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ISRAelPROFEDELENGUA

Cantinflas y la gramática...

Aquí os dejo unas geniales escenas de una peli de Mario Moreno "Cantinflas", El portero (1950), dirigida por Miguel Delgado. Cantinflas interpreta esta vez a un portero de una vecindad con un corazón de oro y que siempre está dispuesto a ayudar a los demás, en este caso, a los niños del colegio con sus dudas gramaticales...

Consecuencias letales...

Luis Landero: "El gramático a palos"

        Una visita a http://lenguaenliteratura.blogspot.com/ me llevó a este excepcional artículo de Luis Landero, publicado por El País el 14 de diciembre de 1999. En él se expresan -de manera inmaculada- muchas de mis inquietudes como profesor de Lengua durante los últimos años, relativas al enorme -y lastrante- peso de la gramática en las programaciones docentes de nuestra área. Las programaciones, que deben ser un instrumento de organización, acaban por esclavizarnos cuando somos indiferentes al principio fundamental que debe sostenerlas: la flexibilidad, la adaptación a los alumnos, los protagonistas del proceso de aprendizaje. 

        La cosa raya el esperpento cuando seguimos, no ya la nuestra, sino la programación que nos proporciona una editorial cualquiera. Si un tercio del libro de texto toca el análisis morfológico o sintáctico, o ambos, pues adelante, tres meses dividiendo palabras o analizando oraciones. La verdad es que es cómodo para todos, reconozcámoslo: los profes no tenemos que preparar las clases, y los chavales prefieren estos ejercicios mecánicos a los comentarios de texto, es evidente. Y, si después de dominar el análisis sintáctico de oraciones subordinadas de relativo, en nuestras clases queda tiempo para practicar  un poco la comprensión y expresión, escrita y oral, ya es el acabóse, nuestro año habrá sido estupendo y podremos tomarnos nuestras merecidas vacaciones estivales sin remordimiento alguno de conciencia. Luego, cuando los mismos chavales que diferencian sin problema un Suplemento de otro Complemento, muestren en cualquier escrito evidentes problemas de expresión, echaremos la culpa a su holgazanería, a la irresponsabilidad de los padres, a la ausencia de valores de la sociedad, a la falta de profesionalidad de los profesores de las etapas educativas tempranas.

El concurso de TV ¿Sabes más que un niño de primaria?, afortunadamente desaparecido de la parrilla, era un reflejo fiel de este absurdo educativo. Los concursantes debían contestar a una serie de preguntas relativas a las diferentes asignaturas de Primaria, ayudados por un grupito de niños de doce años. En la categoría "Lengua y literatura", por ejemplo, aparecían cuestiones referentes a conceptos teóricos de morfología, de sintaxis, de literatura... que, se supone, los niños debían dominar. ¿Por qué? ¿Con qué fin? ¿Le habrá ayudado al niño a escribir mejor su primera carta de amor saber diferenciar entre Sujeto y Predicado, saber definir perfectamente la hipérbole o la metonimia, saber qué es un lexema y un morfema?

Huelga decir que la mayoría de los concursantes no ganaban el premio final, y tenían irremediablemente que despedirse con la humillante frase: "No sé más que un niño de Primaria". Pero, simplemente, esos concursantes habían olvidado esos conceptos tan teóricos, y en consecuencia, demostraban que la importancia de tales conceptos para su vida práctica era más bien nula.

Durante un curso de formación para docentes en Verín, una maestra de Primaria se sintió profundamente molesta cuando sugerí que desde los primeros años de escolarización se debía programar para la expresión y la comprensión, y desterrar de las programaciones de aula los contenidos gramaticales, dejándolos para Secundaria, por mucho Decreto que los amparase. Esto se aplicaba también, por supuesto, a las lenguas extranjeras, donde el fracaso de los métodos de aprendizaje basados en la gramática es brutal (tras ocho años estudiando inglés, pocos chavales son capaces de mantener una conversación). Mi romántico grito de amotinamiento contra los Legisladores Educativos no solo cayó en saco roto, sino que chocó contra los esquemas mentales de algunos de los allí presentes, en particular de los de la maestra en cuestión, que sintió que yo estaba despreciando su trabajo, y farfulló algo parecido a que los profesores de Secundaria siempre estábamos igual, echando las culpas a los de Primaria de todos los problemas de los alumnos.

