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ISRAelPROFEDELENGUA

Castelo de Arnoia, Celorico de Basto

Habíamos planificado un fin de semana rural, aprovechando estos veraniegos días de septiembre, y la verdad es que la elección resultó ser acertadísima: un lugar solitario de acceso complicadillo, un castillo en ruinas en lo alto de una colina, una casa preciosa de piedra e interiores de madera, una piscina absolutamente relajante, un buen libro (Las bicicletas son para el verano, de Fernán Gómez)... y una buena compañía. Portugal nos regaló esta vez un pequeño paraíso en medio de ninguna parte, aunque no exactamente: el Támega, que tan familiar nos es por razones obvias, bañaba riberas cercanas, tierras de Basto...

Enseñanzas de Robinson

No es nada nuevo que, cuando alguien tiene que tomar una decisión importante o analizar un hecho lo más objetivamente posible, sopese los pros y los contras, las ventajas y los inconvenientes, escribiéndolos en un papel. Recuerdo que yo mismo lo hice una vez, cuando me propusieron un lectorado en San Petersburgo al año de regresar de Minsk, ya metido de lleno en la vorágine de las oposiciones… Robinson Crusoe lo hace también, para –como dice él- “liberar los pensamientos que a diario me afligían”. Escribir sobre algo nos ayuda a poner orden en nuestros pensamientos, a tomar cierta perspectiva de las cosas, a reflexionar, a tratar de manera menos desapasionada y más efectiva los problemas o las circunstancias que vivimos. Una gran lección pero no la única ni la más importante.

La segunda gran lección de este fragmento de la novela de Daniel Defoe es que por problemática que pueda parecer una situación, hay que tratar de tener una mente positiva, mirar la botella medio llena, como se dice coloquialmente.  A veces no es fácil, pero la amargura no nos conduce a nada. Los problemas pueden ser tomados como desafíos; y si tienen solución entonces, ¿para qué preocuparse excesivamente? El náufrago por excelencia, Robinson, tiene esta actitud constructiva, y como consecuencia de ello, puede prepararse y adaptarse mejor a su nueva vida: “comencé a ocuparme de mejorar mi forma de vida, tratando de facilitarme las cosas lo mejor que pudiera”.

Aquí está el fragmento de este clásico de la narrativa universal, publicado en 1719 y que bien pudo basarse -al menos en parte- en la experiencia del español Pedro Serrano...

Comencé a considerar seriamente mi condición y las circunstancias a las que me veía reducido y decidí poner mis asuntos por escrito, no tanto para dejarlos a los que acaso vinieran después de mí, pues era muy poco probable que tuviera descendencia, sino para liberar los pensamientos que a diario me afligían. A medida que mi razón iba dominando mi abatimiento, empecé a consolarme como pude y a anotar lo bueno y lo malo, para poder distinguir mi situación de una peor; y apunté con imparcialidad, como lo harían un deudor y un acreedor, los placeres de que disfrutaba, así como las miserias que padecía, de la siguiente manera:

Malo

  • He sido arrojado a una horrible isla desierta, sin esperanza alguna de salvación.
  • Al parecer, he sido aislado y separado de todo el mundo para llevar una vida miserable.
  • Estoy separado de la humanidad, completamente aislado, desterrado de la sociedad humana.
  • No tengo ropa para cubrirme.
  • No tengo defensa alguna ni medios para resistir un ataque de hombre o bestia.
  • No tengo a nadie con quien hablar o que pueda consolarme.

Bueno

  • Pero estoy vivo y no me he ahogado como el resto de mis compañeros de viaje.
  • Pero también he sido eximido, entre todos los tripulantes del barco, de la muerte; y Él, que tan milagrosamente me salvó de la muerte, me puede liberar de esta condición.
  • Pero no estoy muriéndome de hambre ni pereciendo en una tierra estéril, sin sustento.
  • Pero estoy en un clima cálido donde, si tuviera ropa, apenas podría utilizarla.
  • Pero he sido arrojado a una isla en la que no veo animales feroces que puedan hacerme daño, como los que vi en la costa de África; ¿y si hubiese naufragado allí?
  • Pero Dios, envió milagrosamente el barco cerca de la costa para que pudiese rescatar las cosas necesarias para suplir mis carencias y abastecerme con lo que me haga falta por el resto de mi vida.

En conjunto, este era un testimonio indudable de que no podía haber en el mundo una situación más miserable que la mía. Sin embargo, para cada cosa negativa había algo positivo por lo que dar gracias. Y que esta experiencia, obtenida en la condición más desgraciada del mundo, sirva para demostrar que, aun en la desgracia, siempre encontraremos algún consuelo, que colocar en el cómputo del acreedor, cuando hagamos el balance de lo bueno y lo malo.

Habiendo recuperado un poco el ánimo respecto a mi condición y renunciando a mirar hacia el mar en busca de algún barco; digo que, dejando esto a un lado, comencé a ocuparme de mejorar mi forma de vida, tratando de facilitarme las cosas lo mejor que pudiera.

Suecia, Noruega, Dinamarca

Bueno, para ser más exactos y menos pretenciosos, diremos Estocolmo y Kiruna (Suecia), isla de Senja, islas Vesteralen e islas Lofoten (Noruega), y Copenhague (Dinamarca). Ésta ha sido la meta de diez días inolvidables durante los que hemos visto ciudades y pueblecitos maravillosos, y paisajes naturales impresionantes. Un viaje que siempre había estado en la recámara y que por fin ha visto la luz. La bendición de la fotografía es que ayuda a mantener vívidos los recuerdos; paralelamente, la maldición es que, especialmente en este caso, no hacen justicia a tanta espectacularidad.

DIARIO DE VIAJE

DÍA 1. Tras una productiva escala en Londres (nos compramos unos rebajadísimos Clarks cada uno), aterrizamos a media tarde en Vasteras, a una horita en bus de Estocolmo. La capital de Suecia nos recibe lluviosa y plomiza. Así que aprovechamos para retirarnos pronto, después de curiosear Drottningatan, una de las principales calles comerciales, no lejos de nuestro hotel, el Nordic Sea. Un troll parapetado a la puerta de una tienda de souvenirs nos mira con una sonrisa maliciosa.

DÍA 2. Con un cielo inesperadamente azul, iniciamos nuestro tour por la ciudad. El imponente edificio de ladrillo del Ayuntamiento es nuestra primera parada, acierto pleno, porque desde lo alto de su torre percibimos la verdadera esencia de Estocolmo: su insularidad. Estocolmo no es una uniforme extensión urbana, sino un precioso mosaico de islas que combina a partes iguales agua, bosques y parques, calles y edificios. Al norte, Nörmalm, en el centro Helgeandsholmen, Gamla Stan, Skeppsholmen, Kastelholmen, Djurgarden; al sur, Södermalm…

 

Amarrado abajo está el Caballo de Dalarna, símbolo de Suecia. Parece amistoso y se deja acariciar...

Nos perdemos por las callejuelas de Gamla Stam, sin un rumbo fijo. Las calles principales están muy animadas, pero basta doblar una esquina para encontrarte casi en soledad.

 

En un parque infantil juegan dos niñas rubísimas y otra más bien mulatita. Lo domina todo la Tysta Kyrkan, pero preferimos para tomarnos un descanso la Stortorget, la plaza más pintoresca, con sus estilizados edificios de colores. Nos compramos en el kiosco una cerveza, y ocupamos uno de los bancos de la plaza. Un ambulante ha puesto un sofá para vender más cómodamente sus baratijas. Otro de los bancos lo ocupa graciosamente una familia entera, cada uno con su helado. De repente, al son de una música cercana, la Plaza se queda vacía: es un desfile de los soldados en el Palacio Real.

El Palacio Real está al noroeste de Gamla Stan, muy cerca del agua. Es fácil que la vista se desvíe entonces hacia el Saltsjön: los muelles, los barcos, el reflejo del sol en el agua… constituyen una panorámica mucho más sugerente. Cogemos uno de los barcos que van haciendo paradas por las islas y vemos por vez primera una de las estampas más típicas de Estocolmo: la hilera de edificios y barcos de Strandvagen.

De repente, maniobrando ante nosotros, uno de los Ericsson de la Volvo Ocean Race. ¡Tremendo! Nosotros nos detenemos al lado de la terminal de cruceros para subir hacia el famoso mirador de Fafängatan. La panorámica es soberbia.

Nuestra siguiente parada nos lleva a conocer el principal escenario de las novelas de Stieg Larsson, la isla de Södermalm. Por Götgatan las bicicletas van zumbando. Muy cerquita, la recoleta Mosebacketorg es perfecta para hacer otro descanso en nuestra ruta. Como Mikael Blomqvist, me bebo una Ramlösa.

Me imagino viendo aparecer la frágil figura de Lisbeth Salander. Más allá, un duende hace la burla a los transeúntes. Una cerveza en un local de jazz pone otro punto y seguido. El día se deshace y ya unas cuantas imágenes de la ciudad pueblan mi mente.

DÍA 3. Otro día azul, azul. Qué suerte. Paseamos por Östermalm para ver su famoso mercado modernista; le compramos a un simpático charcutero un salchichón de reno, o de muuuuuuuuus, como él dice riendo.

 

Continuamos andando por Strandvagen -las farolas son como mástiles- hasta cruzar a Djurgarden, para ver el museo Vasa. El orgullo de la marina real sueca, un precioso barco hundido apenas unos minutos después de su pomposa botadura, nos hace pensar en la estúpida soberbia del ser humano.

