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ISRAelPROFEDELENGUA

Una viñeta de Maitena

"El flautista electrónico de Hamelin"

"El flautista electrónico de Hamelin"

Que la televisión ejerce una enorme influencia en la sociedad, y particularmente en los más jóvenes, no es ningún secreto. Que pasamos demasiado tiempo ante ella, tampoco. En lo que sí hay algo de mágico es en la manera de decirlo que tiene René Avilés Fabila (Cuentos y descuentos). Ün ejemplo de argumentación con forma de texto narrativo.

Como no quisieron pagarle sus servicios, el flautista, furioso, decidió vengarse raptando a los niños de aquel ingrato pueblo. Los conduciría por espesos bosques y altas montañas para finalmente despeñarlos en un precipicio. Sus padres jamás volverían a verlos. Para ello no era suficiente su flauta mágica, sino algo más poderoso. Optó, entonces, por encender el aparato televisor: los niños, encantados, lo siguieron hacia su perdición.

"Это всё", de ДДТ

Entregado definitivamente a la nostalgia, cuelgo aquí una de las mejores baladas de rock que he escuchado en mi vida. ¿Te acuerdas, Mijal, cuando fuimos a aquel concierto en Minsk?

Y el estribillo... "Es todo lo que permenece después de mí. Es todo lo que llevaré conmigo".

"Nathalie", de Gilbert Bécaud

Esta es la canción que me acompañó muchas noches bielorrusas, hace casi diez años. La descubrí casi de casualidad, y no puedo dejar de emocionarme cada vez que la escucho. En memoria de esos maravillosos años, dedicada a mis amigos francófonos que alguna vez tomaron té en la komnata 507A.

La letra la tenéis aquí.

Para terminar un día laaaaaaaaaaargo...

un sketch de Gomaespuma:

Deporte y política, mal cóctel


Fotografía de Reuters para el Diario Marca. La única bandera no española que ondea es la gallega.

Estoy un poco cabreado, y eso que España acaba de proclamarse Campeona de Europa. Cuando el árbitro del último partido de la Eurocopa pitó el final, me levanté del sofá como un poseso y me abracé a mis amigos: ¡España había ganado! Soy un futbolero empedernido, sufrido celtista para más señas, poco acostumbrado a degustar las mieles del éxito deportivo. Así que fuimos a celebrarlo, con el claxon a todo meter. Entonces unos tipos que paseaban por la acera portando una bandera de Galicia con una estrella roja en el centro me regalaron un corte de mangas. Vaya. Se me bajó un poco la euforia. A mí no se me hubiese pasado por la cabeza que saludar el triunfo de la selección de fútbol de España -en la que participan jugadores de todo el Estado- pudiese suponer una ofensa para ningún gallego. Pues sí. De acuerdo, hay gente que tiene ideas diversas respecto a la idea de Galicia y de España, es muy respetable e incluso saludable. Pero, por favor...

...déjenme en paz, frustrados antiespañolistas y rancios españolistas . Pueden ustedes quemar banderas si así sus vidas tienen más sentido, pero, por favor, no me toquen el fútbol...

Siempre Forges...

Sobre el manifiesto "No es verdad"

Ha llegado a mis manos un manifiesto (hay que ir aquí para leerlo y firmarlo), que creo que merece la pena ser leído, aunque personalmente no lo asuma a pies juntillas. Se titula No es verdad. Hago un resumen. Básicamente trata de desbaratar clichés sobre educación, de modo que explica que No es verdad que en la escuela española actual predomine un modelo de enseñanza diferente al tradicional, No es verdad que en la escuela española hayan bajado los niveles de exigencia, No es verdad que los alumnos y alumnas de ahora sean peores que los de antes, No es verdad que los docentes españoles tengan un exceso de formación pedagógica y un déficit de formación en contenidos.

A continuación afirma que necesitamos una escuela... 1. Centrada en los estudiantes y en su desarrollo integral (corporal, intelectual, social, práctico, emocional y ético). 2. Con contenidos básicos vinculados a problemáticas relevantes de nuestro mundo, buscando la calidad frente a la cantidad, la integración de materias frente a la separación. 3. Con metodologías investigativas que promuevan aprendizajes concretos y funcionales, al mismo tiempo que capacidades generales como la de aprender a aprender. Donde el esfuerzo necesario para aprender tenga sentido. 4. Con recursos didácticos y organizativos modernos y variados. Una escuela que utilice de forma inteligente y crítica los medios tecnológicos de esta época. 5. Con formas de evaluación formativas y participativas que abarquen a todos los implicados (estudiantes, docentes, centros, familias y administración), que impulsen la motivación interna para mejorar y que contemplen a las personas en todas sus dimensiones. 6. Con docentes formados e identificados con su profesión. Mediadores críticos del conocimiento. Dispuestos al trabajo cooperativo y en red. Estimulados para la innovación y la investigación. 7. Con una ratio razonable y con profesorado ayudante y en prácticas. Con momentos para diseñar, evaluar, formarse e investigar. 8. Con un ambiente acogedor, donde los tiempos, espacios y mobiliarios estimulen y respeten las necesidades y los ritmos de los menores. 9. Cogestionada con autonomía por toda la comunidad educativa. Que promueva la corresponsabilidad del alumnado. Comprometida con el medio local y global. 10. Auténticamente pública y laica. Con un marco legal mínimo basado en grandes finalidades y obtenido por un amplio consenso político y social.

