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Emilio Calatayud, juez de menores, hombre sabio

Ayer tuvimos en el Baronceli una ponencia sobre conflictividad en las aulas. Los ponentes nos pusieron como colofón final esta conferencia de Emilio Calatayud, juez de menores en Granada, conocido por sus heterodoxas sentencias, tales como condenar a impartir 100 horas de clases de informática a un chico que había crackeado varias empresas, o a otro, condenado a 100 horas de patrulla junto a un policía local por haber conducido sin permiso y de forma temeraria, o a otro, condenado a hacer visitas a la planta de traumatología de un hospital de Granada por haber conducido un ciclomotor sin seguro. Sus sentencias -más de diez mil casos han pasado por sus manos- han logrado disminuir el número de jóvenes delincuentes reincidentes. Muchos se rehabilitan, y bendicen la suerte de haber sido juzgados por alguien que no los veía como delincuentes, sino como personas que han cometido un delito, lo cual es muy diferente. Los profes que tenemos que solucionar conflictos en el aula podemos aprender de la creatividad y del optimismo de este juez. 

Emilio Calatayud habla desde su perspectiva de la educación de los jóvenes. Y creo sinceramente que dice verdades como puños.

 

Esquema panorámico de la literatura de los siglos XVIII y XIX

Los alumnos de 4º tenéis aquí un esquema panorámico de la literatura española de los siglos XVIII y XIX: Ilustración, Romanticismo y Realismo. Confío en que os sea de utilidad.

Esquema Literatura Ilustracion Romanticismo Realismo

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Quino

Quino

Quino es, sin duda, uno de mis humoristas gráficos preferidos. Lo conocí de pequeño, gracias a un libro que alguien había regalado a mi hermana. Pero Quino no es precisamente un autor para niños, aunque Mafalda, Susanita, Felipe, Miguel... sus personajes más conocidos, sean niños. De hecho, en algunos países, Quino tuvo que etiquetar su obra "para adultos" para que sus libros viesen la luz. Quino toca muy diversos temas, pero al tratarlos desde la perspectiva infantil de sus personajes, ahonda en el sinsentido del comportamiento de los adultos. Así que sus historietas se transforman en un análisis a veces cínico, a veces irónico, del absurdo de la existencia de los hombres. Eso no excluye la ternura, la simpatía por los más desfavorecidos. En definitiva, desde el humor, Quino siempre remueve nuestras conciencias.

En su página oficial hay algunos vídeos. Aquí abajo os presento una presentación que me llegó al correo, un buen ejemplo de lo que es Quino.

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Día de la Paz y la No violencia

El día 30 de enero está declarado por la ONU como Día de la Paz y la No violencia. Nuestro incombustible homo blibliotecarius ha coordinado las actividades que celebradas el lunes (no coincide con el día, obviamente, pero es que así no perdíamos tanta clase, que después de las nevadas este trimestre va a ser en realidad un trimestrillo...) para rendir homenaje a la Paz, tan escondida como siempre ha estado la pobre, tanto a nivel internacional como a nuestro nivel más "doméstico"...

Una plantación de olivos, un concierto de gaita del Himno de la Paz, un festival poético... En el vídeo de arriba, editado por Serafín, podéis ver las instantáneas hechas este día... Qué bien, qué guapos habéis salido todos, gracias a todos los que habéis participado. Yo especialmente les doy las gracias a mis alumnos de 4º A, que han dramatizado el poema de César Vallejo "Al fin de la batalla"...

Quizá os apetece, para guardar en vuestro disco duro, o para hacerlos vuestros, leer unos poemas cuyo tema común es la PAZ. Mirad esta recopilación de la Biblioteca Pública de Guadalajara, con motivo de la guerra de Irak, hecha en 2003.

César Vallejo

César Vallejo

Serafín me pidió una pequeña colección de poemas para celebrar el Día de la Paz. El primer poema que se me vino a la cabeza lleva la firma de César Vallejo (18982-1939), uno de los poetas más importantes en lengua castellana del siglo XX. El autor de Los heraldos negros (1918), Trilce (1922)  o Poemas humanos (1939) no es, sin embargo, tan conocido en España como otros autores contemporáneos suyos.

Pero Vallejo es un poeta impresionante. Tiene un lenguaje muy personal: sus distorsiones sintácticas, sus imágenes insólitas, sus expresiones ilógicas... lo sitúan en la órbita del Surrealismo (sobre todo a partir de Trilce), pero en muchas ocasiones se desliza hacia coloquialismos -elaborados- que dulcifican las formas. Una extraña combinación para hablar de su tema predilecto: el dolor, el suyo y el de todos los hombres. Poesía, pues, socialmente comprometida, pero sin renunciar al alto listón estético que se había marcado.