 

El museo Skansen es menos impresionante, pero cuenta historias mucho más amables: es una especie de museo etnográfico construido con el objeto de preservar el modo de vida tradicional sueco, ante la vorágine de la industrialización. De alguna manera, lo ha conseguido, porque es como un viaje en el tiempo. Rebeca compra una regaliz. Por primera vez yo veo un alce en vivo y en directo, aunque, eso sí, bastante somnoliento… A las pobres hembras, más espabiladas, nadie les hace fotos…

Volvemos por Gamla Stan y Helgeandsholmen. Un pescador saca del lago un enorme salmón, para soltarlo a continuación. Nuestro día acaba en el Ice Bar, con un delicioso cocktail de vodka. Un brindis por Estocolmo. Y por nosotros, qué caramba.

 

DÍA 4. Por fin la Laponia sueca, más allá del Círculo Polar. Un Wolkswagen Golf nos espera en la oficina de Budget. Aquí la atmósfera es diferente, difícil explicar por qué. Kiruna es un pueblo grande, con muchas casas de madera, crecido sin apenas planificación, al ritmo de la extracción del hierro de la enorme mina que domina las afueras. Una preciosa y roja iglesia que parece una tienda sami nos confirma que estamos ya en otras latitudes.

Entramos en un café y una pandilla entera de tipos con pinta de moteros se gira para vernos, como en una escena de un western. El día está nuboso y fresco. La chaqueta no sobra para nada. En el ICA nos abastecemos de víveres para cinco días; en todos los alojamientos noruegos tendremos cocina y los precios allí son realmente caaaaaaros.

La E10 entre Suecia y Noruega apenas tiene tráfico, y avanza entre lagos y suaves montañas. Poco a poco el paisaje se irá endureciendo.

Primera señal de peligro con un alce negro pintado en su interior. Estamos en Noruega. Cogemos la E6 hacia el norte, y tras una parada en la cascada de Malselvfossen, a la altura de Bardufoss, giramos para encontrar la isla de Senja. Nos cuesta sangre, sudor y lágrimas encontrar el HI, pero al fin nuestros huesos hallan su merecido descanso. El albergue resulta ser una gran cabaña de madera, más que confortable.

DÍA 5. Hay que madrugar un poco para coger en Gryllefjord el ferry de las 11:00 horas. La carretera que cruza Senja de sur a norte es encantadora, pero los paisajes más septentrionales nos dejan sin palabras: altos promontorios que se deshacen abruptamente en el mar, profundos valles, estrechos fiordos… Nos detenemos en Hamn, y luego seguimos hasta Gryllefjord, un homogéneo puñado de casitas frente al muelle.

 

No hay mucha actividad, hasta que aparece el ferry a Andenes, en las islas Vesteralen. Un grupo de excursionistas asturianos, vaya encuentro, también se sube al ferry. Desde el barco, las siluetas recortadas de las montañas son impresionantes. Una neblina las atraviesa como un cinturón de algodón.

Los asturianos probarán suerte con las ballenas. Nosotros seguiremos hacia el sur, al encuentro con las Lofoten. Pero a la salida del pueblo de Andenes, a mano derecha, una preciosa playa de fina arena nos hace detenernos. Buen lugar para un improvisado picnic. Prácticamente no hay olas, el mar está como un plato.

Hacia el sur, las islas Vesteralen nos muestran estampas bellísimas: suaves praderas al lado de apacibles lagos, puentes en inverosímiles escorzos, montañas que surgen de la nada, un reno en la carretera…

Saltando de isla a isla, llegamos a Melbu, donde cogemos el ferry a Fiskebol: por fin, las Lofoten.

Una carretera increíble –fotos cada quinientos metros- al lado de un fiordo escoltado por afilados picos nos lleva hasta Svolvaer y hasta nuestro sjohus, una especie de hotel de pescadores rehabilitado, que nos ofrece un par de literas, una minicocina y una mesa con su par de sillas. Perfecto. Por la ventana un montón de barquitos amarrados a los pantalanes. Fuera, un saliente de la montaña tiene un enorme parecido con los cuernos de una cabra…

 

DÍA 6. Es domingo por la mañana, y quizá por eso, Svolvaer parece un desierto. De hecho, ya la tarde-noche anterior habíamos dado un paseo por el pueblo, y solo algún comercio estaba abierto. Unas carpas en la plaza principal daban cuenta de alguna fiesta a la que, desde luego, ya habíamos llegado tarde. Ponemos nuestro Golf en ruta, y nos encontramos con Kabelbag, un bonito pueblo con armoniosas casitas de madera. Pero Hennigsvaer, la llamada Venecia de las Lofoten (un poco pretencioso el título), más hacia el sur, es sin duda más vibrante. Llueve pero poco importa. Aquí nos encontramos con un aroma más decididamente marinero, una deliciosa taberna en la que tomamos una cerveza, los típicos secaderos de bacalao, una multitud de barcos de pesca anclados frente a los muelles, dos pescadores vendiendo gambas recién pescadas y cocidas. Riquísimas, y a 12 euros el kilo, la comida con mejor relación calidad-precio de todo el viaje…

Dejamos la isla de Austvagsoy y entramos en la isla de Vestvagoy. Al llegar a un alto nos hacemos a un lado para disfrutar de las preciosas vistas. Un poco más allá, nos salimos de la E10 para girar hacia Eggum, en el oeste, uno de los lugares más reputados para ver el sol de medianoche, la puesta del sol que no se pone. Pero eso es en junio, y nosotros ya estamos a finales de agosto… Pasamos de largo el museo Vikingo y torcemos hacia Utakliev, camino de una de las maravillas de las Lofoten: la playa de Auckland. Describir esta increíble playa es imposible: una larga media luna de arena fina, con una verde pradera donde pasta alguna oveja, alguna casita solitaria de color rojo, un fastuoso decorado de montañas alrededor…

 

Pero, ya entrando en la siguiente isla, Flakstadoy, el día todavía nos reserva una sorpresa, el pueblecito de Nusfjord, un conjunto de cabañas de pescadores sostenidas por pilotes, arremolinadas alrededor de un pequeño muelle en el extremo de un fantástico fiordo. Rorbu 30. Nusfjord. Flakstadoy. Lofoten. Nordland. Noruega. Qué maravilla tener esa dirección postal durante unos cuantos meses… A la vista se unen dos claras sensaciones que aún perduran: el agudo grito de las gaviotas y el aroma penetrante del mar. Llovizna pero es el paraíso.

DÍA 7. Nos resistimos a dejar Nusfjord pero es inevitable. Como recompensa, luce un sol espléndido. Flakstadoy nos reserva preciosos parajes, como la playa de Flakstad, e interesantes detalles, como una vaca lanuda pastando en un praderío, o un apacible cementerio de lápidas austeras, al pie de una montaña.

 

Paramos en un Bunnpris, aunque trece euros por unas patatillas, un pastelito y una tableta de chocolate no parece precisamente una ganga… Las vistas de la más meridional de las Lofoten, Moskenesoy, son impresionantes desde la carretera que serpentea al sur de Ramberg.

Cruzamos a Moskenesoy y avanzamos hacia el sur por la parte oriental de la isla. Apenas unos kilómetros más adelante, en Hamnoy, aparece el majestuoso Reinefjord. Gaviotas, secaderos de bacalao, cabañas de pescadores, una lengua de mar que duerme en el fondo de una enorme cordillera…

Decidimos internanos en el fiordo de la mejor y única manera posible: sentados en la cubierta de popa de un barco que ofrece paseos para turistas. Espléndido. Las arrugadas ancianitas aventureras que van a nuestro lado parecen opinar lo mismo.

La E10 muere al llegar a A, el último pueblo de las Lofoten. Es también realmente evocador, otro lugar de postal. La mejor vista del conjunto es desde el pequeño espigón que protege el puertecito.

Unos cientos de metros más adelante, tras pasar encantadores chalecitos con jardines cuidadísimos, tomamos un sendero que lleva a unas rocas que nos dejan la sensación de fin del mundo. Casi, porque se vislumbra una isla cercana, Vaeroy, y la recortada línea de la Noruega continental…

DÍA 8. Tras pasar la noche en el HI, desandamos nuestro camino y volvemos hacia el norte, pero el paisaje, ya familiar, adopta matices diferentes al ser recorrido en diferente sentido y con un día totalmente soleado.

Con 18ºC qué mejor idea que volver a Auckland para un auténtico día playero… más allá del Círculo Polar Ártico.

Después del baño más rápido y septentrional de mi vida, nos dirigimos hacia Stansund, y visitamos su archifamoso HI.

Allí cogemos el Hurtigrutten, el expreso costero que bordea todo el litoral noruego. Es increíble que semejante mole flote y maniobre con esa facilidad. Por unos momentos nos sentimos como Paco Martínez Soria al llegar a Madrid: el MS Nordkapp nos parece una laberíntica ciudad, y solo encontrar nuestro camarote nos lleva bastantes minutos. Por fin acomodados, la tarea es simple: sentarse en una tumbona de cubierta y contemplar la dentada silueta de las Lofoten.

Ya anochece, son las 23:00 h. pero una pequeña claridad persiste cuando nos internamos por el impresionante Trollfjord, que se estrecha más y más: las maniobras del enorme barco, ayudado por sus potentes faros y por unas pequeñas lanchas, son por sí solas un espectáculo digno de ver.