No está mal el manifiesto, al contrario. Invita a la reflexión abstracta, pero ignora las realidades concretas. Algunos "peros":

Es más que discutible la afirmación, por ejemplo, de que "No es verdad que en la escuela española hayan bajado los niveles de exigencia". La comprensividad, que trata de reducir las diferencias entre los alumnos "buenos" y "malos", en la práctica ha resultado en una instalación generalizada de la mediocridad académica. La atención a la diversidad está ignorando a los alumnos que quieren aprovechar los recursos que se ponen a su disposición.

Por otra parte, los "principios orientadores" del manifiesto no constituyen realmente nada novedoso, pues básicamente son los principios de la LOGSE y de la LOE, y son demasiado generales, ya que evitan hablar del cómo se van a aplicar, defecto del que adolecen también nuestros administradores y gobernantes en general.

Por último, se es demasiado injusto con un colectivo, el de profesores, que si bien es cierto que a muchos les cuesta adaptarse a las nuevas realidades de las aulas (porque no se les ha preparado para ello), no es menos cierto que, en general, tratan, con mayor o menor éxito, de enseñar a sus alumnos de la mejor manera posible; de hecho, son los primeros interesados en que así sea. No conozco a ningún profesor que se limite sin más a dictar retahílas de frases de folios amarillentos por el paso del tiempo. No conozco a ninguno que haya renunciado al aprendizaje constructivo, que ignore tan vilmente las necesidades de sus alumnos.

La autocrítica es necesaria por parte de to-dos, y no de una parte de los implicados en el proceso educativo. Los profesores debemos renovar nuestros métodos, sí, actualizar nuestros conocimientos pedagógicos, sí. Tengo la convicción personal de que hay que llegar a nuestros alumnos como sea, y para eso hay que hablarles, conocerles, porque sin conocimiento mutuo no hay respeto mutuo. Pero no me parece cierto que los métodos tradicionales sean los culpables, así sin más debate. Habrá que ver en qué circunstancias funcionan y no funcionan los "métodos tradicionales", y en qué circunstancias funcionan o no funcionan los "métodos modernos". Además, ¿qué se entiende por "método tradicional"? El profesor que me contagió el amor por las letras hace veinte años... ¿utilizaba también un "método tradicional"?

Los padres tienen que entender su responsabilidad educativa (que no se limita al "Niño, haz los deberes", sino que consiste en una preocupación seria y desde bebés por su formación y su disciplina -¿adivináis cuántos padres de los alumnos de mi tutoría me llaman para ver cómo van sus hijos? Acertasteis, practicamente ninguno-), y reconocer la autoridad de los docentes, no sabotearlos, como sucede a veces por desgracia.

La administración debe financiar, no más (porque no hay) pero sí de un modo más razonable. Incluso el gasto en equipamiento en nuevas tecnologías (de las que me declaro seguidor entusiasta) debiera ser secundario respecto al tema de la ratio profesor-alumno. Debemos obsesionarnos por nuestros alumnos, no por las pizarras digitales. La administración nos ayuda a formarnos con cursos y jornadas, pero no son más que parches y mercadeo de puntos para los sexenios, unos cursos y jornadas con docentes que porque usen presentaciones de powerpoint parece ya que son grandes comunicadores y "neopedagogos". La administración nos empapela -literalmente- con planes, proyectos... que al final no hacen sino alejarnos de lo que queremos y lo que nos gusta: enseñar. La administración programa currículos que no son viables, con contenidos inapropiados (es sangrante en el caso de la Educación Primaria), que solo los profesores con más agallas tienen el valor de ignorar.

Así que todos debemos cargar con nuestras culpas. ¿Nuestra penitencia? Solo una. No desanimarnos y conocer las necesidades reales de nuestros alumnos, de nuestros hijos, de nuestros administrados, y amoldar todos los conocimientos y recursos disponibles a sus necesidades reales, sin necesidad de inventar nada, sin sacar conejos de la chistera. Porque al fin y al cabo, es cierto que nuestros alumnos no son iguales que los de hace veinte años, pero tampoco es cierto que sean tan diferentes. Necesitan, igual que hace veinte años, alguien que los entienda y que les enseñe.

[Por cierto, el manifiesto reza "Ciudadanas y ciudadanos". Buf. Entonces, ¿por qué no "estamos profundamente preocupadas y preocupados" y así indefinidamente? No tiene nada que ver con el fondo del asunto, pero estas cosas me superan...]