Opté por callar, para rebajar la tensión del debate. Derivaba la discusión hacia un punto absolutamente opuesto al que yo pretendía. Pero me sentí frustrado. Conmigo mismo primero, porque no supe expresar lo que quería con la suficiente claridad. Y con todos nosotros como colectivo profesional, porque, instalados en una cómoda dinámica de comodidad y de miedo al cambio, muchas veces no tenemos el valor de hacer bien nuestro trabajo. Afortunadamente, hay compañeros, sin embargo, cuyo esfuerzo y entusiasmo todavía nos sirven de inspiración. Y si no nos inspiran, al menos no seamos piedras en sus zapatos. Os dejo con el artículo de Luis Landero, "El gramático a palos".

Tengo un joven amigo que, después de diez años de estudiar gramática, se ha convertido al fin en un analfabeto de lo más ilustrado. Se trata de un estudiante de bachillerato de nivel medio, como tantos otros, y aunque tiene dificultades casi insalvables para leer con soltura y criterio el editorial de un periódico, es capaz sin embargo de analizar sintácticamente el texto que apenas logra descifrar. Su léxico culto es pobre, casi de supervivencia, pero eso no le impide despiezar morfológicamente, como un buen técnico que es, las palabras cuyo significado ignora y enumerar luego de corrido los rasgos del lenguaje periodístico, y comentar las perífrasis verbales y explayarse aún en otras lindezas formales de ese estilo. De puro disparatada, a mí la paradoja me resulta hasta cómica, quizá porque, como bien decía Bergson, siempre es motivo de risa la teatralidad con que se manifiesta lo que en el hombre hay de rígido, de mecánico, de autómata. O, si se quiere, de deshumanizado. A mí todo esto me recuerda a Charlot en la cadena de montaje, aplicado y absurdo, cautivo en movimientos maquinales de títere hasta cuando se rasca la pantorrilla con el empeine del zapato. Este joven no está lo que se dice alfabetizado, es cierto, pero sí ampliamente gramaticalizado, y la suya es sin duda una forma bien laboriosa de ignorancia. Podríamos también decir que lo que le falta en construcción y fundamento le sobra sin embargo en presencia y diseño. Vaya, pues, una cosa por otra. Libros, ha leído pocos, y no quizá por falta de afición sino porque ahora en las escuelas se enseña poca literatura y mucha lengua. Hay que estudiar demasiada gramática como para andar perdiendo el tiempo en novelas de caballerías. Aunque en la teoría no tiene por qué ser así, la práctica es otra cosa. En la práctica, la literatura está pasando incluso a ser una provincia más de esa patria común que es la lengua (o más bien de ese Saturno que devora a sus hijos), y donde a menudo ha de convivir, de igual a igual, con esas otras provincias que son el periodismo, la publicidad, la ciencia y la técnica, o la jurisprudencia. Ahí, en esa gran democracia, si es que no compadreo, todos alternan y se codean con todos. Y es que, si de lo que se trata es de enseñar lengua, la verdad es que tanto da diseccionar una lira de fray Luis como el eslogan de una marca de detergente o una receta gastronómica, porque al fin y al cabo la cantidad de gramática y de semiología que hay en esos mensajes viene a ser técnicamente más o menos la misma.

 Pero, en fin, todo sea por esa buena y sacrosanta causa que es el aprendizaje de la lengua, puede pensarse. Claro que, luego, uno se pregunta: ¿y para qué sirve la lengua? ¿Para qué necesitan saber tantos requilorios gramaticales y semiológicos nuestros jóvenes? Porque el objetivo prioritario de esa materia debería ser el de aprender a leer y a escribir (y, consecuentemente, a pensar) como Dios manda, y el estudio técnico de la lengua, mientras no se demuestre otra cosa, únicamente sirve para aprender lengua. Es decir: para aprobar exámenes de lengua. Entre ellos, el de selectividad, por supuesto, que eso son ya palabras mayores. Yo sospecho que, en algún oscuro departamento de alguna universidad, en el centro de algún laberinto pedagógico, alguien alimenta el sueño, o más bien la pesadilla, de que algún día habrá en España cuarenta millones de filólogos.