Aquí os dejo este fantástico poema suyo, escrito el 10 de noviembre de 1937. Las imágenes corresponden a la dramatización hecha por los alumnos de 4º A por el Día de la Paz.


Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.




Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

Martin Luther King: "I have a dream"

Martin Luther King Jr. fue uno de los grandes hombres del siglo XX. Pastor evangélico, pronto supo que su camino habría de ser la lucha por los derechos civiles de los negros de EE.UU., ignorados de manera indecente a pesar de las aparentes garantías constitucionales. Y lo hizo no a través de la violencia, sino a través de la palabra y de la desobediencia civil pacífica. Se opuso a los actos radicales del Black Power con el mismo ímpetu con el que enviaba sus mensajes de justicia y fraternidad social por todo el país. Su magnético carisma, su brillante oratoria, su compromiso leal con sus ideas, conmovieron los cimientos de la sociedad americana, y abrieron las puertas de la congregación racial. Dio su vida por ello, pero pocos como él han redimido su tiempo hasta el final.

Éste es el discurso que el reverendo Luther King dio ante el monumento a Lincoln, en Washington DC, en 1963. Es el mejor preámbulo para el próximo 30 de enero, Día Mundial de la Paz.

"A boa persoa de Sezuán", versión de Nuno Cardoso para el Centro Dramático Galego de la obra de Bertolt Brecht

Lo que caracteriza al teatro, frente a los otros géneros literarios, es que va más allá de la palabra escrita. Sin la representación en un escenario, sin una escenografía en la que se combinan diferentes códigos no verbales (música, efectos de sonido, efectos de luz, vestuario, movimientos y gestos, etc., etc.), sin la interacción viva de unos actores con el público, el teatro no sería teatro.

Hoy tuve la oportunidad de comprobar la magia del teatro en primera persona: presencié, junto con 37 alumnos del Baronceli (los otros 30 previstos fueron baja por culpa de las inclemencias meteorológicas,  léase nieve, qué pena) la representación por parte del Centro Dramático Galego de una obra de Bertolt Brecht, A boa persoa de Sezuán, en el Teatro Principal de Ourense. He visto por ahí la obra con otros títulos: La persona buena de Sezuán (mi ejemplar comprado a través de Iberlibro.com en una librería granadina) y El alma buena de Sezuán. Quizá este último encaja más con la literalidad del texto, pero no es el momento de analizar estos matices léxicos y gramaticales; ahora toca, con una copa de albariño casero frente a mí, hablar un poco de las sensaciones que todavía permanecen unas horas después de haber visto la obra.

Tengo el libro a mi lado (versión española de José Monleón y Armando Moreno, Ediciones Alfil, colección Teatro nº 574 [extra], Madrid, 1968), y después de una hojeada (con h esta vez) general, me ha parecido que la representación era bastante fiel al texto de Brecht. Nuno Cardoso, el director, realiza una adaptación sin embargo original y refrescante. Los elementos en escena son contados: unas puertas para representar las casas de Sezuán, el mostrador con una máquina registradora para la tienda de tabaco de la protagonista, una mesa con una mesa de escribir para el despacho de la fábrica… El escenario queda así muy abierto, facilitando los movimientos de los actores. Pero, para compensar esta simplicidad y reflejar el caótico mundo urbano de Sezuán, destacan los diversos y luminosos carteles de neón que ocupan de arriba abajo el fondo del escenario.

Por su parte, los actores no lo tienen nada fácil (y no me refiero únicamente al exigente y a veces demasiado ruidoso público adolescente): monologan, dialogan, hablan a coro, cantan, se mueven… Un trabajo, en fin, que les exige una gran coordinación. Y sus interpretaciones son muy convincentes. Ayuda a la complicidad de los espectadores, sin duda, que algunos de los actores sean muy “televisivos”…

Nuno Cardoso tiene en cuenta la relación actor-espectador con un simple pero espectacular golpe de efecto: los tres dioses que descienden a Sezuán en busca de un alma buena suben al escenario después de recorrer el pasillo que atraviesa el patio de butacas. Es lo que se denomina “ruptura de la cuarta pared”. La eliminación de esa barrera virtual, de ese “telón transparente”, hace que el espectador se sumerja más en la obra y no esté simplemente como observador ajeno, que el teatro entre en su territorio, que todo el edificio sea contagiado de la magia.  