La última hora de Kevin Carter

El día en que Kevin Carter (1960-1994) conectó un tubo de goma al escape de su furgoneta para suicidarse, probablemente condujo muchas horas, buscando un lugar donde refugiarse de sus demonios más profundos; un lugar donde consolarse por la pérdida de la única persona que lo conocía y lo amaba de verdad, su mejor amigo; un lugar donde descansar de la sangre de las matanzas de Sudáfrica de los 80 y 90, que había fotografiado sin pestañear; un lugar donde no tener que dar cuentas a nadie, donde no encontrar a nadie que lo juzgase al preguntarle por qué no había hecho nada por salvar la vida de aquella niña sudanesa que había encontrado por azar en aquel maldito viaje en 1993. Aquella fotografía tan meditada durante casi media hora, aquella diagonal perfecta con el buitre en la parte superior, esperando, el fotógrafo también esperando, venga, extiende las alas para que el efecto sea total, la niña en la parte inferior, muriendo, muriendo. Le habían dado el maldito Pullitzer un par de meses antes por aquella siniestra metáfora de la miseria humana.

Carter se dio cuenta de pronto que había conducido hasta un lugar familiar, luminoso, cerca de un río en el que jugaba de niño, y se sintió mejor. Cerró los ojos y recordó la inocencia de aquellos juegos, las risas, los chapuzones, las plácidas tardes veraniegas... Los párpados le pesaban cada vez más, pero se sentía extrañamente bien, extrañamente aliviado. Se quedaría para siempre allí, donde -ahora lo sabía- había sido feliz por primera y última vez, feliz, feliz, inconscientemente feliz, antes de que ese miserable trabajo -ahora lo sabía- de fotografiar todas las tragedias del mundo endureciese su corazón, aniquilase su humanidad. Carter encendió la música y tarareó una antigua canción, hasta que el monóxido de carbono lo sumió definitivamente en un sueño placentero, largo, del que nunca habría de despertar.

Leed también el artículo "La fotografía de la pesadilla", de John Carlin, publicado en El País.

Lección de lexicología...

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Quevedo y el Photoshop

El dominio de la palabra de Quevedo fue simplemente grandioso. Creo que nadie se le puede comparar, ni siquiera Cervantes, en este sentido. Quevedo, el genio del lenguaje, era también un hombre desengañado. De hecho, es esta faceta la que le empujó a crear sus mejores páginas. Por ejemplo, el ensayo en forma narrativa de El mundo por de dentro, en el que Desengaño, viejo venerable en sus canas, maltratado, roto por mil partes el vestido y pisado; no por eso ridículo, antes severo y digno de respeto, guía a Quevedo a la calle mayor del mundo, la calle de la hipocresía, en la que no hay nadie casi que no tenga, si no una casa, un cuarto o un aposento. Diferentes personajes en diferentes situaciones son "desenmascarados" por el Desengaño. La última de la lista es una mujer hermosa, que iba escondiendo el rostro a los que ya lo habían visto y descubriéndolo a los que estaban despistados. [...] Los cabellos, martirizados, hacían sortijas a las sienes. El rostro era nieve y grana y rosas que se conservaban en amistad esparcidas por labios, cuello y mejillas; los dientes trasparentes; y las manos, que de rato en rato nevaban el manto, abrasaban los corazones. El talle y paso ocasionando pensamientos lascivos; tan rica y galana como cargada de joyas recibidas y no compradas.

Quevedo pierde el sentido: "¡Qué ojos tan hermosos honestamente! ¡Qué mirar tan cauteloso y prevenido en los descuidos de una alma libre! ¡Qué cejas tan negras, esforzando recíprocamente la blancura de la frente! ¡Qué mejillas, donde la sangre mezclada con la leche engendra lo rosado que admira! ¡Qué labios encarnados, guardando perlas que la risa muestra con recato! ¡Qué cuello! ¡Qué manos! ¡Qué talle! Todos son causa de perdición y juntamente disculpa del que se pierde por ella."