DÍA 9. Nos despertamos cerca ya de Harstad, nuestra parada. Bordeamos la parte norte de la bahía de Narvik, y a partir de ahí, carretera hasta Kiruna, otra vez Suecia. En el aeropuerto compartimos dos horas de retraso con unos fornidos montañeros que se han pateado el Abisko Park. Escala en Estocolmo Arlanda y, finalmente, aeropuerto internacional de Copenhague. Nuestro precioso hotel Bethel, un antiguo edificio de ladrillo, en su día alojamiento para pescadores, es una cuenta más del collar multicolor de las casas del canal Nyhavn. Sentados en una de las terrazas, saludamos la llegada de la noche con medio litro de cerveza (Tuborg, no Carlsberg).

 

Nyhavn, Copenhague por israel_profedelengua.

DÍA 10. Día soleado en la capital de Dinamarca. A primera hora rendimos honores a la Sirenita, más allá del Palacio de Amalienborg,

La sirenita, Frederiksstaden, Copenhague por israel_profedelengua.

y después nos perdemos en el bullicio del centro de la ciudad, por Stroget, una calle peatonal que parece no tener fin y que se extiende desde Kogens Nytorv hasta Radhausplatsen, la plaza del Ayuntamiento.

Amagertorv, Copenhague por israel_profedelengua.

 

Radhuspladsen, Copenhague por israel_profedelengua.

Después de la paz anestésica de las tierras laponas, Copenhague parece una vibrante metrópolis, con un incesante ir y venir de gentes. Algunas chicas, por cierto, son guapísimas, pero la morena con la que estoy casado también llama la atención de los nativos. La bici es la protagonista indiscutible, pedaleando por igual yuppys y hippies, jóvenes y mayores, daneses y turistas. Después de comernos una ensalada de diseño tan sabrosa como cara (bendito desayuno buffet) regresamos a Nyhavn bordeando el mar.

 

Tras descansar un poco, decidimos aprovechar las horas de luz de nuestro penúltimo día de viaje al máximo, y cruzamos hasta Christianhavn. Aquí la ciudad se amansa, meciéndose en los canales, escenarios de picnics improvisados.

 

Christianhavn, Copenhague por israel_profedelengua.

 

También entramos en el Territorio Libre de Christiania, utopía construida en los años 70 como modo de vida alternativo que poco a poco parece disolverse entre el aroma de la marihuana y las camisetas para turistas.

 

De vuelta en la Unión Europea, el estómago reclama lo suyo y elegimos para esta última cena una apacible terraza de un restaurante con solera, al lado de un canal. Deliciosa cazuela de pescado y gambas con salsa bechamel. La noche acaba en las tintineantes luces del Tivoli, el parque de atracciones más antiguo del mundo. Elegimos la atracción más antigua, tiro al plato de porcelana, para gastar las pocas coronas que nos van quedando…

Tivoli, Copenhague por israel_profedelengua.

 

DÍA 11. Todavía tenemos unas pocas horas antes de tomar el avión, y las empleamos para visitar el precioso castillo de Rosenborg y callejear un poco más.

Castillo de Rosenborg, Copenhague por israel_profedelengua.

Una postal, un bote de galletitas. Es la hora de irse. El payaso de Lego del aeropuerto nos indica la puerta de embarque. Hasta pronto, Escandinavia.

Cuenta atrás: itinerario del viaje por Escandinavia

¡Qué emocionanteeeeeeeeeeeeeeeeeeee!

La SGAE, al acecho del teatro del Siglo de Oro

La SGAE, al acecho del teatro del Siglo de Oro

Acabo de escribir en google las palabras SGAE y Calderón de la Barca. Esta en aparencia absurda asociación tiene ya más de 24000 registros en Internet. Este inusual hecho se explica porque la Sociedad General de Autores, organización pseudomafiosa a la que el dramaturgo del siglo XVII, por cierto, no está afiliado, quiere cobrar (14000 eurazos) el canon relativo a los derechos de autor de El alcalde de Zalamea, o para ser exacto (los derechos por la propiedad intelectual caducan, por regla general, a los 50 años, aunque depende del país) los derechos de autor de la versión que de la obra calderoniana ha hecho el poeta Francisco Brines.

¿Las versiones de obras clásicas pueden ser objeto de propiedad intelectual por parte del "versionador"? Sin duda sí: versionar una novela, para un público infantil o juvenil por ejemplo, exige un tremendo trabajo de muchas horas que debe ser respetado. El caso de El alcalde de Zalamea me parece bastante distinto. Es verdad que la comedia de Calderón está en verso, lo que dificulta la realización de una versión moderna, pero no es menos cierto que muchas personas podrían escribir una versión, mejor o peor, de ese texto teatral suprimiendo una frase aquí o allá, sustituyendo arcaísmos, resumiendo intervenciones, etc. Es algo que no exige tantas horas de trabajo, a mi humilde entender. Eso no quiere decir que no respete la labor de Brines en este caso concreto; simplemente que las diferentes versiones modernas de una obra clásica suelen diferir muy poco entre sí.

El caso se complica cuando me entero de que el señor Brines ha "donado" (imagino que gratis, claro) su versión al pueblo pacense de Zalamea de la Serena, que cada tercera semana del mes de agosto representa la obra de manera colectiva en una gran fiesta popular (500 voluntariosos vecinos participan como actores, ninguno es profesional). Dicha representación, una feliz idea que se materializa desde 1994, ha sido declarada de Interés Turístico Regional por la Junta de Extremadura. Mientras Brines seguramente se siente orgulloso de que su versión haga feliz a un pueblo entero, la SGAE mete sus narices en Zalamea de la Serena.

Entonces... ¿qué c... pinta la SGAE en todo esto? ¿Cuáles son los verdaderos intereses de la SGAE? ¿Proteger la cultura, como en el maravilloso caso de un pueblo entero que representa una obra de teatro de uno de los más brillantes escritores españoles? El alcalde actual debería tomar ejemplo del valor y la gallardía de Pedro Crespo, el alcalde de ficción, que no dudó en luchar contra la flagrante injusticia que se cometía en su pueblo. Y la SGAE debería explicar de una vez y de modo transparente cuánto cobra y cómo reparte lo que cobra (y si no, que haya de una vez una seria investigación oficial). Y los autores a los que la SGAE en teoría representa, deberían dar un manotazo en la mesa para que la sociedad no les tome por un grupo de aprovechados que hacen lo que más conviene a su bolsillo.

"Un viejo que leía novelas de amor", de Luis Sepúlveda

"Un viejo que leía novelas de amor", de Luis Sepúlveda

   Un día de la última semana de julio me paré ante una pequeña estantería del despacho de mi padre, husmeando los títulos que allí se coleccionaban. Saqué de su destierro (la única patria de los libros son las manos de aquel que los lee) un libro con dos novelitas de Luis Sepúlveda (1949-), un escritor chileno a quien nunca había leído y que solo me sonaba vagamente.  La primera de las novelitas era Un viejo que leía novelas de amor. El copyrigth informaba de que el original había sido publicado en 1989, hace veinte años. Empecé, y desde el primer párrafo supe que me hallaba ante una de esas novelas tan típicamente hispanoamericanas, de prosa sencilla, imaginativa e insólita, dulce y melancólica, de personajes de nombres imposibles zarandeados por convulsiones políticas o instalados en el seno de una poderosa naturaleza demiúrgica…

     El cielo era una inflada panza de burro colgando amenazante a escasos palmos de las cabezas. El viento tibio y pegajoso barría algunas hojas sueltas y sacudía con violencia los bananos raquíticos que adornaban el frontis de la alcaldía.

     Los pocos habitantes de El Idilio más un puñado de aventureros llegados de las cercanías se congregaban en el muelle, esperando turno para sentarse en el sillón portátil del doctor Rubicundo Loachamín, el dentista, que mitigaba los dolores de sus pacientes mediante una curiosa suerte de anestesia oral.

    -¿Te duele? –preguntaba.

  Uno de los pacientes del dentista es el protagonista, Antonio José Bolívar Proaño, un sexagenario que vive solitario en una humilde choza, en El Idilio, minúscula población amazónica, acompañado nada más que de los recuerdos de su esposa Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán, y entretenido solamente con novelas de amor que lo trasladaban a una realidad paralela donde sí era posible la felicidad. El obeso y sudoroso alcalde lo llama, cuando organiza una batida para acabar con una tigresa que deja tras de sí los cadáveres de aventureros, cazadores y buscadores de oro. Antonio José conocía bien la selva y sus secretos, gracias a los indios shuar, con los que había convivido muchos años, tras la muerte de su mujer. Cuando se casaron, Antonio José y Dolores sumaron a su pobreza la desgracia de no poder tener hijos. Buscando una mejor suerte para sus vidas, decidieron marcharse como colonos a la Amazonía, pero los recursos prometidos por el Gobierno eran inútiles además de escasos…

   Sin embargo, según discurren los capítulos, nos damos cuenta de que también el escenario se convierte en protagonista. Nuestro Antonio José solo parece encontrar la armonía personal en contacto con Ella, con la selva amazónica; tras la pérdida de ese paraíso personal, su malestar con el estilo de vida del hombre “moderno” solo es aplacado por la soledad de su choza y por la evasión que para él suponen las historias de amor de sus libros:

    Antonio José Bolívar Proaño se quitó la dentadura postiza, la guardó envuelta en el pañuelo y, sin dejar de maldecir al gringo inaugurador de la tragedia, al alcalde, a los buscadores de oro, a todos los que emputecían la virginidad de su amazonía, cortó de un machetazo una gruesa rama, y apoyado en ella se echo a andar en pos de El Idilio, de su choza, y de sus novelas que hablaban de amor con palabras tan hermosas que a veces le hacían olvidar la barbarie humana.