Otro característica de la escenificación de Cardoso es la potenciación de la comicidad, como contrapunto al pesimismo. Y lo hace de varias maneras. Por ejemplo, a través de la desmitificación de los tres dioses, casi caricaturizándolos: los tres eligen para su apariencia humana diferentes personajes, todos ellos grandes iconos del siglo XX: Groucho Marx, Supermán, el Che Guevara, el Papa, Mao, Elvis Presley, Teresa de Calcuta… lo que recuerda sin duda a las tan graciosas como desafortunadas transfiguraciones del protagonista extraterrestre de Sin noticias de Gurb. También contribuyen a lo cómico las estrafalarias indumentarias y el comportamiento festivo, desinhibido de algunos personajes que parecen vivir inconscientemente felices sus vidas de miserables, mientras la protagonista, Shen-Te, que ha tenido contacto con los dioses, parece estar condenada a la infelicidad por su aspiración a ser bondadosa. Esta rebaja de la tensión dramática es necesaria, dada la inmensa tragedia que en realidad es La persona buena de Sezuán.

Porque la historia es, en realidad, dura, muy dura. Shen-Te, una mujer que se ve abocada a ejercer la prostitución, es premiada por los dioses por su hospitalidad, cuando estos visitan Sezuán. Así que le conceden a la mujer la posibilidad de poseer un comercio de tabaco. Los dioses, los "esclarecidos", le piden que sea buena. Pero en cuanto se convierte en una mujer respetable que se preocupa por los demás, todos tratan de aprovecharse de ella, incluso el hombre del que se enamora. La bondad de Shen-Te, utilizada por todos, hace que el negocio corra peligro. Ser buena con los demás y consigo misma es una misión imposible. Sólo su primo Shui-Ta, un tipo de mal carácter y sin pelos en la lengua, aparece para salvar las diversas situaciones, al mismo tiempo que se granjea las enemistades de los mismos que adoran a la bondadosa Shen-Te. Las deudas del estanco llevan a Shui-Ta a abrir una fábrica de tabaco, que rige con mano de hierro. Ante la desaparición de Shen-Te, todos creen que el odiado Shui-Ta la ha secuestrado o incluso asesinado. Pero finalmente descubrimos que ese supuesto primo no es sino un disfraz de la protagonista, la propia Shen-Te. Los dioses se sorprenden, pero ella les explica que no puede subsistir siendo bondadosa, pues el mundo es demasiado miserable para que los buenos consigan salir adelante. Los dioses le dicen que no pueden rebajar sus mandamientos, que deberá tener fe y seguir siendo buena, aunque no le dan esperanzas ni ilusiones: le permitirán si acaso transformarse en ese primo con malas pulgas muy de cuando en cuando.   

Se cierra el telón, y vuelve a abrirse para que los actores saluden. El teatro atruena con los aplausos: el mejor barómetro para medir la satisfacción general. Eso sí, el disfrute del espectáculo no debe ahogar la triste reflexión sobre la bondad a la que Bertolt Brecht pretende llevarnos: ¿Puede nuestra naturaleza humana aspirar a la bondad, o debe conformarse con metas más alcanzables? ¿Existen la amistad, el amor desinteresados? ¿Es posible verdaderamente ser bueno en este mundo injusto y miserable? ¿Son los preceptos religiosos y morales cargas demasiado grandes sobre nuestros hombros? 

A los que estéis a tiempo de ver esta versión de A boa persoa de Sezuán, mi más modesta recomendación. Especialmente a los profes que todavía podáis llevar a vuestros alumnos (Vilagarcía, Ferrol, O Barco), que seguramente tengan muy poquitas oportunidades de ver a una compañía de teatro profesional en acción. Los que queráis una información detallada sobre la obra y su representación, podéis hacer clic aquí. Las imágenes de la presentación de arriba las he obtenido de la web del Centro Dramático Galego.

Preparativos de viaje

Una de las partes más excitantes de todo viaje para mí son precisamente los preparativos previos (valga la redundancia, qué preparativo no es previo): hay una especie de ilusión virgen, de ansiosa expectativa ante lo desconocido. Este vídeo va dedicado a Rebeca, refunfuñona alguna vez, pero fiel y paciente escudera en estas empresas quijotescas mías, que tratan de abarcar un mundo dramática, insoportablemente inabarcable. Al final son migajas, pedazos fragmentados de mundo. Pero son míos, solo míos. Bueno, y de aquellos con quienes los comparto, como en este caso, con mi viejo amigo Pereira, que nos acompañará en esta aventura irlandesa y con quien brindaré bien a gusto en algún oscuro rincón de un pub...

