estamos en el extranjero, de viaje, tranquiliza ver en la habitación de tu hotel un televisor, aunque al encenderlo no te enteres de nada. Da igual, eso te hace sentirte un poco como en casa. Si hay parabólica, entonces es el acabose.
Y la cosa no queda ahí: en la inmensa mayoría de esos hogares, el televisor ocupa el centro del salón, que es considerado a su vez el lugar más importante de la casa. En la era en que lo religioso está pasado de moda, el hombre ha fabricado sutiles altares donde el dios catódico esparce su luz en formato panorámico y digital. Y aún más. Por si fuera poco, en muchos hogares no solo hay un televisor, sino que hay dos, tres, a veces tantos como miembros hay de una familia. Nuestras casas son auténticas templos con capillas televisivas. Tele nuestra que en el salón estás, santificados sean tus canales. Venga a nosotros tu programación... Indudablemente, somos “seres televisivos”.
La televisión hoy es considerada sobre todo como una fuente de entretenimiento. Los menos adictos a la pequeña pantalla buscarán con sus mandos programas informativos o culturales. Típico intelectualillo que va de resabidillo. Otros añaden a su parrilla personal sus series favoritas, alguna película, algún buen programa de humor, el partido del equipo favorito... Y finalmente, otros se tragan horas y horas de tele sin apenas darse cuenta, especialistas del mando a distancia, manejando como malabaristas decenas de programas de todo tipo y condición. La adicción a la tele es tal que muchas veces el aparato es encendido como un acto reflejo, como un cigarrillo que en realidad no tienes ganas de fumar. Muchos seres televisivos buscan el televisor nada más entrar en sus hogares. Y aunque no haya nadie en el salón, su cantinela permanece inalterable, como si el botón de apagado solo pudiese apretarse en circunstancias extraordinarias.
¿Qué tendrá la tele de subyugante, de hipnotizante? Quienes tienen niños pequeños lo saben. Bajo el estímulo de la imagen en movimiento, lo primero que aprenden a decir no es “papá”, sino “on” y “off”. Sus primeros gateos son siempre en dirección al altar del salón. Comenzando a consumir tan temprano, se antoja imposible renunciar al hábito. Pronto serán adictos a dibujos animados que enseñan a hacer llaves de karateka. Pronto la televisión se convertirá en una niñera que siempre está a mano y que nunca pedirá un aumento de sueldo o una tarde libre. Pronto en el supuesto horario de protección infantil se familiarizarán con las miserias del mundo de los adultos. De mayores, la tele les servirá de guía, será su biblia por la que desfilarán sus mesías favoritos, estrellas del prime-time y una incontable pléyade de personajes y opinadores profesionales que les dirán lo que tienen que pensar, les nutrirán de ideas, de filias, de fobias. Luego, en los momentos más duros, cuando las cosas vayan mal, la tele también les servirá de compañía, de medicamento contra la soledad, de balium contra la depresión, de sustitutivo de las conversaciones incómodas, de analgésico contra las preocupaciones del día a día, de anestésico paralizante para evitar pensar demasiado... No les hará falta mascotas. A la tele no tienes que sacarla a pasear dos veces al día, no tienes que recoger sus caquitas en el parque, no tienes que comprarle comida especial, no tienes que vacunarla, no tienes que bañarla.
Con todo, la televisión y el televisor no serían lo mismo sin su imprescindible apéndice: el mando a distancia. Bendito sea el inventor del mando a distancia, bendito él entre todos los inventores. Un ser televisivo que se precie debe manejarse sin dificultad entre una montaña de mandos indispensables para sus aparatos-accesorios respectivos. Por otra parte, compruébese la histeria que produce perder el milagroso artefacto entre los cojines del sofá o los papeles de la mesa. A una todos los adoradores catódicos aparcan sus diferencias y hacen causa común en la búsqueda del santo grial, sin reparar en el hecho de que gastarían menos energía cambiando el canal manualmente... Otros seres televisivos, sin embargo, lo tienen claro: jamás sacrificarán su bien merecida postura en el sillón por levantarse, así que se tragarán el mayor bodrio sin mayor inconveniente, pues para eso han sido vacunados desde bien pequeños...
Pero no todo está perdido. Entre la multitud lobotomizada, a veces se descubre algún valiente, un Obélix irreductible, que navega contracorriente, a quien le gusta leer, pasear o hacer deporte, quien prefiere una buena tertulia con diálogos inteligentes, quien busca en sus momentos televisivos una programación de calidad. Es selectivo, no traga cualquier bazofia, y a veces encuentra lo que busca. No es fácil. Tiene que huir de debates viles, de espectáculos denigrantes, de intimidades vergonzantes, de esquemas sosos y repetitivos. Lucha contra las grandes cadenas que cambian continuamente de horario, hasta volatilizar sin más los buenos programas que no resisten las cifras de audiencia esperadas, esas mismas cifras que aparentemente sostienen en la parrilla la basura televisiva, cuando en realidad esa basura se emite porque resulta mucho más barata.
Resiste, héroe anónimo, joven televidente. Muchas de las series que por edad te interesarían tienen argumentos inverosímiles y están llenas de estereotipos, protagonizadas por personajes mafiosos con apodo de título nobiliario, o por caprichosos niños pijos, malcriados hijos de papá, supuestos adolescentes interpretados por actores treintañeros. En programas de frustrante actualidad, jóvenes corrientes, con los cuales podrías identificarte, venden sus miserias vitales en los platós, buscando el minuto de fama que dará sentido a sus vidas. En otros programas disfrazados de “experimentos sociológicos”, chicos y chicas pregonan su libertad para decir y hacer lo que quieran encerrados en Guantánamos voluntarios vigilados por una red de cámaras que cuelgan de los techos como telarañas.
Sé sabio. Vigílate a ti mismo. Yo, que a nadie sirvo de ejemplo, trataré también de aplicarme el cuento...
Zanahorias...
Se empezó premiando a los trabajadores que llegaban a su hora, con el fin de prevenir la impuntualidad. Se continuó premiando a los conductores que no cometían infracciones de tráfico, con el fin de prevenir los accidentes de circulación. Y, ya abierta la veda, ahora se pretende premiar a los escolares que van a clase para prevenir el absentismo. ¿Cuántas zanahorias nos han de poner delante para que, por fin, burros de nosotros, hagamos lo que debemos sin necesidad de soborno alguno?
El Parlamento: el templo de la palabra, del debate, del discurso...

Imagen extraída de El País
Creo que el anarquismo (en su dimensión ortográfica) no forma parte del ideario político del Partido Nacionalista Vasco, pero vistas las tamañas faltas (aprovar, hinundaciones...) de una enmienda presentada en la Cámara Vasca, puede que algún militante haya caído en algún tipo de tentaciones anarco-lingüísticas... "¡Fuera reglas, fuera opresión! ¡Avlemos como nos de la gana". Pero no encaja mucho. Quizá un atentado ortográfico-terrorista contra la lengua del Estado: "Undamos la ortografía, matemos al tirano!". Tampoco. Quizá un cachondo que quiso hacer una broma, para ver si conseguía sacar a alguien de sus casillas. Pero, tratándose de unas ayudas para unas inundaciones, pffff, no me creo semejante insensibilidad. Lo que está claro que no cuela es echarle la culpa al programa informático, no... Va a ser que, simplemente, algunos listos que gobiernan o pretenden gobernar nuestros destinos (snif), con independencia de su credo político, no tienen ni la más mínima cultura lingüística.