PS. Por cierto, aquí hay un interesante enlace para que los alumnos puedan hacer un análisis de la obra. Y aquí tenéis la novela completa...

Declaración universal del derecho de los niños a escuchar cuentos

Declaración universal del derecho de los niños a escuchar cuentos

Parece ser que este "manifiesto" apareció por primera vez en una publicación venezolana, y a partir de ahí, han aparecido diferentes versiones en toda América latina y España. Lástima que no pueda citar la fuente original... es realmente hermoso.

Derechos de los niños a escuchar cuentos

1. Todo niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tienen derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica.

2. Todo niño tiene pleno derecho a exigir que sus padres le cuenten cuentos a cualquier hora del día. Aquellos padres que sean sorprendidos negándose a contar un cuento a un niño, no sólo incurren en un grave delito de omisión culposa, sino que se están autocondenando a que sus hijos jamás vuelvan a pedir otro cuento.

3. Todo niño que por una u otra razón no tenga a nadie que le cuente cuentos, tiene absoluto derecho a pedir al adulto de su preferencia que se los cuente, siempre y cuando éste demuestre que lo hace con amor y ternura, que es como se cuentan los cuentos.

4. Todo niño tiene derecho a escuchar cuentos sentados en las rodillas de sus abuelos. Aquellos que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros niños que, por diversas razones, no tengan abuelos que se los cuenten. Del mismo modo, aquellos abuelos que carezcan de nietos están en libertad de acudir a escuelas, parques y otros lugares de concentración infantil donde, con entera libertad, podrán contar cuantos cuentos quieran.

5. Todo niño está en el derecho de saber quiénes son José Martí, Hans Christian Andersen, Rafael Pombo, Elsa Bornemann, José Sebastian Tallon, Laura Devetach, Carlo Collodi, María Elena Walsh, entre otros. Las personas
adultas están en la obligación de poner al alcance de los niños todos los libros, cuentos y poemas de estos autores.

6. Todo niño goza a plenitud del derecho a conocer las fábulas, mitos y leyendas de la tradición oral de su país. En el caso de los niños colombianos, éstos tienen perfecto derecho a interesarse en nuestros relatos indígenas y cuentos costumbristas, así como en toda aquella literatura creada por el pueblo.

7. El niño tiene derecho a inventar y contar sus propios cuentos, así como modificar los ya existentes creando su propia versión. En aquellos casos de niños muy influidos por la televisión, sus padres están en la obligación de descontaminarlos conduciéndolos por los caminos de la imaginación de la mano de un buen libro de cuentos infantiles.

8. El niño tiene derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación de nutrirse permanentemente de nuevos relatos, propios o no,con o sin reyes, largos o cortos, Lo único obligatorio es que éstos sean hermosos e interesantes.

9. El niño siempre tiene derecho a pedir otro cuento y a pedir que le cuenten un millón de veces el mismo cuento.

10. Todo niño, por último, tiene derecho a crecer acompañado de las aventuras de "Tío Tigre y Tío Conejo", de aquel caballo que era bien bonito, de la barba del viejo Lucho, del colorín colorado de los cuentos y del inmortal "Había una vez...", palabra mágica que abre las puertas de la imaginación en la ruta hacia los sueños más hermosos de la niñez.

Sobre la gratuidad de los libros de texto

Sobre la gratuidad de los libros de texto

Me ha llegada a mi correo electrónico un artículo que critica con fuerza la medida que va a tomar el gobierno entrante en la Xunta de eliminar la gratuidad universal para los libros de texto. Una plataforma www.plataformagalegapolagratuidade.es se ha creado al efecto, con el objeto de defender la “conquista social” que se había hecho en la última legislatura: libros gratis pa’to’quisqui.

 

Que los libros de texto gratuitos salen por un buen pico se intuye, pero hagamos unas sencillas cuentas a ojo de buen cubero. Vamos a veeeeeer: una media de 20 alumnos por clase en un instituto pequeño… unos diez grupos… unas diez asignaturas… a veinte euritos por libro… total… ¡¡¡¡¡¡¡¡40.000 euros!!!!!!!! ¡Y esto, solo en un instituto de 200 alumnos! No sé el número exacto de matriculados en Primaria y Secundaria en Galicia, pero imagínense el impacto de la cifra total en el presupuesto total de educación…

 

A un servidor no se le caen los anillos por afirmar lo que es de sentido común: la gratuidad universal es un lujo que no nos podemos permitir. Sí señor. Primero, porque de gratuidad nada: el hecho de que los pague el Estado o la Xunta no quiere decir que no los paguemos nosotros. ¿De qué se nutren esas arcas si no es a través de impuestos? 

 

Segundo. Dicen los de la Plataforma que esta inversión es por un mínimo de cuatro años (menos mal que no es anual): el Estado no tiene que volver a invertir en libros en algunos años. Verdad a medias. Efectivamente, el Instituto no puede cambiar los libros de texto durante un mínimo de cuatro años, pero si es necesario reponer ejemplares gastados por el uso, se reponen. E incluso, si el Jefe de departamento de turno tiene poderosas razones para solicitar un cambio en el libro de texto, puede presentar un escrito y con algo de suerte, abracadabra, libro nuevo.

 

Tercero. Lo de beneficiar a las editoriales no lo entiendo, que me perdonen. Estoy seguro de que los profesores pertenecientes a la Plataforma saben que no es obligatorio tener libro de texto para impartir una asignatura, así que si no quieren que las editoras se beneficien, pueden optar por soluciones alternativas al libro de texto, que haberlas, haylas. No, el libro de texto es un recurso educativo más, no una condición sine qua non para dar clase.

 

Cuarto. Que “la gratuidad de los libros de texto es una condición necesaria para acceder a la igualdad de oportunidades en la educación” es (me remito al punto tres) un disparate. De todos modos, como sí es verdad que el libro de texto tiene un gran peso en nuestra tradición educativa, para bien o para mal, parece más razonable pensar que la igualdad de oportunidades puede garantizarse con un sistema de becas que tenga en cuenta la trayectoria académica del alumno y la falta de recursos económicos familiares.

 

Quinto. La gratuidad de la educación  no tiene por qué implicar la gratuidad de los libros. Por esa regla de tres, ¿por qué durante estos últimos años se han dado gratis los libros y no los bolis, lápices, libretas… tan o más necesarios que los libros de texto? ¿Es que se ha querido beneficiar a los fabricantes de bolis, lápices, libretas… en detrimento de las empresas editoriales? Absurdo…

 

Sexto. Que los alumnos cuidan los libros, porque saben que los tienen que pagar si los estropean, no es un triunfo pedagógico sino el resultado lógico de una amenaza. Estupendo que los cuiden y que no arranquen páginas, no me malinterpreten, pero es una pena que no puedan hacerlos suyos, subrayándolos, apuntando cosas en los márgenes… Al final, el alumno cuya familia tiene recursos económicos prefiere comprarse el libro y sobarlo a voluntad, haciendo en él anotaciones personales que le permitan estudiar mejor. Al final, la pretendida igualdad de oportunidades y la pretendida solidaridad, se vuelve desigualdad: el que tiene dinero para comprar el libro tiene una innegable ventaja, aunque esta no sea determinante, sobre el que no tiene dinero. ¡Ah! Y el que lo compra, podrá consultarlo en el futuro (o simplemente, prestarlo, o venderlo…), cosa que no podrá hacer el otro.

 

Séptimo. Lo que nada cuesta, poco se valora (ley universal).

 

Octavo. Que el exceso de producción y no reciclaje de papel tiene sus efectos en el medio ambiente no lo duda nadie. Me remito al punto tres.

 

En fin. Libros gratis no, por favor. Un sistema racional de becas, sí. Y por favor, comencemos ya una reflexión seria sobre qué narices ocurre en nuestro sistema educativo cuando países que no tienen de lejos los presupuestos que manejamos nosotros tienen resultados muchísimo mejores. 