 El asunto, de cualquier modo, no es de ahora. En 1879, por ejemplo, en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza escribía Manuel B. Cossío: "¿Por qué no suspender el abstracto estudio gramatical de las lenguas hasta el último año de la enseñanza escolar y ejercitar al niño en la continua práctica de la espontánea y libre expresión de su pensamiento, práctica tan olvidada entre nosotros, donde los niños apenas piensan, y los que piensan no saben decir lo que han pensado?" Ciento veinte años después, la erudición gramatical, aunque con distinto ropaje, sigue vigente en las escuelas, y va camino de convertirse poco menos que en una plaga de dimensiones bíblicas.

 Lo que le ocurre a mi joven amigo me recuerda mis tiempos de estudiante de Filología Hispánica. Yo llegué a sufrir aún los excesos, tan ridículos como estruendosos, de la erudición. Jamás en cinco años llegamos a comentar ni una sola página de La Celestina, el Lazarillo o el Quijote. Como en aquel relato de Kafka donde el mensajero del emperador no podrá llegar nunca a su meta porque la inmensidad del propio imperio se lo impide, o por la misma razón por la que Aquiles no conseguirá darle alcance a la tortuga, de igual modo tampoco nosotros accedíamos nunca a los textos originarios porque antes había que atravesar un laberinto inacabable de datos, de hipótesis, de averiguaciones, de fechas, de variantes, de teorías, que (ahora lo sé) no eran un medio para llegar a la obra y enriquecer la lectura sino un fin en sí mismo. Tampoco mi joven amigo sabe bien lo que lee porque, entre él y los textos, se interpone siempre la gramática, como un burócrata insaciable. Un poco al modo de aquella parodia donde Cortázar da instrucciones para subir una escalera, tanto mi joven amigo como yo nos quedamos en la higiene de los manuales de uso, sin lograr apenas ascender unos cuantos peldaños.

 No hay esperpento sin un fondo solemne sobre el que destacarse. ¿Y qué mejor fondo, y de mayor solemnidad, que el de la técnica, sobre todo si se le añade el aura de un cierto hermetismo? Ante la cosa técnica, y la superstición de lo útil, todos callan y otorgan, como si se tratase del traje nuevo del emperador. Hace ya tiempo que la tecnificación del saber llegó también a las humanidades, culpables acaso de parecer sobrantes y anacrónicas en el mundo de hoy. Uno no tiene nada contra la gramática, pero sí contra la intoxicación gramatical que están sufriendo nuestros jóvenes. Uno está convencido de que, fuera de algunos rudimentos teóricos, la gramática se aprende leyendo y escribiendo, y de que quien llegue, por ejemplo, a leer bien una página, entonando bien las oraciones y desentrañando con la voz el contenido y la música del idioma, ése sabe sintaxis. Sólo entonces, como una confirmación y un enriquecimiento de lo que básicamente ya se sabe, alcanzará la teoría a tener un sentido y a mejorar la competencia lingüística del usuario. Así que, quien quiera aprender lengua, que estudie literatura, mucha literatura, porque sólo los buenos libros podrán remediar la plaga que se nos avecina de los gramáticos a palos.

Sabina

Sabina, genio, poeta de callejones mortecinos, músico de esquinas pisoteadas, cantante de tabernas y burdeles, maestro de la metáfora, historiador de épicas cotidianas, portavoz de miserables... Sabina, cuando tu voz gastada y tu porte bohemio ya no inunde ningún escenario, todavía nos quedará tu poesía y tu música, abrazadas como amantes perfectos...  

Hoy te he rendido humilde homenaje, conduciendo entre las líneas discontinuas de una carretera húmeda como el alma. Hoy he cantado tus poemas, y me han venido a la mente otros de otras viejas voces...

CALLE MELANCOLÍA

Joaquín Sabina

 

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.

Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.

Ya el campo estará verde, debe ser primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.

Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.

Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.

Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.

 

ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA

Antonio Machado

 

Es una tarde cenicienta y mustia, / destartalada, como el alma mía; / y es esta vieja angustia  / que habita mi usual hipocondría. / La causa de esta angustia no consigo / ni vagamente comprender siquiera; / pero recuerdo y, recordando, digo: / —Sí, yo era niño, y tú, mi compañera. // 

Y no es verdad, dolor, yo te conozco, / tú eres nostalgia de la vida buena / y soledad de corazón sombrío, / de barco sin naufragio y sin estrella. //

Como perro olvidado que no tiene / huella ni olfato y yerra / por los caminos, sin camino, como / el niño que en la noche de una fiesta / se pierde entre el gentío / y el aire polvoriento y las candelas / chispeantes, atónito, y asombra / su corazón de música y de pena, //

así voy yo, borracho melancólico, // guitarrista lunático, poeta, // y pobre hombre en sueños, // siempre buscando a Dios entre la niebla. //

 

DONDE HABITA EL OLVIDO

Joaquín Sabina

 

Cuando se despertó,
no recordaba nada de la noche anterior.
“Demasiadas cervezas”,

Dijo al ver mi cabeza al lado de la suya,

en la almohada…
y la besé otra vez.
Pero ya no era ayer, sino mañana…
Y un insolente sol, como un ladrón entró
por la ventana.

El día que llegó
tenía ojeras malvas y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,

nos vio, roto el engaño de la noche,

la cruda luz del alba.
Era la hora de huir,
y se fue, sin decir: “Llámame un día”.
Desde el balcón, la vi perderse en el trajín
de
la Gran Vía.

Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no tienen mucho sentido,
una vez me contó

un amigo común que la vio
donde habita el olvido.


La pupila archivó
un semáforo rojo, una mochila, un Peugeot
y aquellos ojos miopes
y la sangre al galope por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón,
y esta racha de amor sin apetito.
Los besos que perdí por no saber decir:
“Te necesito”.


Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no tienen mucho sentido,
una vez me contó
un amigo común que la vio
donde habita el olvido.

 

Donde habita el olvido…

 

DONDE HABITE EL OLVIDO

Luis Cernuda

 

Donde habite el olvido, / en los vastos jardines sin aurora; / donde yo sólo sea / memoria de una piedra sepultada entre ortigas  / sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. //
Donde mi nombre deje / al cuerpo que designa en brazos de los siglos, / donde el deseo no exista. //
En esa gran región donde el amor, ángel terrible, / no esconda como acero  / en mi pecho su ala, / sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. //
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, / sometiendo a otra vida su vida,  / sin más horizonte que otros ojos frente a frente. // 
Donde penas y dichas no sean más que nombres, / cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; / donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, / disuelto en niebla, ausencia, / ausencia leve como carne de niño. / Allá, allá lejos; / Donde habite el olvido. //

Zanahorias...

Se empezó premiando a los trabajadores que llegaban a su hora, con el fin de prevenir la impuntualidad. Se continuó premiando a los conductores que no cometían infracciones de tráfico, con el fin de prevenir los accidentes de circulación. Y, ya abierta la veda, ahora se pretende premiar a los escolares que van a clase para prevenir el absentismo. ¿Cuántas zanahorias nos han de poner delante para que, por fin, burros de nosotros, hagamos lo que debemos sin necesidad de soborno alguno?

San Severo, curso de 1963...

Tres, dos, uno... Empieza Curso del 63, un "docu-reality" de Antena3 en el que unos chicos del siglo XXI pasarán unas semanas en "San Severo", un internado de ambiente sesentero, estricto, estricto... No creáis que soy un fan de la telerrealidad, ni mucho menos, pero no me negaréis que la cosa promete... Esto sí que puede ser un experimento de los buenos... Y por lo que empiezo a ver, el primer día está resultando durillo...

Trivial sobre el siglo XVIII

Esquema de ideas sobre el siglo XVIII. Fuente: http://historia4eso.blogspot.com/

Pensando en los alumnos de 4º, he confeccionado este pequeño TRIVIAL con preguntas sobre el siglo XVIII y la literatura de este período. Son 4o preguntitas muuuuuuuuuuuuuuuuuuuy fáciles. A ver qué tal se os da. Disculpad, por cierto, el bombardeo de publicidad de la página, nada es perfecto...