Aquí está el mapa de la Isla, con los puntos que visitaremos:

Borges y su historia de "...los dos que soñaron"

El alquimista me hizo recordar un cuento de Jorge Luis Borges recogido en su Historia universal de la infamia (1935), "Del libro de las 1001 Noches, noche 351", basado a su vez en un relato anónimo persa. Un ejemplo claro de inspiración intertextual. Pero cuidadín con la SGAE, que a esto lo llamaría plagio, y llevaría a juicio sumarísimo a Coelho, Borges o a cualquier beduino distraído que se pusiese en su camino... Podeis escuchar el cuento arriba… o simplemente leerlo, o ambas cosas…

El historiador arábigo El Ixaquí refiere este suceso:

   "Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme), que hubo en el Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: "Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla." A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por el Decreto de Dios Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mexquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo, y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte.
    A los dos días recobró el sentido en la cárcel.El capitán lo mandó buscar y le dijo: "¿Quién eres y cuál es tu patria?. El otro declaró: "Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí." El capitán le preguntó: "¿Qué te trajo a Persia?". El otro optó por la verdad y le dijo: "Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna.Ya estoy en
Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste".
   "Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: "Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de una mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete".
   "El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la fuente de su jardín que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto."

Si queréis saber más sobre Borges, el monográfico del Centro Virtual Cervantes os servirá de mucho. También es estupendo este vídeo documental presentado por Román Lejtman. Pero escuchar su voz contando uno de sus relatos, no tiene precio.

"El niño con el pijama de rayas", de John Boyne

"El niño con el pijama de rayas", de John Boyne

Acabé ayer de madrugada El niño con el pijama de rayas (si tú no lo has leído, quizás no deberías seguir leyendo este post), y todavía tengo el corazón un poco encogido por el desenlace... Devoré los últimos capítulos con ansiedad, con la sensación de temer un final amargo. Tú sabes interpretar las señales. Tú conoces la Historia, aunque no la hayas protagonizado; Bruno, el protagonista, vive la historia sin ser consciente de ella. Te resistes, esperando un giro tranquilizador de los acontecimientos. Tratas de gritarle, de advertirle, pero está demasiado lejos, es demasiado inocente... No es que sepas el final, es que lo niegas; cierras los ojos, los tapas con las manos, pero sigues devorando las últimas páginas, dejas un resquicio entre los dedos para ver si esta vez el Destino tendrá un gesto favorable.

La clave de este suspense tan particular es que el narrador en tercera persona adopta durante los primeros 19 capítulos el punto de vista de Bruno, el niño de nueve años. Todo el escenario, su historia, las relaciones entre los otros personajes... todo está visto a través de sus ojos. Bruno percibe la realidad fragmentada (por ejemplo, retazos de las conversaciones de los adultos) o la procesa con su mente infantil (convirtiendo, por ejemplo, un uniforme de preso en un pijama de rayas), con lo cual no es verdaderamente consciente de la espantosa realidad. Su ingenuidad lo mantiene a salvo del drama de Auchviz, pero esa misma ingenuidad lo deja totalmente desarmado en el momento más inapropiado...

La obra tiene su propia e interesante simbología. La imagen que queda en nuestra mente es la de los dos niños, Bruno y Shmuel, separados por una alambrada, sentados uno frente al otro, construyendo una sólida amistad con meses y meses de diaria conversación. Pertenecientes a dos mundos diferentes, esa alambrada se convierte progresivamente en una especie de espejo maravilloso: los niños van pareciéndose más el uno al otro -definitivamente parecidos tras el rapado de Bruno-, identificándose progresivamente, hasta ver en el otro un igual. Al quitarse las ropas que los diferenciaban y vestirse el pijama, el niño alemán se hace un igual con el niño judío, constituyendo una hermosa metáfora de la hermandad y la igualdad entre todos los seres humanos. El reflejo de esto es que realmente no sabemos a quién se refiere el título de la obra, El niño con el pijama de rayas, si a Bruno o a Shmuel. Y ahí está el quiz.

Bruno, con un nombre atípico para un alemán que sirve para resaltarlo, no es un personaje trágico -al menos, no en el sentido de las tragedias clásicas-. Es más bien un personaje casi épico, y así lo vemos al final de la obra, con su solidario propósito de encontrar al padre perdido de Schmuel, con su declaración de amistad eterna: Tú eres mi mejor amigo -dijo-. Mi mejor amigo para toda la vida, y con su comportamiento heroico en el definitivo momento: ...logró seguir sujetando la mano de Shmuel, no la habría soltado por nada del mundo. Bruno -como el apóstol Pedro en el episodio de la negación de Cristo- se redime definitivamente del único pecado que lo atormentaba, el haber negado conocer a Shmuel aquel día, ante el teniente Kotler.