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson

A las 3:14 de la madrugada de hoy, 23 de julio, terminé la página 749, la última, de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson. Es el libro más largo que he leído desde La Regenta; la verdad es que siempre me dieron pereza los libros tochones, pero alguien tenía razón cuando me hablaba del placer que supone leer una novela extensa cuando te engancha desde la primera página. Una gran verdad, como comer tu plato preferido horas y horas, sin que tu estómago proteste…

 

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina es la segunda entrega de la trilogía Millenium, la penúltima de la saga (salvo descomunal sorpresa…). Una novela, que sencillamente, te atrapa. Por lo menos, a mí sí. ¿Cuáles son los secretos? Cito diez a continuación:

  •  El narrador es omnisciente, en cuanto que sabe lo que piensan y sienten los personajes, pero va adoptando continuamente su perspectiva a través del estilo directo e indirecto libre (para saber más sobre esto, pinchad aquí), lo que va confiriendo a la historia un interesante dinamismo narrativo.
  • En general, la historia trata un tema de interés social y periodístico evidente, el tráfico de mujeres y el comercio del sexo, pero los continuos tour de force van propiciando que los acontecimientos afecten la propia historia particular de los personajes, en este caso, de Lisbeth Salander (éste es un acierto absoluto en esta novela).
  • “Lenguaje” clásico de novela negra. Periodistas, policías, fiscales, abogados, espías, asesinatos, armas, móvil, acusaciones, conspiraciones… Todo lo que espera un lector de novela negra.
  • Sentimientos universales se dan cita: deseo, venganza, amor, odio, remordimiento, ambición…
  • Es interesante constatar como a veces el lector sabe menos que los personajes, forzándole a formular hipótesis y teorías, y a veces sabe más, llevándole a momentos de marcada angustia. Larsson maneja este recurso narrativo con maestría, igual que el de la intriga. El desenlace se retarda en ocasiones dando lugar a buenas dosis de suspense; y cuando parece que un misterio se resuelve, otro enigma aparece, hasta que al fin todas las piezas del puzzle encajan.
  • Cuatro partes que se estructuran en capítulos, capítulos que se estructuran en secuencias, ni muy largas ni muy breves (notoriamente más breves hacia el final de la novela). Una manera de presentar la acción equilibrada, que busca la variedad de puntos de vista y de escenas narrativas, y evita el cansancio del lector.
  • Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander constituyen una pareja explosiva. Se quieren pero se odian, se necesitan el uno al otro pero no acaban de congeniar. Él es un hábil periodista de investigación, tenaz y algo testarudo, atractivo y seductor, un hombre de éxito, un “don perfecto”. Ella es una chica de pinta extravagante, una pirata informática, con un pasado oscuro, rebelde y antisocial, con un extraño sentido de la moral, dotada de una inteligencia extraordinaria. Una pareja magníficamente pensada, pero irónicamente desparejada a lo largo de la novela.
  • El espacio es extraordinariamente exacto y detallado. Un lector de Estocolmo disfrutará aún más de una novela de calles y plazas, bares y restaurantes, perfectamente reconocibles, cuya cotidianeidad constituye un claro recurso de verosimilitud narrativa.
  • Por fin una novela negra del siglo XXI, cercana al lector y a sus intereses, de modo que van desfilando por las páginas de la novela temas y costumbres sociales que le son familiares (pearcings y pechos de silicona, programas de ordenadores y sistemas de vigilancia, juegos sexuales y muebles de Ikea, los medios de comunicación…).
  • Estilo neutro, periodístico, coloquial muchas veces, de descripciones objetivistas… Un estilo personal, “de autor”.

 

Diez razones por las que considero La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina una novela negra sobresaliente. Vale, no es el libro 10. Digamos "notable" en lugar de sobresaliente. No he perdido cierta conciencia crítica. Por ejemplo, la aparición del boxeador Paolo Roberto de repente en la acción me parece poco fundamentada, como metida a presión… Vale. Recordemos que estamos hablando de un escritor que después de su horas de trabajo se metía a escribir en su despacho horas y horas... No se trata del típico escritor que pule una y otra y otra vez sus borradores. Pero es innegable su prolijidad narrativa. Y quién me quita a mí lo bien que lo he pasado la última semana, quién…Venga, ¿qué mejor plan para estos días soleados/chubascosos de verano que una adictiva lectura? Yo pronto empezaré con La reina en el palacio de las corrientes de aire. Pero me asalta una duda. Quizá cuando lo lea, tendré mono de más. Y jó, no hay más…

La Costa de Arrábida y Caparica: de Setúbal a la Praia do Meco

Con el nombre de "Costa azul portuguesa" se conoce esta zona de costa situada entre Setúbal, en el estuario del río Sado y frente a la península de Troia, y el cabo Espichel. Sin duda, parece que en lugar del Atlántico, estuviésemos en Baleares o en Cerdeña: el parque natural de Arrábida está conformado por un inmenso bosque bajo de tipo mediterráneo que se sumerje en un mar cristalino de tonos verdosos. Pues hasta aquí nos fuimos este fin de semana, y aquí está el diario de este breve viaje.

DÍA 1. Lisboa nos recibe por la tarde, bella como siempre. Nos envuelve en su telaraña de calles y plazas, hasta que enfilamos por fin la avenida Almirante Reis, donde está la Residencia do Sul. Pocas veces hemos estado tan bien en un sitio pagando tan poco. Recomendable para todo viajero, la Residencia do Sul está ubicado en un antiguo edificio con una preciosa fachada, rehabilitado por dentro de manera impecable, adornadas sus paredes con hermosos murales de típicas estampas lisboetas.

 
Después, como jugando a la oca, vamos de plaza en plaza: Restauradores, Rossio, Comercio. Subimos a la Baixa (bendita paradoja), al Chiado. Nos esperan Pessoa frente a su café preferido, y el restaurante das Cabaças con un divino arroz tamboril que, efectivamente, hace repiquetear nuestras papilas gustativas. El último café nos lo tomamos con Abú, un senegalés de grandes ojos, que nos cuenta, él y sus ojos, la dura vida de un crucerista de patera transformado en vendedor ambulante de pulseras y collares.

DIA 2. La ocasión la pintan calva. Al otro lado del larguísimo puente Vasco da Gama está Alcochete, con su centro comercial outlet Freeport, que más parece una ciudad que un macrocomercio. El viajero más escéptico se rendirá a los encantos de esta Alhambra consumista de precios reducidos... Luego Setúbal y el Estalagem do Sado, nuestra base para las dos siguientes noches. La tarde la aprovechamos para internarnos por la serpenteante carretera que atraviesa la espectacular Sierra de Arrábida. Las panorámicas son soberbias.

 
La sensación de paraíso solo es enturbiada por unos mamotretos de cemento, en el extremo de la península de Troia. Justo la sensación contraria que ofrece el conjunto del Convento de Arrábida, en armoniosa comunión con la naturaleza.

 
Descendemos hacia el mar; en un garito del minúsculo Portinho de Arrábida nos tomamos una SuperBock. Qué bien entra, madre mía. En frente, los barcos de recreo parecen flotar sobre el aire. A nuestro regreso a Setúbal, la ciudad de Luisa Todi, nos metemos entre pecho y espalda una buena ración de sardinas y choco frito.

DÍA 3. Día playero. La mañana nos la pasamos tumbados en la Praia dos Coelhos, acompañados de Stieg Larsson y del suave rumor de las olas. El calor aprieta y el agua está helada: ésta es la única señal de que estamos en el Atlántico, y no en una cala de una isla del Egeo.

Siguiente parada, Sesimbra. La línea de litoral de la llamada "perla" de la Costa Azul portuguesa está destrozada por la fiebre del cemento; el castillo a lo lejos es testigo mudo de la catástrofe. Las marisquerías de las callejuelas interiores bullen de actividad. Huimos hacia cabo Espichel. Todo nos impresiona. El santuario de Nuestra Senhora que allí está parece un escenario de un western mexicano; solo faltan algunos arbustos rodantes y unos cuantos panchosvilla apostados con sus rifles.

 

Hacia el Norte, al fondo se vislumbra la costa de Cascais y Estoril. Más cerca, la larguísma praia de Meco raspa, como una cerilla encendiéndose, la Costa da Caparica. Allá nos vamos. Encajonada entre altos acantilados, en la salvaje praia do Meco conviven surferos y saltadores de parapente. La brisa se agradece.
Hacia el final del día nos recogemos en un amable chiringo de ambiente marinero, en lo alto del acantilado. Engullimos una sabrosísima cataplana de mariscos y pescado mientras vemos, al milímetro, como el sol se oculta en el horizonte.

DÍA 4. Regreso. El azar del viaje hace que hagamos una primera parada en Fátima. Fervor católico a espuertas. También es Portugal en estado puro. La última parada es en la agradable Viana do Castelo. Café y bolo de arroz. Obrigado...

"Perdidos en la tribu"

Este domingo finalizó Perdidos en la tribu, el curioso programa de TV de la cadena Cuatro, en el que tres familias españolas pasaron 21 días en el seno de una tribu indígena (en este caso los bushman, los himba, los mentaway) para llegar a ser unos miembros más de la comunidad. Seguía el concurso con asiduidad; me gustaba la idea-concepto de aprender a convivir con un grupo de personas con unas reglas sociales y culturales completamente –diametralmente- diferentes. Por fuerza sentía cierta envidia de esas familias que vivían tamaña experiencia vital. Las lágrimas de todos al despedirse tras las tres semanas me hacían sentir que todo había merecido la pena, que el intercambio de experiencias, de ideas… habían enriquecido a todos.

Sin embargo, una de las cosas que por lo visto aprendieron algunos de los concursantes fue a valorar más lo que tenían en España. No sé a qué se referían, si a la coca-cola, si al sofá, si a la tele, si al pack coca-cola más sofá más tele. Qué decepción. 21 días para nada, solo para dar continuidad a ese tono paternalista colonial de aquel que se compadece del pobre salvaje que anda en taparrabos, que hace sus necesidades en el campo, que sacrifica a los espíritus algún animalito… Qué pena.

Puestos a aprender, podrían haber aprendido algo del ancestral amor de estas gentes por la naturaleza, del sólido respeto a la sabiduría de sus ancianos, de la rica tradición literaria que pasa de padres a hijos, del sencillo placer de una conversación bajo las estrellas y al calor de una fogata, del innato sentido de la solidaridad con el prójimo, de la manera en que comparten sus risas y sus lágrimas.