El Desengaño le reprende: "Hasta agora te juzgaba por ciego y agora veo que también eres loco [...] Pues sábete que las mujeres lo primero que se visten en despertándose es una cara, una garganta y unas manos, y luego las sayas. Todo cuanto ves en ella es tienda y no natural. ¿Ves el cabello? Pues comprado es y no criado. Las cejas tienen más de ahumadas que de negras, y si como se hacen cejas se hicieran las narices, no las tuvieran. Los dientes que ves, y la boca, era de puro negra un tintero y a puros polvos se ha hecho salvadera. La cera de los oídos se ha pasado a los labios y cada uno es una candelilla. ¿Las manos, pues? Lo que parece blanco es untado. ¡Qué cosa es ver una mujer que ha de salir otro día a que la vean, echarse la noche antes en adobo y verlas acostar las caras hechas cofines de pasas, y a la mañana irse pintando sobre lo vivo como quieren! ¡Qué es ver una fea o una vieja querer, como el otro tan celebrado nigromántico, salir de nuevo de una redoma! ¿Estáslas mirando? Pues no es cosa suya. Si se lavasen las caras no las conocerías. Y cree que en el mundo no hay cosa tan trabajada como el pellejo de una mujer hermosa, donde se enjugan y secan y derriten más jalbegues que sus faldas. Desconfiadas de sus personas, cuando quieren halagar algunas narices, luego se encomiendan a la pastilla y al sahumerio o aguas de olor, y a veces los pies disimulan el sudor con las zapatillas de ámbar. Dígote que nuestros sentidos están en ayunas de lo que es mujer y ahítos de lo que le parece. Si la besas te embarras los labios; si la abrazas, aprietas tablillas y abollas cartones; si la acuestas contigo, la mitad dejas debajo la cama en los chapines; si la pretendes te cansas; si la alcanzas te embarazas; si la sustentas te empobreces; si la dejas te persigue; si la quieres te deja."

¡Qué grande, Quevedo! ¡Qué increíble tu pluma! Y qué actual... Porque el artificio, el triunfo de las apariencias, no es cosa del siglo XVII, de una época o de un lugar, es un asunto atemporal. Y hoy, las nuevas tecnologías y el Photoshop se alían con las campañas publicitarias de las grandes marcas para disfrazar la realidad, seducir al consumidor y engordar sus listas de resultados.

Yo ahora veo con otros ojos las fotografías que aparecen en las portadas de las revistas. Pero no hace falta hablar solo del marketing "de alto standing": basta con comprobar los datos que dicen -papá, regálame unas tetas por mi cumpleaños- que España es el lugar donde más operaciones de cirugía estética se realizan, basta con analizar el éxito de la industria cosmética, basta con observar lo cotizados que están los asesores de imagen, basta con saber cuántos minutos debe levantarse antes una mujer para prepararse a conciencia y estar "divina de la muerte", basta con ver la babosa estupidez con la que los hombres nos damos la vuelta al ver unos pechos realzados por un wonderbra...

El mundo no ha cambiado tanto, solo la tecnología que lo mueve. Si Quevedo manejase Photoshop, seguro que firmaría esto:

Comentario de un fragmento de "Réquiem por un campesino español"

Los alumnos de 3º tenéis a continuación el comentario del texto que hemos estado trabajando en el aula, un fragmento de Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sénder. Fijaos bien en este y los otros comentarios que he ido colgando, para practicar.

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Comentario "La intrusa", de Pedro Orgambide

Para los alumnos de 3º, y público interesado en general, aquí os dejo un comentario resuelto del microcuento "La intrusa", de Pedro Orgambide, perteneciente a su obra La buena gente, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1970. Confío en que os sea de utilidad.

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Va de definiciones...

Beni, la profe de Gallego, me envió esta "demostración" que circula por Internet; la cuelgo aquí porque me parece graciosa y original, luego que cada cual juzgue si demuestra que la lengua es machista o no... (yo hoy no tengo ganas de romperme la cabeza Todo bien). Ahí va:

DEMOSTRACIÓN DE QUE LA LENGUA NO ES MACHISTA EN ABSOLUTO

ZORRO: Espadachín justiciero.

ZORRA: Puta.

PERRO: El mejor amigo del hombre.

PERRA: Puta.

AVENTURERO: Osado, valiente, arriesgado, hombre de mundo.

AVENTURERA: Puta.

AMBICIOSO: Visionario, enérgico, con metas.

AMBICIOSA: Puta.

CUALQUIER: Cosa o persona indeterminada.

CUALQUIERA: Puta.

HOMBREZUELO: Hombrecillo, varón mínimo o pequeñito.

MUJERZUELA: Puta.

HOMBRE PÚBLICO: Personaje prominente.

MUJER PÚBLICA: Puta.

GOLFO: Masa de agua marina, parcialmente rodeada de tierra.

GOLFA: Puta.

LOBO: Mamífero predador rapaz y feroz. Hombre experimentado y agresivo.

LOBA: Puta.

LIGERO: Hombre débil y/o sencillo.

LIGERA: Puta.

ADULTERO: Infiel.

ADULTERA: Puta.

PUTIN: Jefe de Estado ruso.

PUTINA: Putilla.

Y para terminar de manera definitiva:

HOMBRE QUE VENDE SUS SERVICIOS: Consultor.

MUJER QUE VENDE SUS SERVICIOS: Puta.