Quien sí es un personaje trágico es el Padre. María, la criada, no entiende la transformación del hombre generoso que la acogió en su momento de necesidad. Pero el Padre va siendo seducido por el poder, la propaganda patriótica nazi, el supuesto sentido mesiánico de su labor: Lo que estamos haciendo aquí es corregir la Historia. Sin embargo, en el capítulo 20, lo vemos tambaleándose, golpeado, como Edipo, por la cruel ironía del Destino: Y poco a poco fue atando cabos y notó que las piernas empezaban a fallarle. Al final, relevado de su puesto, a Padre ya no le importaba lo que le hicieran.

En este último capítulo, la perspectiva del narrador cambia. Ya no es el narrador selectivo que toma el punto de vista de Bruno, sino un narrador omnisciente tradicional, para contar, a modo de epílogo, las secuelas de la historia. Y en las últimas líneas observamos un claro ejemplo de autor implícito, es decir, el narrador sirviendo de portavoz de las ideas del autor: Todo esto, por supuesto, pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido. Hoy en día no. Un mensaje con claros tientes irónicos, y que lleva al lector a una reflexión política y moral, más allá de la propia historia de Bruno y Shmuel.

John Boyne, un irlandés que no llega a los 40, ha escrito un librazo, sin duda. Quizá, en mi modesta opinión, tiene una ligera tendencia, en momentos puntuales, a sacrificar -quizá mejor, estirar- la verosimilitud de la narración en beneficio de la creación de elementos simbólicos, como la coincidencia en la fecha de nacimiento de los dos niños, o de elementos "espectaculares", como cuando Bruno conoce al Furias. Pero el escritor logra algo nada fácil: sale indemne del riesgo de inventar una historia contada a través de una mente y perspectiva infantil, y, además, firma una obra tierna y emocionante sin caer en sentimentalismos. Yo la recomiendo.

PS. Yo estuve allí, en Auschwitz-Birkenau, en abril de 2002. Es un lugar espantoso, pero que merece la pena visitar. Las imágenes de la presentación inicial fueron algunas de las fotografías que saqué con mi vieja Nikon analógica...

¿Y si todo el mundo fuese funcionario?

Uno de los riesgos de ser funcionario (y de educación, para más inri) es el estar sujeto a las iras, burlas y escarnios incluso de tus mejores amigos. Pena me envió este sketch del programa de ETB Vaya semanita...

Iberlibro.com

Iberlibro.com

Mis libreros de AZ me recomendaron esta página web para encontrar libros descatalogados que ya están fuera del círculo comercial. La probé y... ¡bingo! Así que quizás a vosotros también os valga para hallar ese tesoro bibliográfico que estabais persiguiendo...

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

El Departamento de Lengua castellana tiene previsto una salida el próximo miércoles 21 de enero para asistir en el Teatro Principal de Ourense a una representación que hará el Centro Dramático Galego de la obra La persona buena de Sezuán, de Bertolt Brecht. La obra, escrita durante el exilio del autor en los EE.UU y estrenada en Zurich en 1940, comienza con la bajada a la tierra de tres dioses con la esperanza de encontrar personas que sean personas buenas y justas. La primera que descubren es la única que los acoge en Sezuán: Xen-Te, una prostituta a quien premian dándole otro medio de vida, una tienda de tabaco...

Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán (1898-1956), es uno de los grandes autores de todos los tiempos. Fue quien escribió esos maravillosos versos:

        Primero cogieron a los comunistas, 
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie para protestar.

Brecht no entiende que en el mundo falte la solidaridad, la hermandad, precisamente aquello que puede hacer frente a la injusticia y a la miseria. Pero Brecht no espera nada ya: sus obras son de carácter político y social, pero se caracterizan por su amargo tono pesimista. Véanse estos otros versos suyos:

        Hay muchas maneras de matar. 
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc...
Sólo pocas de esta cosas están pohibidas en nuestro Estado.

Al menos, Brecht ha decidido no callar. No se traicionará a sí mismo si denuncia lo que ve:

Soy autor de teatro. Enseño lo que he visto. Y he visto
mercados de hombres que comercian con el hombre.
Esto es lo que yo enseño como autor de teatro.
Como unos hombres hacen planes en sus guaridas
preparando sus porras y hablando de dinero;
cómo otros hombres esperan en las calles;
cómo se urden trampas los unos a los otros,
rebosantes de ilusiones;
cómo se dan cita,
cómo se ahorcan entre sí,
cómo se aman,
cómo defienden su presa,
cómo devoran...

Esto es lo que yo enseño.
Cuento lo que se dicen.
Lo que le dice la madre al hijo,
lo que ordena el patrono al obrero,
lo que contesta la mujer al marido.
Palabras que imploran o que mandan,
palabras que suplican o que humillan,
que mienten o que muestran ignorancia.
Os cuento todo eso.