Madre mía, qué es lo próximo que veremos, qué será... Me ha gustado lo que ha dicho el señor González Pons: "El Parlamento fue y es templo de la palabra, del debate y del discurso. [...] Allí han estado los padres de la patria, los grandes oradores de quienes aprendimos a hablar"... Ya son otros tiempos, señor González Pons, ya son otros tiempos... Hoy el Parlamento es escenario de burdas discusiones donde reinan las descalificaciones, los argumentos vanos y artificiosos, el desinterés por llegar a acuerdos y soluciones consensuadas, y -desde esta semana- las más flagrantes faltas de ortografía.
La SGAE, al acecho del teatro del Siglo de Oro

Acabo de escribir en google las palabras SGAE y Calderón de la Barca. Esta en aparencia absurda asociación tiene ya más de 24000 registros en Internet. Este inusual hecho se explica porque la Sociedad General de Autores, organización pseudomafiosa a la que el dramaturgo del siglo XVII, por cierto, no está afiliado, quiere cobrar (14000 eurazos) el canon relativo a los derechos de autor de El alcalde de Zalamea, o para ser exacto (los derechos por la propiedad intelectual caducan, por regla general, a los 50 años, aunque depende del país) los derechos de autor de la versión que de la obra calderoniana ha hecho el poeta Francisco Brines.
¿Las versiones de obras clásicas pueden ser objeto de propiedad intelectual por parte del "versionador"? Sin duda sí: versionar una novela, para un público infantil o juvenil por ejemplo, exige un tremendo trabajo de muchas horas que debe ser respetado. El caso de El alcalde de Zalamea me parece bastante distinto. Es verdad que la comedia de Calderón está en verso, lo que dificulta la realización de una versión moderna, pero no es menos cierto que muchas personas podrían escribir una versión, mejor o peor, de ese texto teatral suprimiendo una frase aquí o allá, sustituyendo arcaísmos, resumiendo intervenciones, etc. Es algo que no exige tantas horas de trabajo, a mi humilde entender. Eso no quiere decir que no respete la labor de Brines en este caso concreto; simplemente que las diferentes versiones modernas de una obra clásica suelen diferir muy poco entre sí.
El caso se complica cuando me entero de que el señor Brines ha "donado" (imagino que gratis, claro) su versión al pueblo pacense de Zalamea de la Serena, que cada tercera semana del mes de agosto representa la obra de manera colectiva en una gran fiesta popular (500 voluntariosos vecinos participan como actores, ninguno es profesional). Dicha representación, una feliz idea que se materializa desde 1994, ha sido declarada de Interés Turístico Regional por la Junta de Extremadura. Mientras Brines seguramente se siente orgulloso de que su versión haga feliz a un pueblo entero, la SGAE mete sus narices en Zalamea de la Serena.
Entonces... ¿qué c... pinta la SGAE en todo esto? ¿Cuáles son los verdaderos intereses de la SGAE? ¿Proteger la cultura, como en el maravilloso caso de un pueblo entero que representa una obra de teatro de uno de los más brillantes escritores españoles? El alcalde actual debería tomar ejemplo del valor y la gallardía de Pedro Crespo, el alcalde de ficción, que no dudó en luchar contra la flagrante injusticia que se cometía en su pueblo. Y la SGAE debería explicar de una vez y de modo transparente cuánto cobra y cómo reparte lo que cobra (y si no, que haya de una vez una seria investigación oficial). Y los autores a los que la SGAE en teoría representa, deberían dar un manotazo en la mesa para que la sociedad no les tome por un grupo de aprovechados que hacen lo que más conviene a su bolsillo.
Sobre la gratuidad de los libros de texto

Me ha llegada a mi correo electrónico un artículo que critica con fuerza la medida que va a tomar el gobierno entrante en la Xunta de eliminar la gratuidad universal para los libros de texto. Una plataforma www.plataformagalegapolagratuidade.es se ha creado al efecto, con el objeto de defender la “conquista social” que se había hecho en la última legislatura: libros gratis pa’to’quisqui.
Que los libros de texto gratuitos salen por un buen pico se intuye, pero hagamos unas sencillas cuentas a ojo de buen cubero. Vamos a veeeeeer: una media de 20 alumnos por clase en un instituto pequeño… unos diez grupos… unas diez asignaturas… a veinte euritos por libro… total… ¡¡¡¡¡¡¡¡40.000 euros!!!!!!!! ¡Y esto, solo en un instituto de 200 alumnos! No sé el número exacto de matriculados en Primaria y Secundaria en Galicia, pero imagínense el impacto de la cifra total en el presupuesto total de educación…
A un servidor no se le caen los anillos por afirmar lo que es de sentido común: la gratuidad universal es un lujo que no nos podemos permitir. Sí señor. Primero, porque de gratuidad nada: el hecho de que los pague el Estado o la Xunta no quiere decir que no los paguemos nosotros. ¿De qué se nutren esas arcas si no es a través de impuestos?
Segundo. Dicen los de la Plataforma que esta inversión es por un mínimo de cuatro años (menos mal que no es anual): el Estado no tiene que volver a invertir en libros en algunos años. Verdad a medias. Efectivamente, el Instituto no puede cambiar los libros de texto durante un mínimo de cuatro años, pero si es necesario reponer ejemplares gastados por el uso, se reponen. E incluso, si el Jefe de departamento de turno tiene poderosas razones para solicitar un cambio en el libro de texto, puede presentar un escrito y con algo de suerte, abracadabra, libro nuevo.
Tercero. Lo de beneficiar a las editoriales no lo entiendo, que me perdonen. Estoy seguro de que los profesores pertenecientes a la Plataforma saben que no es obligatorio tener libro de texto para impartir una asignatura, así que si no quieren que las editoras se beneficien, pueden optar por soluciones alternativas al libro de texto, que haberlas, haylas. No, el libro de texto es un recurso educativo más, no una condición sine qua non para dar clase.
Cuarto. Que “la gratuidad de los libros de texto es una condición necesaria para acceder a la igualdad de oportunidades en la educación” es (me remito al punto tres) un disparate. De todos modos, como sí es verdad que el libro de texto tiene un gran peso en nuestra tradición educativa, para bien o para mal, parece más razonable pensar que la igualdad de oportunidades puede garantizarse con un sistema de becas que tenga en cuenta la trayectoria académica del alumno y la falta de recursos económicos familiares.
Quinto. La gratuidad de la educación no tiene por qué implicar la gratuidad de los libros. Por esa regla de tres, ¿por qué durante estos últimos años se han dado gratis los libros y no los bolis, lápices, libretas… tan o más necesarios que los libros de texto? ¿Es que se ha querido beneficiar a los fabricantes de bolis, lápices, libretas… en detrimento de las empresas editoriales? Absurdo…
Sexto. Que los alumnos cuidan los libros, porque saben que los tienen que pagar si los estropean, no es un triunfo pedagógico sino el resultado lógico de una amenaza. Estupendo que los cuiden y que no arranquen páginas, no me malinterpreten, pero es una pena que no puedan hacerlos suyos, subrayándolos, apuntando cosas en los márgenes… Al final, el alumno cuya familia tiene recursos económicos prefiere comprarse el libro y sobarlo a voluntad, haciendo en él anotaciones personales que le permitan estudiar mejor. Al final, la pretendida igualdad de oportunidades y la pretendida solidaridad, se vuelve desigualdad: el que tiene dinero para comprar el libro tiene una innegable ventaja, aunque esta no sea determinante, sobre el que no tiene dinero. ¡Ah! Y el que lo compra, podrá consultarlo en el futuro (o simplemente, prestarlo, o venderlo…), cosa que no podrá hacer el otro.