"La víscera gramatical", por Juan José Millás

"La víscera gramatical", por Juan José Millás

He de reconocer que últimamente trato de liberar a mis alumnos del yugo de la gramática. Pero ello no quiere decir que la gramática no sea importante, claro que lo es. Igual -siguiendo el ejemplo del articuento de Millás- que el páncreas es indispensable, aunque no tengamos clara su estructura, su forma, su función... ¿Puede alguien hablar bien sin tener idea de lo que es un sintagma nominal? Sin duda. ¿Puede alguien hablar mal sabiendo perfectamente lo que es un sintagma nominal? Por supuesto, aunque parezca contradictorio. ¿Entonces? ¿Hemos de excluir la gramática de nuestro estudio? No, porque funcionamos con ella a pesar de no conocerla demasiado. Creo que son compatibles los dos pensamientos: enseñemos gramática, pero, por favor, enseñémosla a través de los textos, los únicos entes de los que me parece indispensable conocer su estructura, su forma, su función... Una cosa llevará a la otra de forma natural. Aquí tenéis el artículo de Millás, extraído del Faro de Vigo del sábado 25 de octubre.

        Leo no sé dónde [pues aquí está el artículo de El País "Mucho título y pocas letras" para que podáis ver la referencia] que los universitarios españoles sufren «carencias gramaticales graves». La expresión «carencias gramaticales graves» suena a diagnóstico clínico. Quizá lo sea. De hecho, en el interior de cada uno de nosotros funciona una gramática como funciona un hígado. Gracias al funcionamiento de la gramática no decimos, por ejemplo, que el madre de nuestra director han caído enfremos. Del mismo modo que vamos de acá para allá gracias al aparato locomotor, nos entendemos gracias a la gramática, una víscera más de la que no somos conscientes. Tampoco somos conscientes del páncreas, del que ni siquiera conocemos la forma que tiene, lo que no quiere decir que no actúe. Piense usted en el ser más rudimentario que conozca, escúchele hablar y no tendrá más remedio que admitir que la gramática -excepto en casos muy excepcionales- actúa dentro de su cuerpo.
         Si la víscera gramatical no actuara, la sociedad sufriría un colapso. No nos entenderíamos o nos entenderíamos tan mal que saldría uno de casa con intención de comprar un quilo de cebollas y regresaría (en el mejor de los casos) con cuarto y mitad de mortadela. Sin la víscera gramatical, no podríamos hacer la declaración de Hacienda ni sacarnos el carné de identidad ni escribir cartas al hijo que estudia o trabaja en Estados Unidos. Si a mí me dieran a elegir entre tener problemas digestivos graves o problemas gramaticales graves, elegiría los primeros, sin duda, pues con un régimen adecuado y protectores de estómago saldría adelante. Cuidémonos la gramática, pues, como nos cuidamos el corazón o la boca.
        Ahora bien, del mismo modo que para ser deportista se requieren unas condiciones físicas excepcionales, para ser universitario es preciso poseer también unas condiciones gramaticales fuera de lo común. Tener universitarios con «carencias gramaticales graves» es lo mismo que tener tenistas sin brazos o corredores sin piernas. Así que cuidado con la víscera gramatical de los universitarios, de cuya salud depende la del resto de la población.

"Onde hai unha biblioteca hai unha luz", por Agustín Fernández Paz

"Onde hai unha biblioteca hai unha luz", por Agustín Fernández Paz

Este artículo fue publicado por Serafín en el Blog de la Biblioteca del Baronceli, con motivo del Día de la Biblioteca (24 de octubre). Lo reproduzco íntegro.

ABRE AS PORTAS e entra. Entra neste espazo que agarda por ti, neste ámbito onde cada palabra é un don que recibimos como agasallo. Percorre todos os recantos desta casa da liberdade, respira este aire que non sabe de fronteiras, déixate levar polo río de recendos que anuncia os tesouros da biblioteca.
Estamos nun lugar especial, sería imposible confundilo. Desde o ceo debe de verse como un punto de luz brillando coa intensidade maior, como un aleph que contén a memoria e os soños da humanidade. Unha luz, si. Unha luz que escintila coma un faro entre as tebras, co rítmico latexar dun corazón inmenso que expande ondas de liberdade e de esperanza polo territorio que a circunda.
Quizais poderiamos seguir vivindo se nos faltase este aire que fai vibrar todas as células do noso corpo, se cadra as persoas continuariamos coa nosa existencia rutineira se non existise a biblioteca, mais algún lugar decisivo ficaría baleiro no noso corazón.
Faltaríanos a enerxía que nos fai desexar unha vida mellor, unha cidadanía máis libre, unha sociedade máis xusta. Doeríanos non escoitar a voz das persoas que sufriron a historia e a das que a sofren agora mesmo; sería insoportable oír só as palabras dos que tentan dirixir e controlar as nosas vidas.
Para que isto non suceda, abre as portas e entra. Ábreas sempre, todas as portas, pois cada vez que o fas incorpóraste ao río subterráneo que alimenta a biblioteca, ao torrente de liberdade que a fai vivir e lle dá azos renovados.