Veo caer la nieve,
veo desencadenarse terremotos,
veo alzarse montañas en medio del camino
y desbordarse ríos.
Pero la nieve lleva sombrero,
las montañas bajan de automóviles
y los ríos furiosos mandan escuadrones de policía.

Brecht es un ejemplo de teatro dialéctico: dialéctico en el sentido de comprometido, y dialéctico en el sentido de que presenta al hombre como víctima de fuerzas opuestas, contradictorias. Así ocurre en La persoa buena de Sezuán, donde Brecht reflexiona sobre la bondad humana: la joven Shen-Te se debate entre la bondad y misericordia para con los demás, y la destrucción de sus propios sueños y metas. Pero Brecht deja que el espectador se distancie, que analice, que tome sus propias conclusiones, de ahí que sus finales no sean cerrados, sino ambiguos; de ahí que rompa la unidad de acción con canciones, que use una escenografía antirrealista, etc., etc.

En fin, un auténtico lujo de autor y de compañía teatral, una oportunidad que no hay que dejar pasar.

Los hijos de Abraham

Los hijos de Abraham

Una bomba que se derramaba sobre Gaza como las ramas brillantes de un árbol de navidad. Ésa fue una de las imágenes impactantes del Año Nuevo. Mientras la pólvora se usa aquí para los petardos que saludan la llegada del 2009, en la franja de Gaza la escalada bélica entre el ejército de Israel y los milicianos de Hamás parece imparable. Mi buen amigo y compañero de estudios Moncho Iglesias, poeta, traductor (ha traducido al gallego el cuento del escritor hebreo Etgar Keret "O condutor de autobús que quería ser Deus"), columnista y, en fin, inagotable aventurero-trotamundos, que ha vivido muchos años en Palestina, me invitó a una manifestación en Vigo como protesta por el "genocidio israelí". No le expliqué lo bien que quería mis reticencias a participar en estos gestos por la paz convocados por organizaciones -algunas- de dudosa credibilidad como referentes de libertad y concordia, pues las razones que pudieran tener acaban ahogándose muchas veces entre las exaltaciones de la radicalidad, insultos, proclamas incendiarias, quemas de banderas... (las imágenes del telexornal del pasado sábado 3 me dieron la razón en esto). Tampoco le expliqué lo bien que quería la parcialidad que en mi modesto juicio supone acusar de "genocidas" a los israelíes al mismo tiempo que medio se disculpa con subterfugios argumentativos a un palestino "que se ve obligado a convertirse en una bomba" (Saramago dixit). Moncho, con buen criterio y mejor intención, repuso que "non é o momento de buscar culpables, é o momento de parar este derramamento de sangue". Es cierto, Moncho. Ojalá se detenga el derramamiento de sangre. También en otras partes del mundo. Ojalá no hubiese ni tanques, ni bombas, ni seres humanos que se convierten en tanques y bombas. Ojalá los líderes se partiesen el alma por apagar los radicalismos, por encontrar el statu quo que haga posible la convivencia, en lugar de disfrazar su ineptitud y su corrupción cargando las culpas sobre el otro. Ojalá los partidos políticos fueran plataformas de intercambio de ideas, no cloacas de sectarismo. Ojalá los imanes y los rabinos interpretasen el Corán y el Tanak sin fanatismos, con el espíritu de perdón y amor de Aquel que se los reveló. Ojalá árabes palestinos y judíos no se negasen el derecho a la existencia…

Pero soy pesimista. Este capítulo llegará a su fin, pero el libro con páginas de sangre que escriben juntos israelíes y árabes-palestinos continuará indefinidamente, porque cada palabra se escribe con tinta de odio. Parece que poco o nada une a estos dos pueblos con diferencias irreconciliables. Sin embargo, quizá mucha gente desconozca que judíos y árabes comparten un mismo origen semita, más aún, son hijos de Abraham.