Séptimo. Lo que nada cuesta, poco se valora (ley universal).
Octavo. Que el exceso de producción y no reciclaje de papel tiene sus efectos en el medio ambiente no lo duda nadie. Me remito al punto tres.
En fin. Libros gratis no, por favor. Un sistema racional de becas, sí. Y por favor, comencemos ya una reflexión seria sobre qué narices ocurre en nuestro sistema educativo cuando países que no tienen de lejos los presupuestos que manejamos nosotros tienen resultados muchísimo mejores.
"Perdidos en la tribu"
Sin embargo, una de las cosas que por lo visto aprendieron algunos de los concursantes fue a valorar más lo que tenían en España. No sé a qué se referían, si a la coca-cola, si al sofá, si a la tele, si al pack coca-cola más sofá más tele. Qué decepción. 21 días para nada, solo para dar continuidad a ese tono paternalista colonial de aquel que se compadece del pobre salvaje que anda en taparrabos, que hace sus necesidades en el campo, que sacrifica a los espíritus algún animalito… Qué pena.
Puestos a aprender, podrían haber aprendido algo del ancestral amor de estas gentes por la naturaleza, del sólido respeto a la sabiduría de sus ancianos, de la rica tradición literaria que pasa de padres a hijos, del sencillo placer de una conversación bajo las estrellas y al calor de una fogata, del innato sentido de la solidaridad con el prójimo, de la manera en que comparten sus risas y sus lágrimas.
A Nuria Roca se le olvidó preguntar una cosa: el grado de felicidad de unos y otros. Quizá simplemente no se atrevió. Sería insoportable reconocer que nosotros, en el fondo, con todas nuestras maravillas tecnológicas, somos menos felices.
Hasta pronto, promoción 2009

Este año muchos baroncelianos han cerrado un ciclo de su vida: algunos seguirán estudiando en otros centros, otros tratarán de encontrar su primer empleo. Para mí es una promoción especial. Les di clase en 1º de la ESO, el año que llegué al Baronceli, cuando eran niños todavía. Y este año les he dado clase en 4º de la ESO, esos niños y niñas convertidos ya en hombrecitos y mujercitas. De alguna manera, estos alumnos han crecido conmigo, y por ello les guardo cariño. Ahora que se marchan, me siento algo más mayor, me doy cuenta de que he envejecido, pero también siento que el tiempo, al menos, no ha pasado en balde, y que todos, ellos y yo, somos un poquito menos zoquetes, un poquito más sabios.
Cuatro de mis tutorandos, de izquierda a derecha, André, Nelson, Ismael y Luis Marcelino.

Cuatro de los profesores que, previsiblemente, nos dejarán este año, con la tradicional máscara de cigarrón de Sargadelos de regalito de despedida... De izquierda a derecha, Beatriz, Ana, Andrea y Patricia.
Semana Santa
La Semana Santa, con su típico e infinito rosario de procesiones, ha concluido. Seguro que hay excepciones, pero la mayoría de los apasionados de esta imaginería paseante volverán a sus rutinas vitales en las que poco o nada se acordarán de Dios y de este fervor pascual suyo. Yo me pregunto qué tendrá que ver el sencillo mensaje del cristianismo bíblico con este folklore santero de imágenes empapeladas de flores y billetes de cincuenta euros. Jesús, que luchó denonadamente con sus palabras contra la hipocresía, el fanatismo y el tradicionalismo religioso de sus contemporáneos, se habría echado las manos a la cabeza ante las multitudinarias demostraciones de encendida pasión de los encapuchados y sus acólitos, que atemorizan más que invitan a una serena reflexión sobre qué significa en verdad la Semana Santa. Yo, que creo en Dios y en lo que dice la Biblia, pero que no comparto este festival procesional, sí tengo predilección por una imagen de Cristo: el relieve que un preso anónimo hizo en la pared de la celda 21 del bloque 11 (el “bloque de la muerte”) del Campo de Concentración de Auschwitz. Esto sí que pone los pelos de punta.

Los hijos de Abraham

Una bomba que se derramaba sobre Gaza como las ramas brillantes de un árbol de navidad. Ésa fue una de las imágenes impactantes del Año Nuevo. Mientras la pólvora se usa aquí para los petardos que saludan la llegada del 2009, en la franja de Gaza la escalada bélica entre el ejército de Israel y los milicianos de Hamás parece imparable. Mi buen amigo y compañero de estudios Moncho Iglesias, poeta, traductor (ha traducido al gallego el cuento del escritor hebreo Etgar Keret "O condutor de autobús que quería ser Deus"), columnista y, en fin, inagotable aventurero-trotamundos, que ha vivido muchos años en Palestina, me invitó a una manifestación en Vigo como protesta por el "genocidio israelí". No le expliqué lo bien que quería mis reticencias a participar en estos gestos por la paz convocados por organizaciones -algunas- de dudosa credibilidad como referentes de libertad y concordia, pues las razones que pudieran tener acaban ahogándose muchas veces entre las exaltaciones de la radicalidad, insultos, proclamas incendiarias, quemas de banderas... (las imágenes del telexornal del pasado sábado 3 me dieron la razón en esto). Tampoco le expliqué lo bien que quería la parcialidad que en mi modesto juicio supone acusar de "genocidas" a los israelíes al mismo tiempo que medio se disculpa con subterfugios argumentativos a un palestino "que se ve obligado a convertirse en una bomba" (Saramago dixit). Moncho, con buen criterio y mejor intención, repuso que "non é o momento de buscar culpables, é o momento de parar este derramamento de sangue". Es cierto, Moncho. Ojalá se detenga el derramamiento de sangre. También en otras partes del mundo. Ojalá no hubiese ni tanques, ni bombas, ni seres humanos que se convierten en tanques y bombas. Ojalá los líderes se partiesen el alma por apagar los radicalismos, por encontrar el statu quo que haga posible la convivencia, en lugar de disfrazar su ineptitud y su corrupción cargando las culpas sobre el otro. Ojalá los partidos políticos fueran plataformas de intercambio de ideas, no cloacas de sectarismo. Ojalá los imanes y los rabinos interpretasen el Corán y el Tanak sin fanatismos, con el espíritu de perdón y amor de Aquel que se los reveló. Ojalá árabes palestinos y judíos no se negasen el derecho a la existencia…
Pero soy pesimista. Este capítulo llegará a su fin, pero el libro con páginas de sangre que escriben juntos israelíes y árabes-palestinos continuará indefinidamente, porque cada palabra se escribe con tinta de odio. Parece que poco o nada une a estos dos pueblos con diferencias irreconciliables. Sin embargo, quizá mucha gente desconozca que judíos y árabes comparten un mismo origen semita, más aún, son hijos de Abraham.
El relato bíblico del Génesis nos explica cómo Abraham llega a Canaán, Eretz-Israel (lo que los romanos llamaron Palestina) tras ser llamado por Dios, quien hace un pacto con él, y le promete el territorio para sus descendientes. Pero su mujer Sara no se queda embarazada y ella sugiere, “para facilitar la promesa”, que tome como esposa a su sierva Agar. Cuando ésta se queda encinta, Sara siente que se burla de ella, y trata de echarla del campamento. Pero finalmente Agar se queda y así nace Ismael, el primogénito. Pero Dios le promete a Abraham un hijo específico de Sara, con el que continuará el pacto hecho con él. Cuando nace Isaac, parecen volver los problemas domésticos: Sara no tolera unas burlas de Ismael hacia Isaac, y vuelve a pedirle a Abraham que expulse a los dos. El patriarca accede, cuando Dios le da a entender que cuidará de Ismael, y obtiene su promesa de que hará de él una gran nación. Tras la separación de sus caminos, Isaac e Ismael aún volverán a reunirse en el entierro del padre, probablemente por última vez. Isaac, casado con Rebeca, tiene dos hijos (también con notables desavenencias, por cierto): Esaú –quien al parecer se casó con una hija de Ismael- y Jacob, que engendrará doce hijos, y cuyos descendientes acabarán viviendo como esclavos en Egipto cuatrocientos años hasta su liberación, éxodo y retorno a Canaán, donde establecerán el reino de Israel. Por su parte, Ismael se establece más al sur, y tiene también doce hijos, doce príncipes, que se establecerán entre la frontera de Egipto y el golfo Pérsico, en la gran Arabia.