ABRE OS LIBROS e mergúllate na auga da vida que abrolla irreprimible desde as súas páxinas. Déixate arrastrar pola fervenza de voces, de linguas, de recendos, de paisaxes. Non esquezas nunca o abraio que experimentamos nos anos da infancia, cando se nos revela a dimensión máxica que teñen as palabras e descubrimos que as páxinas dos libros poden conter o mundo enteiro.
Como as labregas que se afanan na rebusca de espigas entre os regos despois da ceifa, tamén os escritores recollen as palabras unha a unha e elaboran con elas o humilde pan dos seus textos. Deste xeito fan que cheguen ata nós, sempre novas e sempre sorprendentes, pois os libros posúen a insólita capacidade de revivir e reinventarse en cada nova lectura.
Todas as persoas necesitamos as historias, os soños, as palabras, talvez sexa unha característica inscrita no ADN da humanidade. Necesitámolas coma o comer, como beber auga, xaora que si. Para entendermos o mundo e para entendernos a nós mesmos, para soñar outros destinos, para loar os dons que a vida nos dá. Sabemos que non poderiamos vivir sen o alento da imaxinación e da creatividade, sen as palabras que expresan a variedade e a beleza dos nosos desexos e dos nosos sentimentos.
Por todo iso, abramos os libros. Eles conteñen os soños, as paixóns, os medos, os amores, as risas. Nas súas paxinas habita a inmensa variedade de sentimentos e experiencias da humanidade, das persoas que viven agora en calquera lugar do mundo e das que desapareceron hai moitos anos. Os libros: ríos de palabras que se nos ofrecen con xenerosidade para axudarnos a aprender o oficio de vivir, para cambiarnos a vida e implicármonos na transformación do mundo.

ONDE HAI UNHA BIBLIOTECA HAI UNHA LUZ que traspasa todos os muros, unha luz que se fai máis intensa cando medran as persoas que a incorporan ás súas vidas. As mesmas persoas que logo, ao saíren por rúas e prazas, levarán canda elas o reflexo desa luz, a semente dese mundo novo que algún día faremos agromar. Un mundo máis solidario, máis plural, máis culto, máis xusto. Un mundo onde non se escoite a voz adormecedora dos poderosos, senón as palabras múltiples e diversas de todas as persoas que habitamos esta casa común que é o noso planeta.

"Réquiem por un campesino español", de Ramón J. Sénder

"Réquiem por un campesino español", de Ramón J. Sénder

Foto de photographer padawan en www.flickr.com

Ramón J. Sénder (1901-1982) fue uno de los llamados "escritores españoles del exilio". De espíritu revolucionario, la sinrazón de la Guerra Civil se llevó por delante a su mujer, fusilada sin juicio por un pelotón de soldados nacionales. El gobierno de la República envió a Sénder al extranjero para obtener apoyos del exterior; tras la guerra vivió en EE.UU. y México, donde publicó su obra maestra, Réquiem por un campesino español (1960), una trágica novela de temática sociopolítica ambientada en un pueblo del rural. Dos personajes se contraponen. Paco es un hombre sencillo pero de gran corazón, un idealista que trata de luchar por un mundo mejor. El cura, Mosén Millán, a quien Paco había servido como monaguillo, es tradicional y conservador, demasiado pasivo y conformista...

Y no digo más. En fin, una novela para no perderse, muy breve y de estilo muy directo, de las que se leen en una tarde lluviosa de un tirón... Aquí os dejo una perla, para ir haciendo boca...

 

Un día, Mosén Millán pidió al monaguillo que le acompañara a llevar la extremaunción a un enfermo grave. Fueron a las afueras del pueblo, donde ya no había casas, y la gente vivía en unas cuevas abiertas en la roca. Se entraba en ellas por un agujero rectangular que tenía alrededor una cenefa encalada.

Paco llevaba colgada del hombro una bolsa de terciopelo donde el cura había puesto los objetos litúrgicos. Entraron bajando la cabeza y pisando con cuidado. Había dentro dos cuartos con el suelo de losas de piedra mal ajustadas. Estaba ya oscureciendo, en el cuarto primero no había luz. En el segundo se veía sólo una lamparilla de aceite. Una anciana, vestida de harapos, los recibió con un cabo de vela encendido. El techo de roca era muy bajo, y aunque se podía estar de pie, el sacerdote bajaba la cabeza por precaución. No había otra ventilación que la de la puerta exterior. La anciana tenía los ojos secos y una expresión de fatiga y de espanto frío.

En un rincón había un camastro de tablas y en él estaba el enfermo. El cura no dijo nada, la mujer tampoco. Sólo se oía un ronquido regular, bronco, persistente, que salía del pecho del enfermo. Paco abrió la bolsa, y el sacerdote, después de ponerse la estola, fue sacando trocitos de estopa y una pequeña vasija con aceite, y comenzó a rezar en latín.

La anciana escuchaba con la vista en el suelo y el cabo de vela en la mano. La silueta del enfermo –que tenía el pecho muy levantado y la cabeza muy baja– se proyectaba en el muro, y el más pequeño movimiento del cirio hacía moverse la sombra.