A Nuria Roca se le olvidó preguntar una cosa: el grado de felicidad de unos y otros. Quizá simplemente no se atrevió. Sería insoportable reconocer que nosotros, en el fondo, con todas nuestras maravillas tecnológicas, somos menos felices.

"El lector" de Bernard Schlink

"El lector" de Bernard Schlink

Acabé de leer anteayer El lector, de Bernhard Schlink. Hace unos meses despaché bien a gusto otra novela sobre el Holocausto, El niño del pijama de rayas. Me gustó mucho, la verdad. Muy sencillo de leer, suspense bien trabajado, original punto de vista, final sorprendente. He leído muchas críticas negativas sobre el libro de Boyle, quizá algunas abonadas por cierto esnobismo intelectual que impide que un bestseller que le gusta al gran público pueda ser realmente una gran novela. Bueno, pues a mí me gustó, pero reconozco que El niño del pijama de rayas es una historia un poco artificiosa, un juego narrativo al servicio de una idea inicial brillante, un libro que apunta directo a la emotividad del lector.

 

La obra de Schlink, sin embargo, es la vida hecha ficción. Es un repaso brutal de la conciencia, un análisis de los propios actos, de los propios sentimientos, de las contradicciones más íntimas, de las respuestas individuales y colectivas al drama de los campos de exterminio nazis. Se trata de una novela que apela al intelecto, madura, muy psicológica, con unos personajes redondos, complejos, que llenan por sí solos la historia sin necesidad de multiplicar la acción.

 

El protagonista, Michael Berg, va presentando los hechos, recordando desde su madurez toda la historia que lo ligó a una subyugante mujer, Hanna Schmidt, una cobradora de tranvía que conoció con quince años, en el Berlín de 1958 [ojito, no sigáis leyendo aquellos que no queréis saber nada del argumento]. Durante los pocos meses que dura la relación sentimental, Michael se deja llevar por una efervescente pasión, por una sumisión absoluta a Hanna, una mujer metódica y dura, fuerte y cortante, pero sensible al mismo tiempo, que se emociona cuando, a petición de ella, él le lee en voz alta un libro en cada uno de sus encuentros, como un ritual. Michael se siente demasiado atrapado a veces, pero es incapaz de desprenderse de la fascinación a la que le somete Hanna.

 

Un día, Hanna desaparece sin dejar rastro. Años más tarde, en la facultad de Derecho y como práctica para un seminario, Michael asiste a un juicio en el que se juzga a unas guardianas de un campo de concentración. Entre sorprendido y horrorizado, Michael ve en el banquillo de acusadas a Hanna. Durante las sesiones, mientras la terrible historia de la mujer va tomando forma, Michael comprende finalmente que Hanna no sabe leer. El protagonista se debate ahora entre sus sentimientos de condena, su intento de comprensión hacia la persona que quizá no había dejado de amar, de vergüenza por haberla ensalzado, de rencor hacia sí mismo por compadecerla, de culpabilidad por sentirse formar parte de la indolencia y la hipocresía general que había permitido las atrocidades del Reich…

 

Hanna, que prefiere cargar con más culpa a reconocer el analfabetismo que ha estrangulado su crecimiento como ser humano, es condenada a cadena perpetua; Michael trata de regresar a su vida: se casa, tiene una hija… Pero los pensamientos sobre Hanna lo absorben. Sin atreverse a hacerle una visita a la cárcel, pero tratando de redimirse a sí mismo y a ella, Michael le graba cintas que Hanna escucha y le animan a aprender a leer y escribir. Cuando por fin van a concederle la libertad, Michael va a visitarla con la misma ambigüedad de sentimientos de siempre: por un lado desea encontrarse con ella; por otro lado, se siente aturdido ante el compromiso de facilitarle una segunda oportunidad en forma de un trabajo y un lugar donde vivir. Pero antes de salir libre, Hanna, quizá defraudada al comprobar que nunca nada volverá a ser igual porque nada cambia (“los muertos siguen muertos”), que nunca podrá acabar su condena ni ser declarada absuelta, se suicida. Eso sí, solo después de superar la limitación de su analfabetismo.

 

Michael, finalmente, se decide a escribir toda la historia, como si esa fuese la única manera de purgar sus culpas, de continuar con su vida, liberado del peso de Hanna.

Ayer vi la película, dirigida por Stephen Daldry y adaptada por David Hare. Es excelente, y la interpretación del trío de actores Winslet-Fiennes-Kross maravillosa. Es verdad que el guion se permite ciertas libertades respecto al original de Schlink: aparecen reflejadas de modo paralelo las reacciones y actitudes de Hanna, que en el libro solo aparecen bajo el prisma de Michael, el responsable de la narración; el director del seminario o la hija aparecen en la película como parciales interlocutores del protagonista, mientras en el libro percibimos más claramente la soledad del protagonista. Pero, en suma, la versión cinematográfica es brillante, más que recomendable. Lo malo es que no sé qué será mejor en este caso, ver primero la peli, o leer primero el libro. Si como dijo Unamuno, los personajes tienen vida propia y los autores no son más que instrumentos para dar a conocer su historia, quizá el libro y la peli, la peli y el libro, no son productos con divergencias, sino productos complementarios para conocer mejor a Michael Berg y Hanna Schmidt.

Hasta pronto, promoción 2009


Este año muchos baroncelianos han cerrado un ciclo de su vida: algunos seguirán estudiando en otros centros, otros tratarán de encontrar su primer empleo. Para mí es una promoción especial. Les di clase en 1º de la ESO, el año que llegué al Baronceli, cuando eran niños todavía. Y este año les he dado clase en 4º de la ESO, esos niños y niñas convertidos ya en hombrecitos y mujercitas. De alguna manera, estos alumnos han crecido conmigo, y por ello les guardo cariño. Ahora que se marchan, me siento algo más mayor, me doy cuenta de que he envejecido, pero también siento que el tiempo, al menos, no ha pasado en balde, y que todos, ellos y yo, somos un poquito menos zoquetes, un poquito más sabios.

Cuatro de mis tutorandos, de izquierda a derecha, André, Nelson, Ismael y Luis Marcelino.

Cuatro de los profesores que, previsiblemente, nos dejarán este año, con la tradicional máscara de cigarrón de Sargadelos de regalito de despedida... De izquierda a derecha, Beatriz, Ana, Andrea y Patricia.

Versión digital del último número de LaGaZetaDeTerZero

Ya está disponible la versión .pdf del número 3 de LaGaZetaDeTerZero, el periódico en lengua castellana de los alumnos de 3º del IES Castro de Baronceli. Eso sí, todavía hay ejemplares en papel que podéis adquirir, bien en el instituto, bien encargándolos en el correo lagazetadeterzero@hotmail.com.

 

num3LaGaZetaDeTerZero

Excursión a París

"París bien vale una misa", dijo un rey navarro al saber que si se convertía al catolicismo podría conseguir el cetro de Francia. Lo mismo pudieron decir los treinta baroncelianos que fueron del 14 al 18 de junio a la "ciudad de la luz", en cuatro intensos y excitantes días que supieron a muy poco. Con el cuartel general situado casi enfrente del mítico Moulin Rouge, en la retina de estos baroncelianos quedarán para siempre las pintorescas escenas de Montmartre, las vistas desde lo alto de la Torre Eiffel, la magia de Eurodisney, las gárgolas de Nôtre Dame, el paseo en bateaumouche... Y por supuesto, el festival nocturno de risas y jolgorio, que obligó a los profes vigilantes a subir a las habitaciones (así de cansados vinimos todos...).
Las imágenes que podéis ver haciendo click en la foto de abajo dan fe de modo detallado de las andanzas de treinta y tres baroncelianos en París (contando a los sufridos profes).

Sobre las vacaciones... por José Mª García Linares

Sobre las vacaciones... por José Mª García Linares

Beni, la profe de Gallego, me envió un interesante texto firmado por José María García Linares, en respuesta a un reportaje aparecido en El País titulado Demasiadas vacaciones (uno ya sabe sin leerlo qué va a decir...). Corto-pego:

 Es alentador comprobar, para un docente, el altísimo grado de implicación que la sociedad y el Estado españoles están demostrando en las últimas semanas en materia de educación. Qué orgullo al abrir los periódicos y encontrar todo el debate reducido a la lucha Religión/Educación para la Ciudanía, o lo que es lo mismo, como siempre en estas tierras, Partido Popular/Partido Socialista (o estás con nosotros o estás contra nosotros), o encontrarlo también centrado en el largo periodo vacacional de los profesores y los alumnos. Sí señor. Cuestiones de primer orden. Eso es lanzarse a la piscina, nunca mejor dicho, y empaparse hasta las cejas.

Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante. Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestro padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.

El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado "Demasiadas vacaciones" en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes. Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.

Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable.

 Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante. Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza.

  Las familias quieren tener los centros más tiempo abierto para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo. Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CCAA de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.

Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos.

  Esto huele a podrido. Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela.  ¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales. A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras.