De amor... y ortografía

He aquí una misiva amorosa "interceptada" por un profe... Un documento impresionante que me he permitido colgar aquí después de verlo por varios blogs y por algún corcho de alguna sala de profesores. Podéis hacer clic en la imagen para verla más grande.

"Picnic", de Fernando Arrabal. Y de paso, un monólogo de Gila...

"Picnic", de Fernando Arrabal. Y de paso, un monólogo de Gila...

Hoy leímos en clase de 2º de ESO un fragmento de Picnic, una obra de Fernando Arrabal. Muchos sabrán de la excentricidad de este escritor, que un día apareció con una solemne borrachera en un programa de debate de Televisión Española... Su peculiar vestimenta y su singular oratoria son más conocidas que sus obras literarias. Sin embargo, Arrabal es más que uno de esos intelectuales raritos que se pasan las convenciones sociales por el forro. Su apasionante biografía pasa desde la desaparición del padre, un teniente del Ejército que renunció a unirse a la causa de Franco, a su consideración de "enemigo público" por parte del régimen franquista, junto con otros españoles "peligrosos", como Dolores Uribarri o Santiago Carrillo. 

Arrabal es un artista integral: novelista, poeta, dramaturgo, ensayista, libretista de ópera, director y guionista de cine... Su pasión por la escena le hizo, en 1954, hacer autostop a París para presenciar una representación de una obra de Bertolt Brecht. En su haber figuran auténticas obras maestras de la literatura, como Picnic, una obrita teatral que trata el tema del belicismo y la Guerra Civil con una óptica grotesca y disparatada, en la línea del "teatro del absurdo" de Samuel Beckett o de Eugène Ionesco.

Picnic empieza así: Zapo, soldado que está solo en una trinchera en medio de una batalla, recibe la visita de sus padres, que han decidido acompañarle haciendo un picnic, aprovechando que es domingo...

 (La batalla hace furor. Se oyen tiros, bombazos, rá­fagas de ametralladora. ZAPO, solo en escena, está acurrucado entre los sacos. Tiene mucho miedo. Cesa el combate. Silencio. ZAPO saca de una cesta de tela  una madeja de lana y unas agujas. Se pone a hacer un jersey que ya tiene bastante avanzado. Suena el tim­bre del teléfono de campaña que ZAPO tiene a su lado.)

ZAPO.-Diga... Diga... A sus órdenes mi capitán... En efecto, soy el centinela de la cota 47... Sin novedad, mi capitán... Perdone, mi capitán, ¿cuándo comienza otra vez la batalla?.. Y las bombas, ¿cuándo las tiro?.. ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia atrás o ha­cia adelante?..  No se ponga usted así conmigo. No lo digo para molestarle... Capitán, me encuentro muy solo. ¿No podría enviarme un compañero?.. Aunque sea la cabra... (El capitán le riñe.) A sus órdenes... A sus ór­denes, mi capitán. (ZAPO cuelga el teléfono. Refunfu­ña.)

 

            (Silencio. Entra en escena el matrimonio TEPÁN con cestas, como si vinieran a pasar un día en el campo. Se dirigen a su hijo, ZAPO, que, de espaldas y escon­dido entre los sacos, no ve lo que pasa.)

 

SR. TEPÁN.- (Ceremoniosamente.) Hijo, levántate y besa en la frente a tu madre. (ZAPO, aliviado y sorpren­dido, se levanta y besa en la frente a su madre con mu­cho respeto. Quiere hablar. Su padre le interrumpe.) Y ahora, bésame a mí. (Lo besa en la frente.)

 

ZAPO.-Pero papaítos, ¿cómo os habéis atrevido a ve­nir aquí con lo peligroso que es? Iros inmediatamente.

 

SR. TEPÁN.- ¿Acaso quieres dar a tu padre una lec­ción de guerras y peligros? Esto para mí es un pasatiem­po. Cuántas veces, sin ir más lejos, he bajado del metro en marcha.