El relato bíblico del Génesis nos explica cómo Abraham llega a Canaán, Eretz-Israel (lo que los romanos llamaron Palestina) tras ser llamado por Dios, quien hace un pacto con él, y le promete el territorio para sus descendientes. Pero su mujer Sara no se queda embarazada y ella sugiere, “para facilitar la promesa”, que tome como esposa a su sierva Agar. Cuando ésta se queda encinta, Sara siente que se burla de ella, y trata de echarla del campamento. Pero finalmente Agar se queda y así nace Ismael, el primogénito. Pero Dios le promete a Abraham un hijo específico de Sara, con el que continuará el pacto hecho con él. Cuando nace Isaac, parecen volver los problemas domésticos: Sara no tolera unas burlas de Ismael hacia Isaac, y vuelve a pedirle a Abraham que expulse a los dos. El patriarca accede, cuando Dios le da a entender que cuidará de Ismael, y obtiene su promesa de que hará de él una gran nación. Tras la separación de sus caminos, Isaac e Ismael aún volverán a reunirse en el entierro del padre, probablemente por última vez. Isaac, casado con Rebeca, tiene dos hijos (también con notables desavenencias, por cierto): Esaú –quien al parecer se casó con una hija de Ismael- y Jacob, que engendrará doce hijos, y cuyos descendientes acabarán viviendo como esclavos en Egipto cuatrocientos años hasta su liberación, éxodo y retorno a Canaán, donde establecerán el reino de Israel. Por su parte, Ismael se establece más al sur, y tiene también doce hijos, doce príncipes, que se establecerán entre la frontera de Egipto y el golfo Pérsico, en la gran Arabia.

Bueno, éste es el relato. No hay dato alguno que revele un odio entre los dos hermanos, pese a los episodios de celos y desavenencias familiares. Aunque Dios estableció un pacto perpetuo especial con los hijos de Isaac, bendijo a los hijos de Ismael, tal y como había prometido a Abraham. Hizo de los descendientes de ambos, pueblos sabios e independientes, capaces de abanderar auténticas revoluciones científicas y culturales. Quizá la inmensidad del mundo antiguo, suficientemente grande para los dos, quizá la diáspora judía de casi 2000 años y otras circunstancias histórico-políticas evitaron los enfrentamientos. En la Al-Andalus medieval hay evidencias de la convivencia pacífica de los dos pueblos. Sin embargo, ahora, los hijos de Isaac y los hijos de Ismael se odian entre sí. Se disputan la legitimidad de su linaje, el favor divino, el derecho a la Tierra, a la Existencia. Si Abraham volviese, quizás pondría orden en este campamento, daría un azote a cada uno de sus hijos y los castigaría de cara a la pared. Incluso a riesgo de ser vilipendiado por los pseudopedagogos criminalizadores del cachete…

Esquema de la literatura de los Siglos de Oro (XVI y XVII)

Como continuación al de la Edad Media, aquí tenéis el esquema correspondiente al Renacimiento y Barroco, los llamados "siglos de oro" de la literatura española. He añadido unos breves apuntes sobre los autores y las obras más influyentes. Podéis pinchar abajo para redireccionaros al alojamiento en SCRIBD si queréis.

Esquema literatura española de los Siglos de Oro

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"El alquimista", de Paulo Coelho

"El alquimista", de Paulo Coelho

Durante estas Navidades leí El alquimista, de Paulo Coelho. Veinte años después de que el escritor de Río de Janeiro lo publicara, por fin llegó mi momento de leerlo. Y me cautivó. La sencillez infantil de la narración junto a la profundidad de las reflexiones que despierta me recordó enseguida a El Principito, de Saint-Exupéry. Tienen en común la experiencia del viaje de su respectivo protagonista. Pero, mientras la novelita del francés es un ejercicio de análisis, a un nivel más global, de la sociedad, la del brasileño presta más intención al individuo. Por ello El alquimista tiene algo de "libro de autoayuda", en el sentido menos peyorativo del término, porque mueve a la meditación sobre la propia vida, nuestras metas, nuestros sueños...

El alquimista nos muestra la historia de Santiago, un pastor andaluz, que tiene un sueño repetido: encontrará un tesoro en las Pirámides de Egipto, más allá del desierto. Espoleado por las señales, escoge seguir ese sueño, de modo que vende sus ovejas y cruza el Estrecho. El escenario árabe de la narración que se extiende en este momento -Tánger, el desierto del Sáhara (que también es escenario en El Principito)- nos envuelve en el típico ambiente de las narraciones tradicionales árabes. No parece escogido al azar el sentido del itinerario: Santiago va desde la moderna Al-Andalus hasta las Pirámides, construcciones que encarnan la esencia de la espiritualidad antigua. Es como un viaje a las raíces, un regreso al origen. Precisamente, a medida que su mente se abre a lo espiritual, el muchacho aprenderá a hablar el idioma original, el lenguaje de todas las cosas, el Lenguaje del Mundo, metáfora de la verdadera Sabiduría. Así, el viaje en sí mismo forma parte del tesoro, pues los encuentros que tendrá el joven pastor con los diferentes personajes (la gitana, el rey Melquisedec, el vendedor de cristales, el viajero inglés, el alquimista, el camellero...) irán enseñándole y acercándole a su meta. Como en todo viaje, aparecen obstáculos, pero su presencia y superación forman parte de la experiencia.