Bueno, éste es el relato. No hay dato alguno que revele un odio entre los dos hermanos, pese a los episodios de celos y desavenencias familiares. Aunque Dios estableció un pacto perpetuo especial con los hijos de Isaac, bendijo a los hijos de Ismael, tal y como había prometido a Abraham. Hizo de los descendientes de ambos, pueblos sabios e independientes, capaces de abanderar auténticas revoluciones científicas y culturales. Quizá la inmensidad del mundo antiguo, suficientemente grande para los dos, quizá la diáspora judía de casi 2000 años y otras circunstancias histórico-políticas evitaron los enfrentamientos. En la Al-Andalus medieval hay evidencias de la convivencia pacífica de los dos pueblos. Sin embargo, ahora, los hijos de Isaac y los hijos de Ismael se odian entre sí. Se disputan la legitimidad de su linaje, el favor divino, el derecho a la Tierra, a la Existencia. Si Abraham volviese, quizás pondría orden en este campamento, daría un azote a cada uno de sus hijos y los castigaría de cara a la pared. Incluso a riesgo de ser vilipendiado por los pseudopedagogos criminalizadores del cachete…
Queridos (¿Reyes?) Magos de Oriente...

Ya hace mucho tiempo que no sé de vosotros, aunque no me extraña: ésta es la primera carta que os escribo en décadas, y hace mucho tiempo que dejé de poner las zapatillas a la vista, a la puerta de casa. Claro que tampoco pongo un tazón de chocolate y un balde de agua (para los camellos) con los que reponer fuerzas. Sí, ya sé que no es que no hagáis las cosas desinteresadamente, que bastante hacéis, sino que necesitáis un algo de fe y un mínimo de hospitalidad por nuestra parte...
Si algo puedo decir en mi favor, es que siempre he sido más partidario vuestro que del barrigudo vestido de rojo por arte y gracia de Coca-Cola. Me parece un advenedizo, un poquillo aprovechado. No es que dude de sus buenas intenciones, pero me parece un poco falso su "¡ho, ho, ho!". Desde hace tiempo su competencia es feroz. Incluso he leído por ahí que algún pedagogo recomienda eliminar directamente vuestra sacrosanta festividad para eliminar días de vacaciones y dejar los regalos en exclusiva del gordo barbudo. Para no malcriar a los niños, por lo visto, con tanto regalo. Y para que estudien más y mejor. Que acorten las vacaciones, bueno, pero, ¿eliminar el día festivo de Reyes? Ay, qué disgusto, majestades, qué disgusto...
Bueno, de todos modos, ya sabéis que no soy ningún fanático de estas fechas. Conozco el significado de la Natividad, comprendo el sentido de las letras de las canciones dedicadas al Niño, el simbolismo del oro, el incienso y la mirra... Es una hermosa historia de esperanza, de vida. Pero reconozco que se me hace cansado tanto ir y venir, tanta mala digestión de tan abundantes manducatorias (claro, y como yo no me sé controlar, que la comida me pierde, que eliminen la cena de Nochebuena...), tanta decepción porque no toca el Gordo (de momento hay salud, no pasa na’)... Pero, si no fuera por la Navidad... no vería a todos mis amigos y familiares simultáneamente, ni vería a mucha gente que ha formado parte de mi vida (ex-compañeros de Facultad, ex-compañeros de Oposición...), ni tendría la esperanza de hacerme millonario, ni recibiría el tradicional SMS de Juanjo, que siempre dibuja en mí una buena sonrisa...
En fin... ¡Ah! Que me deje de rodeos... Que qué quiero yo de regalo... Se ve que estáis apuradillos de tiempo, que estáis acostumbrados a la típica petición concreta y no a tanto rollo... Pues nada, no es que quiera nada. Quizá aprender a contentarme, a apreciar lo que tengo, que no es poco. De todos modos, esta carta no era para pedir ningún regalo, simplemente me apetecía charlar...
A los pies del caballo, el testamento de Francisco Franco
Nací en noviembre de 1974, un año antes de la muerte de Francisco Franco Bahamonde. Nunca he sentido placer especial en recordar tenebrosas épocas pasadas. Mi padre tampoco. A mi abuelo lo reclutaron para luchar en el bando nacional, y cuando regresó, nunca fue él mismo. Mi abuela tuvo graves desórdenes psiquiátricos desde aquella época. Toda la familia -excepto los dos hijos mayores- se trasladó a Asturias, donde las minas ofrecían una oportunidad para pagar las facturas del tratamiento. Mi abuelo acabó con los pulmones atascados por el wolframio. En fin, épocas duras de las que mi padre no le gusta hablar. Normalmente rehuyo las politizadas polémicas sobre la memoria histórica: respeto a quien quiere recordar, y a quien quiere olvidar. Pero el sábado pasado, visitando el museo naval de Ferrol, me encontré con una enorme estatua que antes enseñoreaba una enorme plaza pública de la ciudad: la estatua ecuestre del Generalísimo. A los pies del caballo, hay una enorme inscripción, que justifica este artículo y me hizo pensar. La inscripción dice así:
Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida que ya sé próximo.
Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y, para ello, deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de fortaleza de la unidad de la patria.
Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte. ¡Arriba España! ¡Viva España!
Cudi, que, junto a Ana, ejerció de guía turístico por Ferrol y toda la comarca el pasado fin de semana, dijo una lacónica frase: "¡Qué cinismo!". Todos asentimos. ¿Qué significa exactamente cinismo? Cinismo (del lat. cynismus, y este del gr. κυνισμός): sust. masc.: 1. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. 2. Imprudencia, obscenidad descarada.
Vale. De verdad que no me gusta hablar de algo que no he vivido. Yo no conocí ni a Franco ni a la España de Franco, ni voy a luchar las batallas que en el pasado otros lucharon o dejaron de luchar. Y por descontado, desconozco cuál será el destino eterno del insigne ferrolano. Pero era inútil no comentar lo obvio. Que Franco hable de "justicia social" tras haber recortado tantas y tantas libertades elementales... eso es cinismo. Que hable de "cultura" tras haber arrinconado toda la cultura que le fuera ideológicamente opuesta, haber enviado al exilio (en el mejor de los casos) a tantos artistas y escritores... eso es cinismo. Que hable de "exaltación de la rica multiplicidad de las regiones de España" tras haber impuesto mil y una trabas a la expresión de la riqueza cultural vasca, gallega o catalana... eso es cinismo. Etc. Etc.