Descubrió el sacerdote los pies del enfermo. Eran grandes, secos, resquebrajados. Pies de labrador. Después fue a la cabecera. Se veía que el agonizante ponía toda la energía que le quedaba en aquella horrible tarea de respirar. Los estertores eran más broncos y más frecuentes. Paco veía dos o tres moscas que revoloteaban sobre la cara del enfermo, y que a la luz tenían reflejos de metal. Millán hizo las unciones en los ojos, en la nariz, en los pies. El enfermo no se daba cuenta. Cuando terminó el sacerdote, dijo a la mujer:

-Dios lo acoja en su seno.

La anciana callaba. Le temblaba a veces la barba, y en aquel temblor se percibía el hueso de la mandíbula debajo de la piel. Paco seguía mirando alrededor. No había luz, ni agua, ni fuego.

Mosén Millán tenía prisa por salir, pero lo disimulaba porque aquella prisa le parecía poco cristiana. Cuando salieron, la mujer los acompañó hasta la puerta con el cirio encendido. No se veían por allí más muebles que una silla desnivelada apoyada contra el muro. En el cuarto exterior, en un rincón y en el suelo, había tres piedras ahumadas y un poco de ceniza fría. En una estaca clavada en el muro, una chaqueta vieja. El sacerdote parecía que iba a decir algo, pero se calló. Salieron.

Era ya de noche, y en lo alto se veían las estrellas. Paco preguntó:

–¿Esa gente es pobre, Mosén Millán?

–Sí, hijo.

–¿Muy pobre?

–Mucho.

–¿La más pobre del pueblo?

–Quién sabe, pero hay cosas peores que la pobreza. Son desgraciados por otras razones.

El monaguillo veía que el sacerdote contestaba con desgana.

–¿Por qué? –preguntó- Tienen un hijo que podría ayudarles, pero he oído decir que está en la cárcel.

–¿Ha matado a alguno?

–Yo no sé, pero no me extrañaría.

Paco no podía estar callado. Caminaba a oscuras por terreno desigual. Recordando al enfermo el monaguillo dijo:

–Se está muriendo porque no puede respirar. Y ahora nos vamos, y se queda allí solo.

Clásicos adaptados, sí, pero con sentidiño...

Clásicos adaptados, sí, pero con sentidiño...

Foto de Javier Volcán, en www.flickr.com.

Reconozco que siempre me había parecido una buena idea poner al alcance de nuestros alumnos y, en general, de los más pequeños, los grandes clásicos universales de la literatura. Una buena manera de poner al alcance de su mano los grandes personajes y las grandes historias, a las que, por edad y capacidad lectora, no están en condiciones de acercarse. Yo mismo recuerdo que el primer Quijote que mi padre puso en mis manos era una deliciosa versión en cómic que releí en varias ocasiones. Recuerdo también con claridad la colorida portada de Moby Dick, que me enseñó qué era de verdad la Obsesión con mayúsculas. Me cuesta más decir si una vieja colección de libros de tomos amarillentos con una ilustración cada cuatro páginas eran también clásicos adaptados. Ahí conocí las necesidades del Lazarillo y la psicosis del Licenciado Vidriera, ahí celebré las gamberradas de Tom Sawyer... (diablos, ¿dónde estarán esos libros?). Quizá estos primeros pasos en la literatura clásica fueron los que me guiaron hacia adelante: creo que no tendría más de 15 años cuando me ventilé la versión "sin cortes" de El conde de Montecristo o El nombre de la rosa. Incluso Los hermanos Karamazov (ésta me costó más...).

Una breve encuesta a mis grupos de ESO me revela que han perdido de vista a los grandes personajes de la ficción literaria; de hecho, no tienen ni idea de quiénes son la mayor parte de estos grandes héroes que han cautivado a tantas generaciones de lectores. ¿Por qué no somos capaces de guiar la curiosidad natural del niño hacia esas grandes historias, esos ejemplos de comportamiento humano? En casa no es que ya entren pocos libros, y ni siquiera el periódico, que se lee (si se lee) en el bar o en Internet, sino que incluso se ha arrinconado a Caperucita. Es más cómodo poner un DVD de Pocoyó que leerles un cuento antes de acostarse. En clase los profesores de lengua sometemos a la dictadura de la gramática nuestras clases. Y en la calle... la escala del éxito se mide por cuestiones ajenas al mundo de la palabra escrita. Victoria Beckam o Melendi (este medio en broma, medio en serio; la otra en serio, en serio) reconocieron sin rubor que no habían leído un libro en su vida...

En fin, que tenía más o menos claro que las adaptaciones tienen un papel importante en la adquisición del hábito lector. Pero las matizaciones de una "Carta al director" en El País, con el título "Esto no es literatura", a colación de su coleccionable "Mis primeros clásicos", me han hecho pensar que, efectivamente, no se les puede tomar el pelo a los niños, que las adaptaciones no deben hacerse siempre y de cualquier manera. Os la leo y con ella me despido por hoy...