Estamos, en fin, ante una gran parábola (y una "metanarración", porque contiene otras parábolas y relatos secundarios) que invita al lector a reflexionar en qué medida tiene y busca sus propios sueños, y está realizando su Leyenda Personal, es decir, el destino para el que ha nacido, el tesoro de cada cual debe encontrar. Renunciar a la Leyenda Personal implica instalarse en la mediocridad. Lo opuesto es tener una fe inquebrantable en uno mismo, vencer los obstáculos -incluso la incomprensión de otros- con la consoladora idea de que...

En fin, es El alquimista una obra más que recomendable, amena, de las que pueden leerse de un tirón. Ni el lenguaje proverbial ni las metáforas suponen ningún problema para entenderla; la sintaxis es sencilla, y la estructura (lineal), dispuesta en breves episodios, facilita la lectura. La novela de Coelho tiene además un punto de refrescante espiritualidad, metidos como estamos tantas veces en este materialismo puro y duro de estos tiempos. Y hace pensar, que no es poco. Y si no apetece pensar, a quién no le gustan las exóticas historias de tesoros lejanos, con romance incluido...

 

Jesús Quintero, único e inimitable

Queridos (¿Reyes?) Magos de Oriente...

Queridos (¿Reyes?) Magos de Oriente...

Ya hace mucho tiempo que no sé de vosotros, aunque no me extraña: ésta es la primera carta que os escribo en décadas, y hace mucho tiempo que dejé de poner las zapatillas a la vista, a la puerta de casa. Claro que tampoco pongo un tazón de chocolate y un balde de agua (para los camellos) con los que reponer fuerzas. Sí, ya sé que no es que no hagáis las cosas desinteresadamente, que bastante hacéis, sino que necesitáis un algo de fe y un mínimo de hospitalidad por nuestra parte...

Si algo puedo decir en mi favor, es que siempre he sido más partidario vuestro que del barrigudo vestido de rojo por arte y gracia de Coca-Cola. Me parece un advenedizo, un poquillo aprovechado. No es que dude de sus buenas intenciones, pero me parece un poco falso su "¡ho, ho, ho!". Desde hace tiempo su competencia es feroz. Incluso he leído por ahí que algún pedagogo recomienda eliminar directamente vuestra sacrosanta festividad para eliminar días de vacaciones y dejar los regalos en exclusiva del gordo barbudo. Para no malcriar a los niños, por lo visto, con tanto regalo. Y para que estudien más y mejor. Que acorten las vacaciones, bueno, pero, ¿eliminar el día festivo de Reyes? Ay, qué disgusto, majestades, qué disgusto...

Bueno, de todos modos, ya sabéis que no soy ningún fanático de estas fechas. Conozco el significado de la Natividad, comprendo el sentido de las letras de las canciones dedicadas al Niño, el simbolismo del oro, el incienso y la mirra... Es una hermosa historia de esperanza, de vida. Pero reconozco que se me hace cansado tanto ir y venir, tanta mala digestión de tan abundantes manducatorias (claro, y como yo no me sé controlar, que la comida me pierde, que eliminen la cena de Nochebuena...), tanta decepción porque no toca el Gordo (de momento hay salud, no pasa na’)... Pero, si no fuera por la Navidad... no vería a todos mis amigos y familiares simultáneamente, ni vería a mucha gente que ha formado parte de mi vida (ex-compañeros de Facultad, ex-compañeros de Oposición...), ni tendría la esperanza de hacerme millonario, ni recibiría el tradicional SMS de Juanjo, que siempre dibuja en mí una buena sonrisa...

En fin... ¡Ah! Que me deje de rodeos... Que qué quiero yo de regalo... Se ve que estáis apuradillos de tiempo, que estáis acostumbrados a la típica petición concreta y no a tanto rollo... Pues nada, no es que quiera nada. Quizá aprender a contentarme, a apreciar lo que tengo, que no es poco. De todos modos, esta carta no era para pedir ningún regalo, simplemente me apetecía charlar...

2008 en el "Baronceli"

Un año ha pasado, y muchas imágenes han quedado en nuestra retina colectiva. Eso sí, millones se olvidarán para siempre, para dar paso a otras nuevas que traerá el próximo 2009. Y es que no hay que vivir de recuerdos, hay que abrir los ojos hacia el presente y el futuro. Pero no es malo recordar los momentos del pasado que de alguna manera nos han marcado como Instituto. Aunque haya que ordenar las piezas como de si un auténtico puzzle se tratase...