Cinismo con "salsa mesiánica" y "discurso del miedo tres delicias": los ingredientes del Dictador. Autoproclamado salvador de España, vigía ante los enemigos de la patria... Vamos... Ni siquiera el Mesías por excelencia, Jesucristo, a quien Franco nombra con insistencia, pronunció nunca un encendido discurso en el que se atribuyera de modo tan impertinente y descarado sus atribuciones salvíficas. Al contrario, cuando llegó su hora, Jesucristo no pronunció ninguna electrizante exhortación. No dijo nada. Y en vida, nunca condenó a nadie: solo -precisamente- a los religiosos de su época que se autoconsideraban la élite de la moral y la ética. Y, lo que son las cosas, al Carpintero de Nazaret sí le han seguido millones de personas, y respetado al menos otros tantos millones.
60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Lo que no se entiende es que los Derechos Humanos de Uno son los Deberes Humanos del resto. Mientras esto no se entienda, desgraciadamente la Declaración no será más que papel mojado. ¿Un resumen para no leerla entera? Por ejemplo, "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Lo que ocurre es que la naturaleza del hombre va por otros derroteros, igual que la cabra tira para el monte. Pero no seamos pesimistas en un día como hoy y pensemos en los artículos de la Declaración. Al menos como un espejo donde mirar nuestras vergüenzas. Para ayudarnos, los alumnos de 4º D, bajo la batuta de Serafín, han realizado un bonito trabajo que podéis consultar en su blog. Oiréis sus voces recitando los primeros artículos.
¿Adoctrinar o enseñar?
Si no lo veo, no lo creo. Qué asco, qué repugnancia. De verdad que no puedo creerme esto que me acaba de enviar un amigo. Fernández de la Vega impartiendo ¿una clase de Educación para la ciudadanía? unos días antes de las elecciones generales de este año. A la señora vicepresidenta del Gobierno el director del IES valenciano en cuestión tenía que darle una buena patada en el culo y sacarla del aula. Aunque el director fuese más marxista que el mismo Marx, el mismísimo Pablo Iglesias reencarnado. Sin remordimientos. Aunque el guardaespaldas le hiciese un placaje tipo fútbol americano. Sin miramientos.
Luego nos extraña que haya gente que tenga sus dudas sobre la asignatura "Educación para la Ciudadanía". Si "Educación para la Ciudadadanía" consiste en impartir una doctrina, extender una ideología, yo también estoy en contra. Un CIUDADANO, con mayúsculas, es quien tiene la virtud y grado de la ciudadanía. Es alguien que se ha ganado el derecho a vivir en sociedad porque ha elegido ejercer sus deberes y derechos en igualdad de condiciones con sus con-ciudadanos. Así que enseñar ciudadanía es enseñar a convivir en primer lugar, y en segundo lugar a entender que el vivir juntos nos comporta una serie de derechos y de obligaciones. Es decir, la ciudadanía es -entre otras cosas- el conocimiento, la aceptación y el respeto al otro, sea cual sea su cultura o su ideología. Enseñar ciudadanía no es convencer a un alumno de nada, y menos de la idoneidad de una opción política u otra. Enseñar ciudadanía es enseñarle a tener opiniones propias y razonadas, argumentarlas sin prejuicios, matizarlas si es necesario tras un debate constructivo. Enseñar ciudadanía es enseñar a un alumno a tomar decisiones con responsabilidad. Todo esto sí es CIUDADANÍA.
Afortunadamente creo que mis compañeros son infinitamente más moderados y responsables que la señora vicepresidenta. Por favor, insistamos en lo obvio. Tenemos que enseñar a nuestros alumnos a desarrollar conciencia crítica, a pensar por sí mismos, lo cual es radicalmente diferente de adoctrinar, de hacer proselitismo, de crear borregos a base de meterles zanahorias por los ojos. ¡Ah! Y tenemos que enseñarles a no mentir, que eso también es ética ciudadana.
Aquí está la satisfactoria explicación de la vice a una pregunta al respecto de una periodista:
Deporte y política, mal cóctel
Fotografía de Reuters para el Diario Marca. La única bandera no española que ondea es la gallega.
Cuando el árbitro del último partido de la Eurocopa pitó el final, me levanté del sofá como un poseso y me abracé a mis amigos: ¡España había ganado! Soy un futbolero empedernido, sufrido celtista para más señas, poco acostumbrado a degustar las mieles del éxito deportivo. Así que fuimos a celebrarlo, con el claxon a todo meter. Entonces unos tipos que paseaban por la acera portando una bandera de Galicia con una estrella roja en el centro me regalaron un corte de mangas. Vaya. Se me bajó un poco la euforia. A mí no se me hubiese pasado por la cabeza que saludar el triunfo de la selección de fútbol de España pudiese suponer una ofensa para ningún gallego. Pues sí. De acuerdo, hay gente que tiene una idea de Galicia y España opuesta a la mía (a algunos los cuento como grandes amigos), es muy respetable, pero... ¿por qué fastidiar a alguien un día irrepetible como ese a otros que tienen conceptos políticos diferentes, o simplemente, a otros que procuran no mezclar la política con el deporte?
Hace pocos días no sé qué movimiento estudiantil en defensa de los "paisos cataláns" reventó un mitin de un patido político, "Ciutatans per Catalunya", insultándolos llamándoles "fascistas" y "españoles" (deduzco que para ellos la palabra "español" tiene carácter despectivo). Una actitud muy democrática la de estos chavales, en la línea de aquellos que coronan encendidos discursos con quemas de banderas y de fotografías. ¿Qué clase de sano debate pretenden con semejantes muestras de incivismo? ¿Por qué hay "quema-símbolos" que tienen que reafirmar su ideología insultando a otros y quemando símbolos por los que sienten aprecio?
Otro ejemplo de hasta qué punto puede envenenarse un debate donde se mezclan política y deporte. El otro día jugadores vascos firmaron un manifiesto por el que se niegan a jugar bajo el nombre de Euskadi: solo jugarán bajo el nombre de Euskal Herria, el topónimo que reúne las siete "provincias" vascas: Áraba (Álava), Guipuzkoa, Bizcaia (Vizcaya), Nafarroa (Navarra), Nafarroa Beherea (la Navarra francesa), Lapurdi y Zuberoa (Labort y Sola respectivamente, también en Francia), ya que pueden jugar bajo la ikurriña jugadores nacidos en estas siete provincias.
En fin, me parece respetable la idea, pero un poco innecesaria y poco meditada esta medida de presión a la Federación Vasca. Vaya embrollo. Al fin y al cabo, como ha dicho el alcalde de Bilbao, esos jugadores (ninguno del Club At. Osasuna de Pamplona, por cierto) de momento no podrán solicitar ayudas de cualquier tipo, o becas para sus hijos, a la Hacienda de Euskal Herria, sino a la de Euskadi, que es quien les paga por los amistosos que disputan en las fechas navideñas. Por cierto, que uno de los firmantes del manifiesto, Fernando Llorente (casualmente nacido en Pamplona, pero con domicilio familiar en La Rioja), no hizo ascos a la llamada de Vicente Del Bosque para jugar con España el próximo amistoso. Un poquillo contradictorio, creo. Lo que sería coherente sería renunciar a jugar con la selección de España o Francia, ¿no?