 

Y este es el fragmento que leímos hoy. Zepo, soldado del otro bando, llega hasta la trinchera. Zapo, dubitativo, lo detiene. No tardan en identificar sus situaciones, ninguno sabe exactamente por qué está allí, luchando...

 

SRA. TEPÁN.-Esto es lo agradable de salir los domin­gos al campo. Siempre se encuentra gente simpática. (Pausa.) Y usted, ¿por qué es enemigo?

 

ZEPO.-No sé de estas cosas. Yo tengo muy poca cultura.

 

SRA. TEPÁN.- ¿Eso es de nacimiento, o se hizo usted enemigo más tarde?

 

ZEPO.-No sé. Ya le digo que no sé.

 

SR. TEPÁN.-Entonces, ¿cómo ha venido a la guerra?

 

ZEPO.- Yo estaba un día en mi casa arreglando una plancha eléctrica de mi madre cuando vino un señor y me dijo: « ¿Es usted Zepo? Sí. Pues que me han dicho que tienes que ir a la guerra.» Y yo entonces le pregunté: «Pero, ¿a qué guerra?» Y él me dijo: «Qué bruto eres, ¿es que no lees los periódicos?» Yo le dije que sí, pero no lo de las guerras...

 

ZAPO.-Igualito, igualito me pasó a mí.

 

SR. TEPÁN.-Sí, igualmente te vinieron a ti a buscar.

 

SRA. TEPÁN.-No, no era igual, aquel día tú no esta­bas arreglando una plancha eléctrica, sino una avería del coche. .

 

SR. TEPÁN.-Digo en lo otro. (A ZEPO.) Continúe. ¿Y qué pasó luego?

 

ZEPO.-Le dije que además tenía novia y que si no iba conmigo al cine los domingos lo iba a pasar muy aburrido. Me respondió que eso de la novia no tenía im­portancia.

ZAPO.-Igualito, igualito que a mí.

 

ZEPO.-Luego bajó mi padre y dijo que yo no podía ir a la guerra porque no tenía caballo.

 

ZAPO.-Igualito dijo mi padre.

 

ZEPO.-Pero el señor dijo que no hacía falta caba­llo y yo le pregunté si podía llevar a mi novia, y me dijo que no. Entonces le pregunté si podía llevar a mi tía  para que me hiciera natillas los jueves, que me gus­tan mucho.

 

SRA. TEPÁN.-.(Dándose cuenta de que ha olvidado algo.) ¡Ay, las natillas!

Si queréis leer completa esta pequeña maravilla, haced clic en este enlace. Garantizo risas. Pero Picnic es mucho más que media horita de entretenimiento, es una reflexión sobre que no hay nada más absurdo que una guerra, nada más absurdo que levantar la mano contra otro que, en el fondo, es como tú.

PS. Picnic me ha recordado un maravilloso monólogo de Gila (1919-2001), cómico inigualable...

 

Análisis morfológico de verbos

Analizar morfológicamente un verbo (es decir, estudiar sus componentes mínimos) puede parecer difícil, pero no lo es en absoluto. En este esquema podéis ver cómo funcionan y se organizan los morfemas flexivos verbales, también denominados "desinencias".

Análisis_morfológico_de_verbos

Comunicación, lenguaje y lengua: de los signos a los monemas

Cuelgo un esquema que resume las lecciones de esta semana en la clase de lengua de 3º de ESO. Que aproveche...

Comunicación_lenguaje_y_lengua_De_los_signos_a_los_monemas

El Parlamento: el templo de la palabra, del debate, del discurso...