Apoteosis baronceliana en los premios Luis Freire

 

El sábado 6 de junio vivimos, en palabras de Serafín, "unha das xornadas máis emocionantes e emotivas na pequena historia do noso instituto". Desde luego. En la sala de exposiciones de la Domus coruñesa tenía lugar la final de  una nueva edición de los Premios Luis Freire de investigación científica para escolares. Ni más ni menos que dos de los cinco  proyectos finalistas eran del Baronceli. Tras las exposiciones, el fallo final del jurado dio como vencedor al trabajo de Tania Alonso, David Ginzo y Laura Pardo, Que tipo de madeira produce máis cantidade de enerxía de biomasa mediante unha combustión termoquímica?. El trabajo de Stefan Álvarez, José Manuel Bahamonde, José Luis Basalo y José Manuel Francisco, Que número de pas optimizan o rendemento dos aeroxeneradores?, obtuvo el tercer premio, mientras que el de Vania Gonçalves, María Queija, Loli Sanmiguel y Sonia Villar, Que combinación de substancias depura mellor a auga, se alzó con el cuarto premio.

Todos se llevaron un IPod, y los vencedores, además, ganaron un viaje al Parque de las Arribes del Duero, que por experiencia propia, es un lugar de la Península que no hay que perderse, pero es probable que no haya habido mejor premio que la experiencia de trabajar sobre una idea y exponerla en un lugar como la Domus.

Desde aquí mi más sincera enhorabuena a todos ellos, y también especialmente a Miguel Yebra, el profe de Física y Química, que ha contagiado a los chavales su entusiasmo por las Ciencias y ha prendido en ellos el gusanillo de la investigación. Esto sí que es un aprendizaje significativo y lo demás son gaitas. Este es el último año de Yebra en el Baronceli, y la verdad es que se despide por todo lo alto con este tres de cinco. De biennacidos es reconocerle su gran trabajo como profesor en este instituto durante casi una década.

Aquí están los enlaces de los periódicos que se han hecho eco de la noticia: El País (edición Galicia), El Ideal Gallego y La Voz de Galicia.

"Ítaka", de Konstantinos Kavafis

A veces -no tantas como sería preferible- la publicidad en televisión nos regala momentos asombrosos, que enaltecen al creativo publicitario. Anuncios que pasan a la historia por su originalidad, su belleza, su inteligente sentido del humor... SEAT lanzó hace unas semanas al mercado su nuevo EXEO con un spot, rodado en las calles de Lisboa, en el que la elegancia del coche en cuestión se combinaba con evidentes guiños a la estética de la cultura helenística (el caballo, la fuente, la estatua...). Y una voz en off recitando los primeros versos de Ítaca, el poema más conocido de Konstantinos Kavafis (poeta griego admirado fervientemente por un 27 como Luis Cernuda, por cierto) hasta llegar al final, con un eslogan conciso: "Nuevo Seat Exeo. Cada viaje, algo excepcional". Aquí está el anuncio:

 

SEAT explica en su web el anuncio:

"Este enfoque ha sido el punto de partida para la campaña publicitaria de lanzamiento internacional. El anuncio de televisión hace referencia a la historia de Odiseo, Rey de Ítaca. Durante el largo viaje de vuelta a su patria se da cuenta de que lo importante no es el destino final, sino las maravillas del viaje y la experiencia acumulada por el camino. El poema que acompaña el anuncio narra esta historia de aventuras y descubrimientos, pero la enfoca hacia un viaje normal, en un día cualquiera en un barrio común. El Exeo se encarga de llenar de emociones al conductor.

El anuncio fue filmado en la ciudad de Lisboa por el director Alexander Paul, de Sonda Productions. El fotógrafo especializado Manu Agah realizó la producción gráfica  en la ciudad de Barcelona y alrededores. Ambos son internacionalmente reconocidos por su trabajo."

Y este es el poema:

Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a Itaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Itaca te de riquezas.

Itaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Itacas.

Algunos "kavafianos" se han escandalizado por la utilización mercantilista de este maravilloso poema, como Antonio Rico en La Nueva España:

"Es por todo esto por lo que los kavafistas exigimos la inmediata retirada del nuevo anuncio televisivo del Seat Exeo, en el que se hace un uso mezquino, utilitarista, completamente irrespetuoso, de uno de los textos más hermosos jamás escritos por mano humana, -perdón, quise decir «divina»-, como es el extenso poema «Ítaca», fuente inagotable de belleza, compendio de sabiduría nunca superada, y que en el blasfemo spot de Seat aparece fragmentado, ridiculizado, asociado de forma vulgar a una prosaica mercancía de venta. Una vez más la niñatería publicitaria roba textos de dimensiones seculares para utilizarlos desde la ignorancia y la temeridad de formas que hubieran horrorizado a sus autores. Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de aprendizajes, y debe importarte una mierda seca el coche en el que viajas. Creo en Konstantin Kavafis. Amén."

Efectivamente, en el viaje a la Ítaca personal no debe importarte mucho tu medio de transporte (acordémonos de la caravana de camellos en la que se enrola el protagonista de El alquimista de Coelho para conseguir su tesoro). Ni la Ítaca personal debe ser la posesión de un automóvil, por muchos caballos que tenga. Aún así, Rico se pasa de vueltas con su crítica, mitad teatral, mitad visceral, y con un snobismo culturalista (que no cultural, ojo) que tira para atrás. Cada cual que juzgue. Yo aplaudo el anuncio. Sin complejos, sí señor. Cuando los creativos publicitarios aciertan, aciertan, y no me rompo las vestiduras porque se hayan basado en un poema, ni siquiera si es para anunciar un coche, emblema al parecer del desenfreno capitalista (¡yo también tengo uno, cielos!). Lo que sí es cierto es que quizá muchos curiosos, tras ver el anuncio del Exeo, se animarán a investigar cómo sigue el texto...  ¿Que Kavafis se habría revuelto en su tumba al ver la manipulación de su obra? Pues ni idea, la verdad. O puede que en el fondo de su corazón, sintiese cierto puntito de vanidad bien entendida. Eso sí, junto a la letra pequeña quizá podrían haber puesto la autoría del texto (aunque... pasa tan rápido que siempre nos quedará la duda de si lo han puesto... ;-)

Donde SEAT comete una equivocación de agárrate es cuando dice que "el poema que acompaña el anuncio narra esta historia de aventuras y descubrimientos". No narra ninguna historia (eso lo hace la Odisea de Homero, que ya lo hace pero que muy bien). Hoy estuvimos leyendo el poema en clase, con los chicos de 4º de ESO. Algunos la función simbólica no la tienen muy desarrollada todavía y no entendieron bien el significado metafórico del poema. Otros más avezados sí lo lograron, pero finalmente todos fueron desentrañando los significados de Ítaca. Yo se lo dediqué a ellos, porque pronto abandonarán el Instituto para empezar una nueva etapa en sus vidas. Qué mejor momento vital para disfrutar este poema, que nos habla de nuestras aspiraciones, de nuestras metas, de nuestros sueños. Quien no tiene una Ítaca personal se comporta como Estragón y Vladimir, los dos personajes de Esperando a Godot, de Samuel Beckett, unos parásitos de la vida que no saben hacer otra cosa que esperar absurdamente algo que jamás llegará. Y las aspiraciones, las metas, los sueños... han de ser perseguidos, ellos no vendrán a ti solos.

Y cuando emprendas la búsqueda (el viaje, metáfora de la vida desde tiempos inmemoriales) a tu sueño (Ítaca, la meta de Ulises, su patria anhelada tras combatir en la guerra de Troya, no te obstaculizarán las dificultades que se te presenten (lestrigones, cíclopes, airado Poseidón) siempre que no lleves esos miedos dentro de ti. No tengas prisa (pide que tu camino sea largo) porque las dificultades te enriquecerán. Prueba cosas nuevas (puertos nunca antes vistos), disfruta de las cosas bellas (de Fenicia / compra objetos hermosos), ten la mente abierta para aprender cosas nuevas (ve a muchas ciudades egipcias). Y cuando finalmente cumplas tu sueño, quizá te parecerá que tus expectativas eran demasiado altas (Y si la encuentras pobre), pero te darás cuenta de cómo son tus experiencias vitales las que te han verdaderamente enriquecido.

Madre mía, qué buen poema, qué bueno. Por cierto, es modernista... Qué frutos tan grandiosos los de este movimiento, qué grandiosos...

"Conectar con los más pequeños", por Ferrán Ramón Cortés

He aquí un interesante artículo de Ferrán Ramón Cortés, publicado en El País Semanal el 26 de abril de 2009. Es un poquito largo pero merece la pena:

Conectar con los más pequeños

Muchas veces hablamos a los niños como si fueran adultos.
Pero nuestras palabras son muy poco estimulantes para ellos, y no despertamos su interés. ¿Cómo podemos comunicarnos mejor con los niños?

Cuando mi hija empezaba a leer, un día, libro en mano, me preguntó:

- Papá, ¿qué es generoso?

Se lo intenté explicar lo mejor que pude. Le conté que ser generoso consiste en dar a los demás, en compartir las cosas, en no quererlo todo para ti...

- ¿Lo has entendido? -Le pregunté-.

Al tiempo que corría por el pasillo hacia su habitación, oí que me contestaba:

- Creo que si.

Pasaron algunas semanas, y una tarde me volvió a preguntar:

- Papá, ¿Qué era lo de generoso?

Batalla perdida, pensé. Quizás lo había entendido en su momento, pero evidentemente no lo había interiorizado, y por ello ya no lo recordaba. Probé con otra estrategia: en lugar de insistir con mis explicaciones, le conté una historia. Un ejemplo de generosidad de una persona muy cercana a ella: su abuela. Escucho atentamente mi relato con los ojos abiertos como platos, y una gran sonrisa en sus labios. Yo noté que esta vez algo se estaba moviendo dentro suyo.