Ahora bien, también hay nacionalistas (españoles) que han utilizado la victoria de la Eurocopa para exaltar su ánimo patriótico y dar en las narices a los nacionalistas (periféricos). Pues otro ejemplo, pero al revés, de cómo se mezcla deporte y política sin más fruto que encontrar resquemor y resentimiento. Repasemos la alineación. El equipo español (no diré "nacional" por si acaso levanto suspicacias) estaba conformado por un canario (David Silva), seis catalanes (Carles Puyol, Xavi Hernández, Joan Capdevila, Cesc Fábregas, Sergio García y Fernando Navarro), un vasco (Xabi Alonso), dos valencianos (Raúl Albiol y Andrés Palop), cuatro andaluces (Sergio Ramos, Carlos Marchena, Dani Güiza y Juanito), dos asturianos (David Villa y Santi Cazorla), un castellano-manchego (Andrés Iniesta), un castellano-leonés (Álvaro Arbeloa), cuatro madrileños (Iker Casillas, Fernando Torres, Pepe Reina y Rubén De la Red) y uno de Sao Paulo (Marcos Senna). 23 personas de diferentes acentos y orígenes, 23 niños, tiernos pero descarados, jugando deliciosamente al fútbol alrededor de su abuelito... Un hermoso ejemplo de diversidad utilizada para buscar la excelencia, un ejemplo de lo que puede conseguirse cuando se aparcan los intereses individuales y se busca con tesón un objetivo común.
España es un país particular, con un himno sin letra y una bandera bajo la perenne sospecha de ser ondeada por un "facha"; es un país heterogéneo, multilingüe, multirracial, multicultural pese al tópico de la tortilla y los toros, donde cada cual siente (o no) y vive (o no) su hispanidad a su manera. Estas son nuestras peculiaridades, lo que nos hace diferentes a los demás, lo que nos hace especiales. Y pienso (que no se me enfade nadie) que todos tenemos más en común de lo que creemos, y quizá por ello estamos condenados a entendernos...
PS: Moraleja baronceliana. En el Baronceli hay ocho concellos representados: Castrelo do Val, Cualedro, Laza, Monterrei, Oímbra, Riós, Verín y Vilardevós. Casi 200 "seleccionados" para la temporada 2008/09... ¿Colaboramos para mejorar o nos tiramos los trastos a la cabeza?
Quevedo y el Photoshop
El dominio de la palabra de Quevedo fue simplemente grandioso. Creo que nadie se le puede comparar, ni siquiera Cervantes, en este sentido. Quevedo, el genio del lenguaje, era también un hombre desengañado. De hecho, es esta faceta la que le empujó a crear sus mejores páginas. Por ejemplo, el ensayo en forma narrativa de El mundo por de dentro, en el que Desengaño, viejo venerable en sus canas, maltratado, roto por mil partes el vestido y pisado; no por eso ridículo, antes severo y digno de respeto, guía a Quevedo a la calle mayor del mundo, la calle de la hipocresía, en la que no hay nadie casi que no tenga, si no una casa, un cuarto o un aposento. Diferentes personajes en diferentes situaciones son "desenmascarados" por el Desengaño. La última de la lista es una mujer hermosa, que iba escondiendo el rostro a los que ya lo habían visto y descubriéndolo a los que estaban despistados. [...] Los cabellos, martirizados, hacían sortijas a las sienes. El rostro era nieve y grana y rosas que se conservaban en amistad esparcidas por labios, cuello y mejillas; los dientes trasparentes; y las manos, que de rato en rato nevaban el manto, abrasaban los corazones. El talle y paso ocasionando pensamientos lascivos; tan rica y galana como cargada de joyas recibidas y no compradas.
Quevedo pierde el sentido: "¡Qué ojos tan hermosos honestamente! ¡Qué mirar tan cauteloso y prevenido en los descuidos de una alma libre! ¡Qué cejas tan negras, esforzando recíprocamente la blancura de la frente! ¡Qué mejillas, donde la sangre mezclada con la leche engendra lo rosado que admira! ¡Qué labios encarnados, guardando perlas que la risa muestra con recato! ¡Qué cuello! ¡Qué manos! ¡Qué talle! Todos son causa de perdición y juntamente disculpa del que se pierde por ella."
El Desengaño le reprende: "Hasta agora te juzgaba por ciego y agora veo que también eres loco [...] Pues sábete que las mujeres lo primero que se visten en despertándose es una cara, una garganta y unas manos, y luego las sayas. Todo cuanto ves en ella es tienda y no natural. ¿Ves el cabello? Pues comprado es y no criado. Las cejas tienen más de ahumadas que de negras, y si como se hacen cejas se hicieran las narices, no las tuvieran. Los dientes que ves, y la boca, era de puro negra un tintero y a puros polvos se ha hecho salvadera. La cera de los oídos se ha pasado a los labios y cada uno es una candelilla. ¿Las manos, pues? Lo que parece blanco es untado. ¡Qué cosa es ver una mujer que ha de salir otro día a que la vean, echarse la noche antes en adobo y verlas acostar las caras hechas cofines de pasas, y a la mañana irse pintando sobre lo vivo como quieren! ¡Qué es ver una fea o una vieja querer, como el otro tan celebrado nigromántico, salir de nuevo de una redoma! ¿Estáslas mirando? Pues no es cosa suya. Si se lavasen las caras no las conocerías. Y cree que en el mundo no hay cosa tan trabajada como el pellejo de una mujer hermosa, donde se enjugan y secan y derriten más jalbegues que sus faldas. Desconfiadas de sus personas, cuando quieren halagar algunas narices, luego se encomiendan a la pastilla y al sahumerio o aguas de olor, y a veces los pies disimulan el sudor con las zapatillas de ámbar. Dígote que nuestros sentidos están en ayunas de lo que es mujer y ahítos de lo que le parece. Si la besas te embarras los labios; si la abrazas, aprietas tablillas y abollas cartones; si la acuestas contigo, la mitad dejas debajo la cama en los chapines; si la pretendes te cansas; si la alcanzas te embarazas; si la sustentas te empobreces; si la dejas te persigue; si la quieres te deja."
¡Qué grande, Quevedo! ¡Qué increíble tu pluma! Y qué actual... Porque el artificio, el triunfo de las apariencias, no es cosa del siglo XVII, de una época o de un lugar, es un asunto atemporal. Y hoy, las nuevas tecnologías y el Photoshop se alían con las campañas publicitarias de las grandes marcas para disfrazar la realidad, seducir al consumidor y engordar sus listas de resultados.
Yo ahora veo con otros ojos las fotografías que aparecen en las portadas de las revistas. Pero no hace falta hablar solo del marketing "de alto standing": basta con comprobar los datos que dicen -papá, regálame unas tetas por mi cumpleaños- que España es el lugar donde más operaciones de cirugía estética se realizan, basta con analizar el éxito de la industria cosmética, basta con observar lo cotizados que están los asesores de imagen, basta con saber cuántos minutos debe levantarse antes una mujer para prepararse a conciencia y estar "divina de la muerte", basta con ver la babosa estupidez con la que los hombres nos damos la vuelta al ver unos pechos realzados por un wonderbra...
El mundo no ha cambiado tanto, solo la tecnología que lo mueve. Si Quevedo manejase Photoshop, seguro que firmaría esto:
Don Quijote, árbitro.

Foto de Martín Mesa
Ángel Jiménez es tocayo... Esto es, es profesor de Lengua castellana, como el que escribe. Pero tiene una doble peculiaridad: es árbitro y es implacable con el insulto. Y no me refiero a los jugadores, ya que el propio reglamento lo prohíbe, sino a los aficionados. Al primer insulto de la grada, Ángel habla con los delegados; al segundo, con la policía; al tercero, suspende el partido. Y dice que jamás ha tenido que llegar a esto último. Un tipo que va contracorriente, un don quijote del fútbol y del respeto de la palabra. Chapeau para ti, Ángel.