Imagen extraída de El País

Creo que el anarquismo (en su dimensión ortográfica) no forma parte del ideario político del Partido Nacionalista Vasco, pero vistas las tamañas faltas (aprovar, hinundaciones...) de una enmienda presentada en la Cámara Vasca, puede que algún militante haya caído en algún tipo de tentaciones anarco-lingüísticas... "¡Fuera reglas, fuera opresión! ¡Avlemos como nos de la gana". Pero no encaja mucho. Quizá un atentado ortográfico-terrorista contra la lengua del Estado: "Undamos la ortografía, matemos al tirano!". Tampoco. Quizá un cachondo que quiso hacer una broma, para ver si conseguía sacar a alguien de sus casillas. Pero, tratándose de unas ayudas para unas inundaciones, pffff, no me creo semejante insensibilidad. Lo que está claro que no cuela es echarle la culpa al programa informático, no... Va a ser que, simplemente, algunos listos que gobiernan o pretenden gobernar nuestros destinos (snif), con independencia de su credo político, no tienen ni la más mínima cultura lingüística.

Madre mía, qué es lo próximo que veremos, qué será... Me ha gustado lo que ha dicho el señor González Pons: "El Parlamento fue y es templo de la palabra, del debate y del discurso. [...] Allí han estado los padres de la patria, los grandes oradores de quienes aprendimos a hablar"... Ya son otros tiempos, señor González Pons, ya son otros tiempos... Hoy el Parlamento es escenario de burdas discusiones donde reinan las descalificaciones, los argumentos vanos y artificiosos, el desinterés por llegar a acuerdos y soluciones consensuadas, y -desde esta semana- las más flagrantes faltas de ortografía.

Una viñeta de Enmanuel Chaunu

Enmanuel Chaunu es un ilustrador francés, un habitual de la prensa escrita del país del otro lado de los Pirineos y que últimamente trabaja para Ouest France. Aquí tenemos una pequeña obra maestra suya. Se ve que los "avances" en el terreno educativo no solo han tenido lugar en España...

Juan Vaello Orts

Tuve este año el placer de escuchar en Verín a una conferencia de Juan Vaello Orts, que llevaba por título "Gestión del aula desde un enfoque preventivo". Fue bastante didáctico, sin duda, y todos los presentes nos fuimos para casa con las alforjas llenas de cosas en las que meditar. Es la misma conferencia que la que puede verse en el vídeo de arriba, aunque en diferente escenario. 

Tras la charla, quisimos encargar un libro suyo de sugerente título, Cómo dar clase a los que no quieren, convencidos de que sería útil. El Blog de la Biblioteca del Baronceli me ha recordado que todavía tengo que leerlo (upssssss...). Pero he visto una conferencia de Vaello con el mismo título para el CEP Priego-Montilla, y no me he resistido a colgar el vídeo también aquí. 

"Modernos y elegantes", por Julio Llamazares

"Modernos y elegantes", por Julio Llamazares

Hace unos años, ya no recuerdo cuándo ni cómo, llegó a mis manos un texto magnífico, escrito por Julio Llamazares y publicado por El País el 13 de mayo de 1993 -el año en que empecé mi Filología, madre mía-. Un auténtico clásico que me vino a la memoria y no me costó nada encontrarlo en la Red. Incluso he visto una unidad didáctica con muy buena pinta (VILLARRUBIA ZÚÑIGA, Marisol y FERNÁNDEZ RÍOS, Vanesa: ¿Du llu espic ingliss?, Revista de Didáctica MarcoELE, núm. 7). Eso sí, como me ha advertido Hortensia Lago en su comentario, circula una atribución errónea del texto por Internet, lo que no deja de ser una injusticia para con el autor de esta columna que trata con espléndida ironía el tema de los extranjerismos en la lengua.

Os dejo con el texto, no sin dejaros "deberes". Ésta es la pregunta: ¿Son los extranjerismos fenómenos normales y naturales en la evolución de las lenguas, o son simplemente adulteraciones del lenguaje que responden a modas caprichosas?

"Modernos y elegantes"

Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más moderno. Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware. Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor.

Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap... Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino fellings. Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel y el raffting, en lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex.

Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico. El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.

El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.

En la oficina, el jefe esta siempre en meetings o brain storms, casi siempre con la public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del yoghurt light y el body-fitness.

El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se hartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne. Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario "El Caso", pero en moderno. Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping. Estas cosas enriquecen mucho.

Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, solo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra siesta.