Algunos meses más tarde, volviendo de la escuela me dijo:

- ¿Sabes papá?, hoy en el “cole” hemos hablado de lo de ser generoso. Y yo les he dicho: “como mi abuela”.

Ahora estaba seguro: no sólo lo había entendido, sino que probablemente lo recordaría para siempre.

Conectando con los niños.

“La distancia más corta entre el hombre y la verdad es un cuento” (Anthony deMello).

Como adultos, estamos acostumbrados a comunicarnos mediante explicaciones conceptuales. Un código de comunicación que compartimos y que permite que nos entendamos perfectamente entre nosotros. Lo utilizamos cuando nos comunicamos entre adultos, y por extensión lo utilizamos también con los niños. Pero la mente infantil es poco receptiva a este código. A los niños les entrar en el significado de los conceptos, y aunque los pueden entender, difícilmente los recuerdan por mucho tiempo. Las explicaciones conceptuales calan muy poco en sus mentes infantiles, y les llegan muy poco. Por eso nos parece que tenemos que repetirles doscientas veces las cosas para que las asimilen, cuando lo que ocurre es que no les interesa lo que les contamos. Y es que sin darnos cuenta, les hablamos en un código de adultos, que los adultos entienden y comparten, pero que a ellos les es completamente ajeno.

Pero comunicarnos con los más pequeños no es difícil. Exige solamente un cambio de código. Hemos de abandonar las explicaciones conceptuales y cambiarlas por la narración simbólica, es decir, las historias, los cuentos, las metáforas, las vivencias, o cualquier otro recurso narrativo que se nos ocurra.

Podemos explicarle a un niño veinte veces la necesidad de comer verduras. Ni le interesará ni lo comprenderá realmente. Pero una buena historia, con un héroe alimentado de verduras (al más puro estilo de Popeye y sus espinacas), le transmitirá perfectamente la idea, y no lo olvidará fácilmente.

El poder de las historias

“La mente es una criatura metafórica” (Michael A. Arbib).

La mente de los niños es especialmente sensible a la fantasía. Y lo que es más importante, como son muy listos, son perfectamente capaces de conectar esta fantasía a su vida real aprendiendo de las historias.

Los cuentos o las historias comunican mucho más que las meras explicaciones. En primer lugar, porque el niño las visualiza, las imagina, las vive. Se las hace suyas, atesorándolas y fijándolas en la memoria. En segundo lugar porque conectan con sus experiencias y con todo lo que ocurre a su alrededor. El niño le da significado a la historia estableciendo precisos paralelismos con su vida. Las historias conectan con vivencias y realidades que son únicas e individuales de cada niño que las recibe. Y en tercer lugar, porque las historias mueven emociones, cosa que difícilmente hace una mera explicación. Mover sentimientos es una clave esencial para fijar el recuerdo. No sólo en los niños, también en los adultos, las cosas que sólo se entienden, se olvidan. Las que además se sienten, se recuerdan para siempre.

Historias para educar y para transmitir valores.

“Los cuentos son para los niños una parábola de la vida” (Dr. Eduard Estivill).

Los niños se encuentran inmersos en pleno proceso de desarrollo de su personalidad. Es un momento crucial para que entiendan el significado de determinados valores, y para que den sentido a sus comportamientos. Es una etapa en la que necesitan información, y quieren comprender el significado de muchas cosas que ocurren a su alrededor. Y nosotros, como adultos, también nos vemos en la necesidad de explicarles muchas cosas que no son fáciles de explicar.

La separación de los padres de un amigo, la venida al mundo de un nuevo hermano, un compañero de clase que viene de un país lejano y no habla nuestro idioma, la muerte de un abuelo... hay mil cosas que vamos a tener que explicar a los niños porque son situaciones que ya están viviendo o que un día les tocará vivir.

A veces no sabemos “ni como ponernos a ello”. Sin embargo, es mucho más fácil de lo que parece. Nos basta con buscar, o inventar, una buena historia. Una historia que haga que el niño se meta en la situación que le queremos contar. Que la viva en su imaginación y la llene de fantasía. Si lo hacemos así, nos daremos cuenta que las preguntas vienen solas e inmediatamente al término de nuestro relato, prueba de que la historia ha despertado en el niño todo lo que tenía que despertar.

Cuentos para transmitir afecto.

Cuando explicamos historias a los más pequeños, además de educarles o enseñarles algún concepto (si la historia está pensada para ello), obtenemos un beneficio adicional: establecemos un fuerte vínculo de afectividad. A través de un cuento compartimos con el niño un espacio de fantasía que él aprecia y valora especialmente. Y de alguna manera, nosotros mismos acabamos siendo parte de la historia. Porque el cuento que le contemos tendrá los matices y la fuerza que le demos a través de nuestra entonación, de nuestra particular manera de contarla. Esto genera una gran complicidad con los pequeños, que querrán que le repitamos el cuento una y otra vez, exactamente con las mismas palabras, con las mismas inflexiones, sólo para disfrutar del momento.

Este es un efecto que si nos paramos a pensarlo no nos es en absoluto ajeno. Porque es exactamente igual a lo que nos paso a nosotros de pequeños, con los cuentos que nos contaban nuestros padres, y que esperábamos con impaciencia cada noche.

Cuentos para mantener el recuerdo.

Es bueno que los pequeños conozcan a sus antepasados, que tengan una historia familiar y que conozcan a toda la “saga”. Es bueno también que recuerden a los que ya nos han dejado, y a los que han tenido un papel especial en sus vidas. Todo esto lo podemos contar también con las historias. Historias que haremos a medida, y en las que los personajes y los héroes serán estos familiares a los que queremos recordar.

El recuerdo contiene siempre una importante dosis de distorsión. No nos debe preocupar que tenga, además, una buena aportación de fantasía. Lo importante es asegurarnos que lo mantenemos vivo.

“Jugando” con las reglas.

Otro aspecto fundamental en la comunicación con los niños es el establecimiento de normas o de pautas de conducta. También aquí el código que utilicemos será crucial.

Es difícil que un niño “entienda” que debe despertarse a las 7.15, que tiene que estar desayunando a las 7.35, y que a las 8.00 hay que salir hacia la escuela. Se lo podemos repetir cien veces que no lograremos mucho. Y recordar las normas cada mañana al tiempo que nos enfadamos porque vamos con retraso no ayuda mucho. ¿Cómo puede hacerse cargo un niño de lo que significa todo esto?. Hacer un juego de todo ello es mucho más efectivo. Marcar en el reloj de la cocina una gran línea roja, “jugar” a acercarse a la línea, hacer de los últimos minutos unos momentos de máxima expectación, y premiar con un punto la victoria convierte la norma en un reto. Y hará que la recuerden, y sobretodo que la aprendan.

¿Que no estamos muchas veces para juegos? Debemos saber que si recurrimos a la norma explícita, y a la “bronca” no la acabaran de comprender. Sabrán que les están riñendo, pero no sabrán exactamente porqué ni qué tienen que hacer para solventarlo. Es cierto que no todas las normas admitirán un juego, pero si una dosis de fantasía, una metáfora o una pequeña historia. Y es bueno que lo hagamos, porque es su lenguaje, y lo que queremos es que nos entiendan.

Bienvenidos al mundo de la fantasía.

Hay un montón de historias que nos van a ayudar a comunicarnos con los pequeños, desde las historias clásicas hasta los libros de cuentos que se han publicado especialmente para transmitir determinados valores. Pero nuestra imaginación también debe ponerse en juego en este punto. Si queremos conectar con nuestros niños, nada tiene más poder que una historia propia. Inventemos personajes. Démosles vida. Movámonos en mundos imaginarios para dar nuestros mensajes y crear estrechos vínculos. Todas estas historias creadas, todos estos personajes inventados, nos serán de gran ayuda cuando necesitemos transmitirles algo. Ellos hablarán por nosotros, nos ayudarán a poder crear reglas, a poder explicar mejor nuestros mensajes. Estos personajes acabarán formando parte de la familia por un tiempo, y harán un maravilloso trabajo. Yo elegí un pulpo que hablaba, que se nos había “colado” en el coche en nuestro último viaje a Menorca... y aquel pulpo, que tenía nombre y que acabamos dibujando en una gran cartulina, me ayudó muchísimo a explicarles muchas cosas.

 Olvidarse de la razón. Atender a su lógica.

Los niños son extremadamente listos. Y tienen una lógica aplastante. A los cuatro años, el primer día que fuimos a esquiar, mi hijo andaba buscando la “tele” del telesilla: “ ¿Los telesillas no son sillas con tele?” –me dijo-

No caiga en la tentación de explicarle que “tele” es lejos, que “televisión” es una visión remota, o que “telesilla” son sillas que te permiten cubrir una cierta distancia. Conecte con su lógica y métase de lleno en su fantasía. Es usted quien ha de ir a su mundo, no traerlos a ellos al nuestro... todavía.

Esquema literatura española del siglo XX

Aquí tenéis el esquema correspondiente a la historia de la literatura del siglo XX. Es muuuuuuuuuuuuuuuuy complicado "meter" todo el siglo XX en un folio, así que no son todos los que están, aunque sí están todos los que son...

 Esquema Literatura Siglo XX

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