Os transcribo parte del artículo del diario 20minutos de Raúl R. Vega, de hoy, 5 de octubre:
«¿Imaginas a 12.000 personas insultando a Nadal? El gamberro que insulta en el fútbol se calla en el tenis». Ángel, malagueño de 31 años, pita partidos de fútbol base desde 2006. Regresó al arbitraje convencido de poder cambiar algo: «En mis partidos de fútbol nadie insulta a nadie, no lo permito. Antes de comenzar, reúno a todos y les digo que quiero que se respeten, que jueguen con deportividad». ¿Y si no le hacen caso? «Al primer insulto que escucho en el campo o la grada, advierto a los delegados; al segundo llamo a la policía, y al tercero, suspendo el partido». ¿Cuantas veces ha llegado ése tercer aviso? «Ninguna vez». Las explicaciones de este árbitro contranatura tienen base lógica: «Parece que la costumbre tiene que ser ley, y no es así; como en el fútbol siempre se ha insultado nada tiene que cambiar, y eso es por la cultura de este deporte. ¿Imaginas a 12000 personas insultando a Rafa Nadal? El gamberro que insulta en el fútbol se calla en el tenis. Cuando el fútbol empobrece al ser humano, mal vamos...». Cuesta creer en este mundo feliz y Ángel sabe que predica en el desierto, pero está convencido: «Mis amigos me llaman loco, pero la razón está conmigo y creo que el fútbol puede cambiar en un futuro. También hace unos años las mujeres no tenían derecho a votar...».
El alcohol perjudica seriamente... el arbitraje
Este vídeo seguro que ya lo habéis visto, no creo que haya canal de televisión del mundo que no lo haya emitido... En él un árbitro de fútbol bielorruso, Sergei Shmolik para más señas, exhibe ante jugadores y espectadores una solemne cogorza. Se ve que en el descanso el tipo se pasó con el vodka. Como no se tenía en pie, el trencilla trató de fingir una lesión de espalda, pero está claro que no se trataba de una lumbalgia... Se pueden escuchar perfectamente los jaleos y risas del público, que ya veía como el señor Shmolik se limitaba a pasear descoordinadamente por el círculo central, gesticulando de manera extraña y soplando su silbato sin coherencia alguna.
La cosa sucedió curiosamente en Bielorrusia, y digo lo de "curiosamente" porque es un país que llevo en el corazón, pues pasé tres años de mi vida allí. La gente puede resultar en algunos casos algo fría y desconfiada, pero enseguida te abre las puertas de su casa y de su corazón, y ahí ves su enorme sencillez, pureza, amabilidad. También gusta el fútbol, cómo no, pero el arte del balompié no es tan popular como el arte del vodka. Recuerdo como una tarde después de un concierto de música clásica, todo cultura y sensibilidad artística, el director de orquesta se reunió con los profesores de la facultad de español, y de su maletín sacó con toda la naturalidad del mundo... una botella de vodka. El vodka, servido solo, acompañado de unos canapés de salchichón o de lo que se tercie, forma parte de cualquier celebración en la vida social bielorrusa; de hecho, rechazar una invitación casi es un insulto... Se trata de un elemento tradicional de socialización: el propio brindis es un tema muy, muy serio. Alguien se levanta con el vaso en alto, brindando por el reencuentro... todos beben al unísono. Un poco más tarde, otro se levanta, vaso en alto, brindando por la amistad, por el futuro... todos beben al unísono. Un tercero se levanta aún, para brindar por el amor... todos beben al unísono. Nunca se debe beber solo: quizá esa es la diferencia entre el desgraciado alcohólico de rostro amarillento por la cirrosis que vagabundea por las calles y el bebedor social. No sé a qué grupo pertenecería este árbitro... pero está claro que el alcohol no es un buen acompañante cuando tienes que arbitrar un partido de fútbol, o hacer cualquier cosa que requiera tus cinco sentidos en plena forma...
Por cierto, la Federación bielorrusa ha suspendido indefinidamente al árbitro. Y es que, para bien o para mal, todo lo que hacemos tiene consecuencias...
La Biblia del Oso

Mientras escribo este artículo la tele está encendida: "Indiana Jones y la última cruzada". Casualmente oigo una frase que George Lucas, el guionista de la película, pone en boca del padre de Indiana (personaje interpretado por Sean Connery), en el momento en el que discute con un oficial nazi: "Los cretinos que andan como usted a paso de ganso deberían leer libros en vez de quemarlos". Y precisamente estaba pensando yo en el detestable vicio del hombre de quemar libros en lugar de leerlos, de someter a otros seres humanos, de imponer sus dogmas y opiniones sobre ellos.
Acaba de terminar la Semana de la Biblia, y quiero acordarme de la primera Biblia íntegra traducida al castellano directamente desde las lenguas originales: la Biblia del Oso. La Biblia del Oso (en su portada se ve la imagen de un oso comiendo miel) apareció en 1569, y constituyó una de las obras cumbres del brillante humanismo español del siglo XVI, por el esfuerzo científico, la calidad del lenguaje y la fidelidad de la traducción. Casiodoro de Reina pasó doce años de su vida con esta titánica labor, hasta que la Biblia vio la luz en... Basilea, Suiza. ¿Por quéno en Toledo, Salamanca, Sevilla, Barcelona...? Porque Casiodoro de Reina tuvo que huir de la Santa Inquisición.
Pocos años después del Concilio de Trento, en 1559 se desató una gran represión del luteranismo en España por parte de la Santa Inquisición.Casiodoro de Reina y otros monjes del monasterio jerónimo de San Isidoro del Monte de Sevilla habían simpatizado con muchas de las ideas reformistas de Lutero y fueron acusados de herejes. Fue el año en que se creó el Índice de Libros Prohibidos, que contenía nombres de autores cuyas obras estaban prohibidas en su totalidad, obras aisladas de otros autores o anónimas y también un detallado repertorio de los capítulos, páginas o líneas que debían ser cortados o tachados. Esta labor correspondía a los "bibliotecarios", que debían ocuparse de ellas antes de dejar los libros en manos de los lectores. Erasmo, Rabelais, LaFontaine, Descartes, Pascal, Montesquieu, Copérnico, Kepler, Hume, Kant, Zola, Balzac, Victor Hugo... entre otros muchos, llegaron a formar parte de la lista negra del Índice, que no desapareció hasta 1966. Cervantes mismo tuvo que suprimir del Quijote (2ª parte, capítulo 36) la frase «…las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.».
Casiodoro de Reina, cuyo nombre también formaría parte del Índice, creía firmemente en la necesidad de que las Escrituras fuesen traducidas al castellano, y que cada cual tuviese la oportunidad de leerlas por sí mismo, sin prejuicios, sin intermediarios. Eso quiere decir que Casiodoro de Reina creía en la libertad de conciencia y en la libertad de expresión como medios inexcusables para llegar a la verdad. El precio que pagó él fue la persecución y una patria perdida; el precio que pagó España por esa "quema de libros" no fue sólo que durante muchos años la Biblia del Oso, un tesoro de la filología hispana, no pudo ser leída, sino que, al "despedir" a una generación entera de brillantísmos eruditos, perdió casi trescientos años en su renovación cultural, científica e intelectual.
Nunca quemes un libro, aunque no te guste. El tuyo podría ser el siguiente.