Promocionar la lectura entre el público infantil da prestigio. Acercar hasta los niños obras literarias que no les corresponde leer por edad, parece que también. No importa si en el camino se pierde lo esencial de la literatura, que no es la peripecia, sino, la palabra literaria, no “el qué” se cuenta, sino “el cómo”, que resulta ser el meollo de la literatura.

Por el mismo precio de la simplificación literaria obtenemos también una aberración en la ilustración. Si parece imprescindible que para que un libro infantil sea tal debe llevar dibujitos, ahí van, acompañando al resumen. Sin ningún fin estético, sin ningún afán de belleza, se entrega a los niños un conjunto de ilustraciones estereotipadas, tópicas y casposas; pero, eso sí, en un formato de libro y bajo el epígrafe de “mis primeros clásicos” que resulta incuestionable.

No es ésta la lectura que deseamos para los más pequeños. No vale ofrecer cualquier cosa por el mero hecho de tener un precio bajo, venderse en quioscos e ir dirigido a los niños. Hay en las librerías, que es el lugar natural donde adquirir los libros, obras de autores españoles y extranjeros escritas para niños, de una calidad literaria objetiva. Existen magníficos ilustradores que ofrecen en sus libros propuestas plásticas que permiten a los niños entrar en contacto con el arte y la creación estética, y no con la simplificación de los contenidos, que aquí se nos propone, que raya lo indigno.

Un periódico como El País no debe difundir, en nuestra opinión, esta seudoliteratura bajo el objetivo de acercar la gran literatura adulta a los niños. No vale el envoltorio para que el texto y la ilustración estén en condiciones de formar parte de sus estanterías. Precisamente porque serán sus primeros libros, precisamente porque estamos educando futuros ciudadanos lectores no se les puede engañar y ofrecer este producto carente de lo que constituye la esencia de las obras de arte: la búsqueda de un lenguaje estético y un afán por comunicar emoción y verdad.

"Librosclásicos", una web deliciosamente útil


Os recomiendo vivamente a profes y alumnos trabajar con esta página, Librosclásicos, donde podréis (re)descubrir a los autores y obras clásicas de siempre, a través de la lectura del primer capítulo y de la realización de añgunos ejercicios  en el ordenador (así matamos dos pájaros de un tiro, afianzamos competencia lectora y competencia digital...).

Proverbios del rey Salomón

Proverbios del rey Salomón

Un clásico entre los clásicos: Salomón (Proverbios, capítulo 4). Releí hoy estos versos (los transcribo en prosa por cuestión de espacio) y no me resistí a ponéroslos...

Queridos jovencitos: cuando su padre los instruya, préstenle atención, si realmente quieren aprender. Yo, como maestro, les doy este buen consejo: no abandonen sus enseñanzas. Yo también fui niño; tuve un padre y una madre que me trataban con ternura. Mi padre me dio este consejo:

"Grábate bien lo que te digo, y haz lo que te mando; así tendrás larga vida. Hazte cada vez más sabio y entendido; nunca olvides mis enseñanzas. ¡Jamás te apartes de ellas! Si amas a la sabiduría, y nunca la abandonas, ella te cuidará y te protegerá. Lo que realmente importa es que cada día seas más sabio, y que aumentes tus conocimientos, aunque tengas que vender todo lo que poseas. Valoriza el conocimiento, y tu vida tendrá más valor; si haces tuyo el conocimiento, todos te tratarán con respeto, y quedarán admirados de tu gran sabiduría. Escúchame, jovencito: hazme caso y vivirás muchos años. Yo, como maestro, te enseño a vivir sabiamente y a siempre hacer el bien. Vayas rápido o despacio, no tendrás ningún problema para alcanzar el éxito. Acepta mis enseñanzas y no te apartes de ellas; cuídalas mucho, que de ellas depende tu vida. No te juntes con gente malvada ni sigas su mal ejemplo. ¡Aléjate de su compañía! ¡Aléjate, y sigue adelante! Esa gente no duerme hasta que hace algo malo; ¡no descansa hasta destruir a alguien! En vez de comer, se satisface cometiendo maldades; en vez de beber, festeja la violencia que comete. La vida de los hombres buenos brilla como la luz de la mañana: va siendo más y más brillante, hasta que alcanza todo su esplendor. La vida de los malvados es todo lo contrario: es como una gran oscuridad donde no saben ni en qué tropiezan. Querido jovencito, escucha bien lo que te digo. Grábate bien mis enseñanzas, y no te apartes de ellas, pues son una fuente de vida para quienes las encuentran; son el remedio para una vida mejor. Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida. No te rebajes diciendo palabras malas e indecentes. Pon siempre tu mirada en lo que está por venir. Corrige tu conducta, afirma todas tus acciones. Por nada de este mundo dejes de hacer el bien; ¡apártate de la maldad!".