Análisis sintáctico arbóreo

Para mis alumnos de 2º ciclo, aquí os dejo un esquema acerca de las unidades y funciones de la lengua, vamos, lo que hay que saber para realizar un buen análisis sintáctico, o como soléis decir vosotros, "aprobar el examen de frases". A partir de ahora no tenéis disculpa para vuestras confusiones entre Directo e Indirecto, Suplemento y Complmento Circunstancial, etc., etc.

Análisis_sintáctico_arbóreo

Apuntes sobre análisis sintáctico

Los tenía por ahí, y que menos que publicarlos, por si a alguien le sirven de ayuda...

Análisis sintáctico

¡Comienza el curso!

Discurso del Rey en la apertura del curso escolar 2009/10

Discurso del Rey en la apertura del curso escolar 2009/10

Ya se calientan motores para el inminente comienzo del curso 2009/10 en todos los centros de Secundaria de España. El Rey ha hecho su tradicional discurso de apertura del curso, esta vez en un IES de Reinosa (Cantabria). Y lejos de un discurso artificial y rutinario, el Rey ha expresado claramente lo que piensan muchos ciudadanos de a pie -incluso los republicanos...-: la necesidad de un pacto nacional entre los partidos en materia de Educación. Quizá a él si le escuchen los mandamases políticos.

En este enlace está el discurso íntegro para aquellos que quieran leerlo.

Profesores, autoridad pública

Es la medida que ha tomado la Comunidad de Madrid, siguiendo el camino de las de Valencia y de Cataluña (en este caso, solo los directores): los profesores serán reconocidos como autoridad pública, igual que jueces, policías, médicos o pilotos de naves y aeronaves. Esto implica dos cosas principalmente. Primero, la agresión a un profesor estará tipificada como agresión a una autoridad pública en el Código Penal, y puede conllevar penas de prisión; incluso la Fiscalía puede actuar de oficio. Segundo, como autoridad pública se les presume a los profesores veracidad, es decir, su palabra vale más que la de otro ciudadano.

Una feliz noticia en este inicio de curso, este apoyo claro de las instituciones para que los profesores puedan ganar la autoridad perdida. Y es que algunas aulas son auténticas selvas donde impera la ley del "sálvese quien pueda". No son casos mayoritarios, me parece (todo lo magnifican los medios de comunicación), pero evidentemente existen y es enormemente complicado trabajar en contextos donde no hay un elemental respeto y civismo. Es cierto que los profesores tenemos nuestra parte de responsabilidad cuando no sabemos imponernos, y debemos preguntarnos en qué fallamos y en qué podemos mejorar. Los alumnos suelen estar atentos para probar nuestra paciencia y nuestros límites, así que habrá que estar preparados para ponernos serios cuando haya que hacerlo, sin dejar de tener una actitud amistosa y dialogante el resto del tiempo.

Pues enhorabuena a los profesores madrileños, siempre que la elevación del rango no signifique un regreso al autoritarismo que sufrieron nuestros abuelos...

PS. Sobre este mismo tema se han vertido muchas opiniones estos días; el artículo de César Casal que publica La Voz de Galicia el sábado 19 de septiembre habla de la otra "pata de la silla", la responsabilidad de los padres:

[...] no tengo la misma esperanza que Aguirre en que una solución sea convertir a los profesores en agentes de autoridad.A los críos hay que controlarlos en casa. Lo que pasa es que no lo hacemos. Los hábitos han cambiado. No les vemos el pelo. La mayoría comen fuera y quienes los educan, casi en exclusiva, son los profesores y, ojo, sus propios compañeros. A esas edades imitan lo que hace el grupo, la pandilla. Aguirre propone que, definitivamente, les pasamos toda la responsabilidad de cómo salgan nuestros hijos a los profesores, que bastante tienen. Nos lavamos las manos y, si salen rebeldes, la culpa es del colegio. No es así. Ser padres es algo más que pagar las facturas. Es una responsabilidad enorme de la que no se puede escabullir uno. En muchos colegios ya hay mecanismos precisos que avisan a las familias cuando las cosas van mal. Pero los profesores no son los que dejan que un menor baje a un botellón a beber litros de alcohol hasta las tantas, sin horario de vuelta a casa. La comodidad de los padres de decir siempre que sí se paga de forma muy amarga.