Celso Emilio Ferreiro e a maldición de Babel

Hai uns días celebrouse en toda Galicia o Día das Letras Galegas, un Día que no noso centro convertiuse nunca auténtica festa da mente e dos sentidos, da que disfrutamos todos os membros da comunidade educativa baronceliana. Eu levaba tempo barallando escribir unhas pequenas reflexións que me rondaban a mente, e hoxe paréceme un bo día para compartilas convosco, non antes de sumarme á homenaxe, non ó galego coma lingua, que coma lingua non sente nin padece, senón ós milleiros de homes e mulleres –eses que sí sentiron e padeceron- que polo sinxelo feito de falar galego, foron mal vistos ou mesmo desprezados polos seus veciños, e ignorados ou mesmo perseguidos polas administracións que os gobernaban. Por iso intelectuais do século XX coma Castelao, Risco, Cabanillas… xunto con outros de menos relevancia pública, deben ser valorados coma merecen, máis que polos seus ideais políticos (que cada quen é libre de compartir ou non) pola súa loita a prol da dignidade dos galegofalantes. Hoxe a Constitución e o Estatuto amparan esta dignificación, e están obrigadas a garantir os dereitos de todos os galegos, falen a lingua que falen, pero iso seguirá sendo papel mollado mentres haxa unha persoa que se avergoñe de falar o galego, ou haxa unha persoa que humille a outra por falar galego.
A maioría dos habitantes do Castro de Baronceli, e entre eles os xornalistas que fan posible LaGaZetaDeTerZero, teñen coma lingua nai o galego, e empregan o galego con naturalidade alá onde van. O orgullo de ser coma un é, de non renunciar ás raíces, de falar a lengua dos antergos, son alicerces fundamentais sobre os que crecer coma persoas. Diso vai un pouco o famoso -e fermoso- poema "Deitado frente ao mar", de Longa noite de pedra, de Celso Emilio Ferreiro, que tamén foi recitado durante a pasada Romaría Popular do Baronceli. Ferreiro di respecto a lingua galega: " eu fáloa porque sí, porque me gosta, porque me peta e quero e dame a gaña". A verdade, non se me ocorre mellor xustificación para falar unha lingua. Perfecto. Pero Ferreiro uns versos máis abaixo arremete contra os seus propios compatriotas que se avergoñan de falar o galego chamándoos "patufos desleigados, pequenos mequetrefes sen raíces". Podo entender a euforia patriótica, a reprimenda contra a diglosia tan extendida, o chamamento ó orgullo da lingua, pero... ¿un galego castelánfalante é un "patufo desleigado"? ¿"Un pequeno mequetrefe sen raíces"? ¿Non é isto xulgar a alguen pola lingua que usa?
Un dos maios que fixeron os alumnos do Baronceli recordoume estes versos de Celso Emilio: No noso instituto / falamos galego / algúns profesores / non queren facelo. / Din que é mellor / falar castelán / o galego é bruto / e soa fatal. // Que non se confundan / que é o noso idioma / falámolo na casa / e tamén na escola. O espírito da copla está afortunadamente ben lonxe do enfermizo autoodio tradicional dos galegofalantes doutras xeracións, pero pásase co entusiasmo, cando acusa a algúns profesores de teren graves prexuicios sobre o galego, prexuicios que me custa moito crer en persoas ás que se lles presume un nivel cultural alto. Se é así, dende logo, estes mestres debían tomar a súa xornada de reflexión particular; pero eu coido que non hai tal, mais ben que, ó contrario, a copla cae precisamente no prexuicio que quería atacar: todo o que non fale galego é antigalego, ou coma pouco é un desnaturalizado que deshonra a memoria dos nosos devanceiros... Outra vez, xulgar as persoas pola lingua que usan, e non polo que din con elas.
Como vemos, a verdadeira normalidade na convivencia dos falantes de galego e de castelán aínda está por chegar. Nesta “guerra das linguas” que ás veces azouta o noso vivir diario todos saemos perdendo, os que falamos galego e os que falamos castelán. É infantil e vaidoso que ante a chea de problemas da nosa sociedade, que necesitan de toda a nosa concentración, colaboración e solidariedade, esta “guerra das linguas” ocupe tantas horas de análises e discusións, e que estas polémicas estén viciadas por posturas políticas máis ou menos enquistadas dun signo ou doutro. Pero a realidade é que ós máis xóvenes, ós representantes das futuras xeracións de avogados, albaneis, xornalistas, mecánicos... todavía pódeselles escoitar que fulano que fala castelán é un “pijo” e que mengano que fala galego é un “paleto”, estigmas que -repito- tratan de clasificar as persoas non polo que din, senón polo idioma que usan para dicilo.Nestas circunstancias, o noso labor como educadores segue a ser fundamental, en tanto que debemos correxir estes prexuicios e en ningún caso fomentar complexos, diglosias, aversións ou conflictividades de tipo ningún.
Unha perspectiva que sen querelo favorece esta belicosidade lingüística vén de aplicárselles ás linguas unha categoría que na miña humilde opinión non teñen. As linguas non son tanto un ben cultural en sí mesmas coma un instrumento para espallar a cultura; as linguas non son tesouros de sabedoría en sí mesmas, son formas de informarnos e coñecernos máis os uns ós outros; as linguas non son etiquetas políticas, senón medios para acadar acordos; as linguas non son divinidades que adorar, senón xeitos de expresar a nosa humanidade: os nosos medos e os nosos soños, os nosos gozos e as nosas penas. Por contra, imaxinemos dous albaneis en pé, discutindo días enteiros se para levantar un tabique esta paleta é mellor que aquela, cando poderían coller cada un cadansúa paleta, colaborar, levantar a parede nun cuarto de hora e adicar ó resto do día a facer o que lles petase. As linguas seguen sendo obxectivamente unha ferramenta de comunicación, a máis valiosa, pero nunca serán máis importantes que as persoas, que o bo ou o malo que todos nós poidamos facer. Cadaquén é libre de elixir a lengua que quere falar, mesmo o momento no que quere falar unha ou outra, e ten ademáis o dereito e o deber de elixir sen prexuicio ningún, sen presión ningunha, segundo as súas circunstancias, os seus interes...
No noso contexto, aínda que son innegables as oscuras circunstancias políticas do pasado que contribuiron a un bilingüismo pouco ou nada harmónico, coido que na actualidade, nesta nova sociedade da información, nesta aldeíña global, o devandito bilingüismo non debe ser considerado unha carga, un problema ou unha preocupación, senón unha riqueza, en canto aumenta as nosas posibilidades potenciais de comunicación. Se o bilingüismo (o trilingüismo, o tetralingüismo…) é un obstáculo para a nosa convivencia, en troques de ser unha sorte e unha bendición, entón non seremos nunca quen de levantar unha triste parede, de loitar por un mesmo obxectivo, e seguiremos por sempre coa maldición de Babel, cando o feito de falar linguas diferentes foi un inconvinte insuperable para que os homes puidesen levantar a Torre, o soño común que todos os homes tiveran, no que todos os homes puxeran os seus esforzos e as súas esperanzas.
27 de marzo: Día Mundial del Teatro

Pues felicidades, Teatro, ya que hoy es tu día... aunque quien sabe cuándo es tu cumpleaños, pues eres tan antiguo como el propio ser humano... Hoy a un humilde servidor tuyo, a la estatua de Don Ramón María del Valle-Inclán, le han puesto una bufanda blanca. Hermoso gesto para la galería. A la mierda mandaría la blanca bufanda Don Ramón María, bueno era él para esas sandeces. Él agradecería más que de cuando en cuando limpiaran su estatua de las cagadas de las palomas...
Yo no quiero que pongan bufandas blancas a estatuas, yo quiero que tengan el coraje de subirse a un escenario, y que las manos les suden ante la inminencia del inicio, y que el corazón palpite alocado, y que sientan el aliento de los espectadores a sus pies, y que se abra el telón, y...
¡Qué lastima, aquellos que nunca han vivido esa experiencia al menos una vez! ¡Qué horror, aquellos que jamás han asistido a una representación!





























Verín